viernes, 27 de noviembre de 2015

Margarita Ponce, primogénita de la percusión cubana



"Me inicié como percusionista en 1970", dice Margarita Ponce Fernández, quien desde hace varias décadas se desempeña como profesora en el Conservatorio Amadeo Roldán de La Habana.

¿Qué la motivó a escoger un camino que en esa época era reservado para hombres?

-Para entender mis razones debo hacer un poquito de historia.

Yo estudiaba piano, pero en 1961 interrumpí mis estudios y me fui a una zona rural del país a alfabetizar. Pero al crearse el sistema de becas, al cual podían optar todos los que quisieran continuar sus estudios, retomé el aprendizaje de la música.

-Todavía la Escuela Nacional de Arte no funcionaba como centro estudiantil, pero a todas las adolescentes que ingresamos en la incipiente academia, nos daban conferencias y nos llevaban a conciertos, para que fuéramos insertándonos en el mundo cultural. En ese contacto directo con las presentaciones de la Orquesta Sinfónica Nacional, sentí que mi mundo no era el piano sino el tìmpani, por la grandiosidad armónica que da a una orquesta. Tu escuchas una obra y cuando entra el tìmpani cambia totalmente el timbre musical.

Todos la veían como una futura pianista. ¿Qué sucedió cuando usted decidió estudiar el tìmpani?

-Todavía recuerdo la cara de asombro de la profesora Carmen Valdés. Ella me dijo: "¿Tú sabes realmente lo que estás diciendo?".

A partir de ese momento, ¿cómo se desarrollaron los acontecimientos?

-Por problemas de salud no pude continuar en la Escuela Nacional de Arte y matriculé en el conservatorio Amadeo Roldán. Comenzaba entonces un período de constitución de las cátedras de percusión, con excelentes profesores a la cabeza como es el caso de Domingo Aragú y su hijo Luís, quienes fueron mis maestros.

-Con ellos inicié el estudio de la caja, los ejercicios de control de baquetas y el dominio del golpe. Una vez concluida esta primera parte estudié xilófono y posteriormente tìmpani. Corría el año 1963 y en esa etapa la carrera de percusión no incorporaba ni bongoes ni tumbadoras: estos instrumentos se tocaban en las orquestas de forma empírica, como parte de tradiciones y costumbres.

Por ser entonces la única estudiante femenina de percusión, ¿sintió el rechazo de sus condiscípulos?

-Todo lo contrario. Mi nombre es Margarita y creo que ellos nunca hicieron mayor honor a ese calificativo porque fui una margarita entre claveles. Ha pasado más de medio siglo y la amistad allí consolidada quedó para siempre. Algunos de mis compañeros desaparecieron físicamente, pero el aprecio se mantiene intacto en el recuerdo.

¿Integró alguna agrupación musical?

-En mi etapa de estudiante me prepararon para desarrollar trabajos metodológicos, impartir clases y tocar. Los profesores nos llevaban a intercambiar con la Orquesta Sinfónica como una práctica docente, lo cual me enorgullece mucho.También estuve en un grupo llamado Radit 7, compuesto por alumnos de la escuela. Sus miembros éramos Sara González en la guitarra, Lucía Huergo en el piano, Heli Valdés en el acordeón, Ana Nora Calaza en el saxofón, Anisia Bustelo en el fagot, Sandra Mirabal en el clarinete, y yo en la batería. Hicimos varias presentaciones.

¿Cuál era la reacción del público cuando en la batería veían a una jovencita?

-Era una mezcla de sentimientos encontrados: alegría, asombro, sorpresa y agradecimiento, pues de alguna manera, mi presencia era evidencia de que las mujeres teníamos la capacidad necesaria para enfrentar cualquier rol social. Otros, sin embargo, intentaban marginarme, dudando de mis capacidades y talento.

-Pero en el plano personal me sentía regocijada, porque la percusión para mí es la vida. No puedo vivir sin mis tambores. Hoy la situación es diferente, son cientos de estudiantes femeninas de percusión en todo el país, a lo que se suman las que ya se han graduado, todas con un altísimo nivel profesional, comprobado dentro y fuera de Cuba.

Tuvo muy buena experiencia con Radit 7. ¿Por qué lo abandonó por la pedagogía?

-La gran necesidad de profesores de música fue lo que me hizo escoger el mundo de la pedagogía, de lo que no me arrepiento, ya que me ha permitido atesorar magníficas experiencias.

-En el Conservatorio Amadeo Roldán incursionè en un mundo vedado para aquellos ajenos a la docencia. Estuve al frente de la Comisión de Planes de Estudios y Perfeccionamiento en todo el país, tuve el honor de participar en la confección de los programas de estudio de nivel elemental y medio de la percusión en Cuba y soy fundadora de la Sociedad de Percusionistas de Cuba, PerCuba (La Habana, 7 de mayo de 1992). La alta responsabilidad me llevó también a complementar mis estudios con una licenciatura de educación musical, cuya tesis fue un taller de percusión de música afrocubana.

Su tesis fue base para la creación de un grupo musical que aún se mantiene. Hábleme de ese trabajo.

-Sin dudas, la tesis elevó mis conocimientos sobre la percusión cubana y me dio nuevas herramientas. Con la intervención de otros músicos fundé el grupo Afroamérica, actualmente dirigido por el percusionista Justo Pelladito. Fue una experiencia inolvidable que conservo como una de las mejores cosas que me han sucedido.

De las actuales percusionistas ¿a quiénes admira?

-Las admiro a todas, pero ahora me vienen a la mente Yuliet Abreu la Papina, hija de Luis Abreu, uno de los integrantes de Los Papines y que fuera alumna mía. Y las percusionistas de Obiní Batà, que tocan muy bien y tienen mucha fuerza en el batá, instrumento que estuvo prohibido para las mujeres, por su relación con la religión yoruba y sus fundamentos. Ellas hacen una incursión muy artística con esos tres tambores, de manera que quienes las escuchan observan un mundo sonoro espectacular.

En el empeño por desarrollar al máximo los conocimientos percutivos de sus alumnos, en la actualidad dirige varios proyectos.

-Me gusta mucho trabajar con mis alumnos las Rítmicas 5 y 6 de Amadeo Roldán. En el año 2000 estuvo de visita en Cuba un músico francés, cuyo nombre no recuerdo ahora, e hizo un concierto titulado Desde lo más hondo. Para un segmento de su concierto, pidió quince percusionistas. Pero como soy de las personas que nunca digo no, reuní quince alumnos que acostumbraban a trabajar conmigo las Rítmicas de Roldán e hicimos el concierto.

-La experiencia fue tan sorprendente que fuimos invitados a Francia, a donde viajé con ocho estudiantes de la cátedra. En París hicimos nuevamente el concierto presentado en Cuba. A esa primera gira asistieron estudiantes que hoy son reconocidos músicos, como Yuliet Abreu, Rodny Barreto y Guillermo del Toro, tumbador de la orquesta Havana D'Primera.

¿Cómo y cuándo surge Ensamble de Percusión Rítmica, grupo que usted formó con estudiantes del conservatorio?

-La realización de conciertos en Cuba y posteriormente en París, me impulsaron a crear un grupo. Así como nació Ensamble de Percusión. Tiene la peculiaridad de hacer percusión sin instrumentos, todos los sonidos provienen del cuerpo humano. Hay chasquidos con los dedos, silbidos, golpes en la cadera, rodilla, y muslos, hay palmadas y resonancias con los pies, cada una de estas regiones emite un sonido diferente entre si, pero semejante a los de las tumbadoras, güiros, maracas y otros instrumentos de percusión.

¿Cuántos estudiantes lo integran?

-En un inicio trabajé con un cuarteto integrado por muchachas, hasta que se amplió el formato a veinte, diez hembras e igual número de varones. Es un proyecto novedoso y goza de una elevada calidad artística, cualidades que le imprimen particularidades muy atractivas. Y para los alumnos representa una de las mejores formas de perder el miedo escénico, coger dominio de la escena y socializar con el público.

Antes de despedirnos, la licenciada Margarita Ponce Fernández, nos dice que las presentaciones de Ensamble de Percusión Rítmica en Cuba y otros países, no solo constituyen un éxito personal, si no también de las escuelas cubanas de música.

Texto y foto: María Regla Figueroa Evans
Radio Cadena Habana, 4 de septiembre de 2015.

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