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miércoles, 17 de julio de 2013

Grandes pedagogos cubanos (VI) Carolina Poncet


Carolina Poncet y de Cárdenas nació en Guanabacoa, el 13 de agosto de 1879. Por línea materna, era prima de José de Armas y Cárdenas, el Justo de Lara del periodismo cubano, y también nieta de José María de Cárdenas y Rodríguez, el Jeremías de Docaransa de las letras y colaborador del padre Félix Varela.

El ambiente familiar influyó en la dedicación a la literatura desde muy joven, porque disfrutó de una biblioteca selecta heredada de sus antepasados. Ya a temprana edad, en 1897, se gradúa de maestra de primera enseñanza y comienza a trabajar en una escuela en su villa natal. Estuvo entre los primeros maestros cubanos seleccionados que en 1901 fueron a la Universidad de Harvard, Estados Unidos.

Sin embargo, lo relevante de Carolina Poncet no fue sólo su dedicación al magisterio, sino que éste siempre estuvo aparejado con su labor como escritora, y específicamente, como investigadora.

En 1904, con su obra Lecciones de Lenguaje, obtiene medalla de plata en la Exposición de San Luis, Estados Unidos. Este libro sería adoptado como texto oficial para las escuelas públicas. Cinco años después, en 1909, realizó un programa de ensayo de Coordinación de Estudios para las escuelas primarias, junto con el doctor Alfredo M. Aguayo de la Universidad de La Habana. En esa misma fecha se gradúa como doctora en Pedagogía con una tesis sobre la enseñanza de la lengua materna.

Su labor como investigadora es amplia y le merece innumerables reconocimientos. En 1910 su Biografía de Joaquín Lorenzo Luaces y estudio crítico de sus obras, le valió el premio del concurso convocado por el Colegio de Abogados. Además, su tesis de graduación como doctora en Filosofía, El romance en Cuba, premiada por la Academia Nacional de Artes y Letras en 1913, representa un estudio exhaustivo sobre el tema, aún no superado en la actualidad. El ensayo le valió elogiosas cartas de Miguel de Unamuno, entre otros conocidos hispanistas.

La doctora Poncet nos dice: "Haciendo contraste al desbordamiento de la décima puramente lírica o satírica, el romance se arrastra en Cuba lánguido y pobre". Menciona algunos de los romances religiosos de José Surí, y analiza los de autores como Domingo del Monte, Francisco Pobeda y Armenteros, Ramón Vélez Herrera, y otros. Pero para ella, "la perla del romance cubano" es Fidelia, de Juan Clemente Zenea. También incluyó los romances españoles conservados en la tradición popular cubana. Es un amplio estudio que no podemos abarcar, pero que muestra la profunda labor investigativa realizada por Carolina Poncet.

Por oposiciones ganó la cátedra de Gramática y Composición de la Escuela Normal para Maestros en 1915. En 1920 viaja por España, Francia e Italia, y tres años después, publica su ensayo José Jacinto Milanés y su obra poética.

Diez años más tarde, en los Archivos del Folklore Cubano aparece su estudio Romances de Pasión, un análisis y recopilación de aquellos romances de la tradición oral española que se conservan en Hispanoamérica y están dedicados a la vida de Jesucristo. Lo importante de este ensayo es que, como buena investigadora, la doctora Poncet transcribe el romance español original y las variantes que el mismo ha sufrido en tierras americanas.

Es el caso del romance Trova de La Habana, que recogió de una vieja mulata nacida en tiempos de la esclavitud, pero a su vez se encuentra con los nombres de Trova de Salas, Oviedo y Trova de Entrepeñas, Zamora, recogido por dos jóvenes españolas recién llegadas a La Habana para trabajar en el servicio doméstico. Por ser tan poco conocidos estos textos, y revestir tanta importancia para los estudios folclóricos cubanos, no puedo sustraerme al influjo de copiar Trova de La Habana, el primero de los romances transcritos por Carolina Poncet:

Por las calles de Jerusalén va la Virgen preguntando/ que si han visto pasar a Jesucristo su amado/
Sí, señora, yo lo vi; hay ratico que ha pasado/ con una cruz en los hombros y una cadena arrastrando,/
y me pidió que le diera un paño de mi tocado/
para limpiarse su rostro que lo lleva ensangrentado.

Caminemos, caminemos, hasta llegar al Calvario,/ que por pronto que lleguemos ya lo habrán crucificado./ Ya le ponen la corona, ya le clavan los tres clavos,/ ya le dan una lanzada en su divino costado./ El que esta oración dijera todos los viernes del año/ saca un anima de pena y la suya del pecado./ Quien la sabe y no la dice, quien la oye y no la aprende/ el día del juicio sabrá lo que esta oración contiene.

Durante la tiranía de Machado, Carolina Poncet fue separada de su cátedra de la Escuela Normal de La Habana por sus actividades contrarias a la dictadura. Después viajó por México y varios centros docentes de Estados Unidos, y a partir de la década del cuarenta realiza una fructífera labor en publicaciones de la época, entre las que se destacan: Algunas ideas pedagógicas de María Luisa Dolz, en la Revista Universidad de La Habana; Algunos aspectos de la poesía de Luaces, en una separata dedicada a Fernando Ortiz, y Los altares de cruz, en Actas del Folklore. Uno de sus últimos textos fue Evocación de Aurelia Castillo, publicado en 1962 en la Revista Biblioteca Nacional José Martí.

En 1955 es declarada Profesora Emérita de la Escuela Normal, y cinco años después, en 1960, miembro de la Academia Cubana de la Lengua. Sobre la labor de Carolina Poncet, la investigadora y también profesora Mirta Aguirre, la evoca de esta forma: "Poco dada, como la excepcional Camila Henríquez Ureña, a la publicación de libros, Carolina Poncet se multiplicaba, en cambio, como aquélla, en numerosas clases, conferencias, cursillos, participación en la confección de planes de estudio, etcétera, lo que hizo que varias generaciones de estudiosos de la literatura le debiesen no pequeña parte de lo más serio de su formación".

Sin embargo, más adelante Mirta Aguirre la califica como "de una atractiva personalidad", pero "contradictoria". Según explica, Carolina Poncet derivó hacia el catolicismo, no entendió los aspectos básicos del proceso iniciado en 1959, aunque no aceptó ofertas para irse del país y colaboró con Juan Marinello, Josefa Vidaurreta y Dulce María Escalona, en los aspectos pedagógicos para una nueva política educacional.

Carolina Poncet y de Cárdenas falleció el 27 de noviembre de 1969 en el municipio habanero de Marianao. Su archivo, recogido por su sobrina, la doctora Carmen Pérez Poncet, autora del ensayo Dualidad de Casal, lo donó al Instituto de Literatura y Lingüística, donde reposa en espera de un estudio profundo sobre esta ejemplar mujer.

Se conoce que los últimos años de su vida fueron de retiro y oración, en una época en la que ser católico era casi un baldón. Tal vez por ello fue su muerte callada, al igual que su legado. Y le debemos a la doctora Mirta Aguirre, militante marxista pero culta, que lo mejor de la obra de Carolina Poncet y de Cárdenas, no sea solamente un archivo más en una institución.

María del Carmen Muzio

Notas: El romance en Cuba en Carolina Poncet y de Cárdenas. Investigaciones y apuntes literarios. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1985.

Palabra Nueva No. 202, diciembre de 2010


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