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viernes, 5 de julio de 2013

Grandes pedagogos cubanos (I): María Luisa Dolz


María Luisa Dolz y Arango nació en La Habana, el 4 de octubre de 1854. Fue la quinta de los nueve hijos que tuvieron sus padres, el licenciado Juan Norberto Dolz y María de la Luz Arango. Su posición social le permitió asistir a los mejores colegios de la época. En Pinar del Río, donde pasó buena parte de su niñez, recibió la instrucción primaria en el plantel que dirigía la Sra. Zambrana de Cordier.

En La Habana asistió al Colegio Nuestra Señora de los Angeles, en el barrio del Cerro, luego pasó al colegio Sagrado Corazón y más tarde al de Clara Azoy de Luna. Completó los estudios elementales en su hogar, con la asistencia de profesores de literatura, ciencias, música e idiomas: inglés, francés y alemán.

Desde su niñez se reveló su vocación magisterial ya que daba clases a sus hermanas menores en el hogar y en 1872 comenzó a dar clases en el Colegio Nuestra Señora de la Piedad. Lo que al principio hizo como noble ocupación de las criollas de su clase, más adelante le sirvió para satisfacer sus necesidades intelectuales y fue un medio para realizar viajes y asegurarse una pensión de retiro.

En el año 1876 alcanzó el título de maestra de enseñanza elemental o primaria, y al año siguiente el de maestra de instrucción primaria superior. En 1879 entró en posesión del Colegio Isabel la Católica, que desde fines del siglo adoptó su propio nombre al denominarse Colegio María Luisa Dolz, primer colegio de segunda enseñanza para mujeres instalado en el país, a partir 1885 incorporado al Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana. Lo dirigió hasta el 20 de diciembre de 1923, y fue el centro en el que desarrolló su larga obra educativa.

Su carácter decidido y sus aspiraciones culturales le permitieron romper las tradiciones y prejuicios que impedían a la mujer elevar su nivel de instrucción y acometer estudios superiores. Sus responsabilidades como maestra la motivaron a estudiar incesantemente y así obtuvo el diploma de bachiller en 1888 con notas de sobresaliente. Más tarde ingresó en la universidad y se graduó de Licenciada en Ciencias Naturales, el 16 de octubre de 1890, también con notas de sobresaliente.

Al terminar la dominación española en Cuba, a finales del siglo XIX, y renovarse los estatutos universitarios que habían sido suspendidos por España con motivo de la guerra de independencia, hizo su doctorado en Ciencias Naturales, en 1899. María Luisa Dolz fue una de las primeras mujeres cubanas que estudió y se graduó en la Universidad de La Habana.

Su deseo de conocer y estar al tanto del avance de la ciencia, la educación y la cultura en el mundo, la incitó a visitar otros países de América del Norte y de Europa. Presenció las exposiciones internacionales de Chicago, en 1893; de París, en 1900 y de Lieja, en 1905. Del viaje emprendido con motivo de la Exposición de Lieja, Bélgica, extrajo María Luisa Dolz excelentes experiencias, que a su regreso divulgó mediante artículos en la prensa y por su participación en eventos. En Bélgica visitó centros escolares de todos los tipos y grados: kindergarten y universidades, escuelas normales, museos pedagógicos, talleres de discapacitados; presenció clases, observó la aplicación de diferentes métodos y materiales de enseñanza; inspeccionó edificios escolares construidos para satisfacer la demanda del crecimiento de la población escolar.

Durante este provechoso viaje a Europa, visitó en Alemania varias escuelas, como el Seminario Pedagógico Augusta Victoria, las Escuelas Normales de Leipzig y Postdam, y la Universidad de Leipzig con su conservatorio y su famoso Seminario Pedagógico; las escuelas privadas de Frau Hessling y Albertina Frox, el internado de las Hermanas Bergmann y la escuela Lette Verein, de Augusta Platz.

Con la triste experiencia cubana del reclusorio para menores de Guanajay, quiso conocer el funcionamiento de la Escuela Reformatoria de Zehlendorf Am Urban, donde se atendía a niños y adolescentes como pacientes sometidos a investigación por sus antecedentes hereditarios y sociales, brindándoles una especial instrucción y educación, como aprendizaje de oficios, práctica de deportes y actividades cívicas, y la atención individualizada brindada por familias que les daban el calor humano del que posiblemente habían carecido.

En París pasó revista a la Escuela Correccional Elisa Lamonniers, la Escuela Superior Villiers, el Museo Pedagógico, y las escuelas católicas de San Vicente y San José. En los Estados Unidos visitó varias instituciones elementales públicas y privadas en New York, Washington, Chicago y Filadelfia.

Sin dudas, el estudio de las ciencias naturales; su profundización en la obra de destacados científicos, pedagogos y filósofos de la época, como Charles Darwin, Herbert Spencer, Enmanuel Kant, Payot, Teódulo Ribot, Alexander Bain; sus viajes y participación en diferentes congresos de educación, contribuyeron a la formación de su ideario pedagógico, que en Cuba anticipó la aplicación de lo que hoy se conoce como educación integral. A la vez, abrió pautas para la educación de la mujer cubana, con la introducción de prácticas pedagógicas y disciplinas no habituales en las escuelas femeninas. En su tiempo, muy pocos en Cuba poseían información tan abundante y actualizada sobre todos los aspectos concernientes a los problemas de la educación como María Luisa Dolz.

En su colegio, que pronto llegó a ser conocido en todo el país por sus innovaciones, su claustro y la sólida preparación que ofrecía a sus pupilas, María Luisa Dolz se propuso formar mujeres de acción, sanas, robustas y equilibradas. Conformó el perfil de su escuela; se nutrió de un claustro donde participaron los mejores educadores del país: Enrique José Varona, Carlos de la Torre, Rafael Montoro, Lincoln de Zayas, Ramón Meza, Alfredo M. Aguayo y Salvador Salazar, entre otros. Además, mujeres cultísimas y enamoradas de su labor docente, entre las que se encontraban Mercedes Matamoros y del Valle, maestra, poetisa y escritora; Adriana Bellini, reconocida en el mundo literario y artístico; Carmen Casal, Pilar Romero, Esther Fernández y María Dolores Guerra.

El plan de enseñanza del colegio se desarrolló en español e inglés. La enseñanza del español estuvo dividida en seis cursos y la del inglés en dos cursos o grados. Estaban incluidas tres horas semanales de cultura física, dos horas semanales de solfeo y cinco horas de trabajo manual, que comprendía bordado, costura, confección de flores, dibujo natural y pintura.

En cuanto a los exámenes, el colegio los llevaba a cabo en los meses de diciembre, antes de las vacaciones de Navidad, y en junio y julio, antes de las vacaciones de verano. Constaban de tres partes: preguntas orales, temas escritos leídos después en alta voz ante la clase y ejercicios prácticos. El promedio de las notas de todos los cursos, unido a los exámenes, servía de norma para la clasificación de los premios que se distribuían al finalizar los exámenes del mes de diciembre. Servían al mismo tiempo de prueba de curso, ya que las alumnas que poseían buenas calificaciones pasaban a la siguiente clase o grado. Las que no asistían a los exámenes generales debían asistir a un examen especial para su promoción.

Los ejercicios calisténicos se practicaban en el colegio desde 1881, antes de que se hubieran generalizado en el país. Estaban a cargo de profesoras cubanas que los habían aprendido en los Estados Unidos. El colegio también se distinguió por la enseñanza de las bellas artes: solfeo, canto, piano, dibujo y pintura. Varias alumnas alcanzaron premios en las exposiciones de Buffalo y Charleston, en Estados Unidos. Especial atención se daba a los trabajos manuales que a la par que educaban las manos y la vista, desarrollaban hábitos de laboriosidad, paciencia y amor al trabajo.

En este centro, además de bachilleres, fueron preparadas aspirantes al magisterio, que luego ocuparon con éxito aulas, cátedras y direcciones de escuelas; se instaló un museo de historia natural, una biblioteca escolar y se constituyó una asociación de antiguas alumnas que mantenía el vínculo con su escuela. Como parte del plan de la escuela, se llevaban a cabo excursiones campestres, clases experimentales, conciertos, conferencias, lecturas, fiestas literarias, entre otras actividades científicas y recreativas.

Anualmente el colegio concedía 12 becas, válidas por ocho años, a niñas huérfanas y sin recursos, siempre que su conducta y aprovechamiento fueran satisfactorios, sin diferencias con las demás pupilas. Más de 3 mil alumnas que pasaron por sus aulas alcanzaron prestigio como doctoras en Pedagogía, Cirugía Dental o Farmacia, como catedráticas en instituciones docentes o como renombradas artistas.

María Luisa Dolz mantuvo una prolífera actividad profesional en el campo de la educación. Fue miembro de diferentes tribunales para las oposiciones a cátedras de las Escuelas Normales de Maestras, de la comisión para la elección de textos para las escuelas públicas, del Comité Ejecutivo de las Conferencias de Beneficencias y Corrección y de la Comisión de Damas de la Cruz Roja; corresponsal en Cuba de la Liga de Escuelas de Bruselas, vicepresidenta de la Liga de Homicultura, Socia de Honor del Club Femenino, vocal de la Sociedad Protectora de los Niños y del Asilo de Huérfanos de la Patria, y miembro de la Sociedad Geográfica de Cuba.

Publicó artículos en periódicos y revistas nacionales como El Fígaro, Patria, Cuba Pedagógica, Cultural y Diario de la Marina, entre otros. En discursos y conferencias abordó diferentes temas relacionados con la educación física, intelectual y moral de los niños y de la mujer; sobre la importancia del magisterio y su preparación, y expuso las experiencias de sus viajes a diferentes centros y eventos educacionales en Estados Unidos y Europa.

Al finalizar 1923, a los 46 años de fundado su colegio y con 69 años de edad, María Luisa Dolz se retiró. Dejaba la continuación de su obra en manos de María Dolores Guerra de Nogueira, quien había ganado experiencia pedagógica laborando junto a ella en el propio colegio.

En 1924, en el paraninfo de la Academia de Ciencias, en un acto presidido por el Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, la intelectualidad cubana le rindió homenaje por su valiosa contribución a la educación cubana. Falleció el 27 de mayo de 1928. A su entierro asistieron cientos de personas, entre ellas muchas mujeres.

Bibliografía activa: Discurso pronunciado por la Directora María Luisa Dolz en la solemne distribución de premios, Colegio Isabel La Católica, La Habana, 1892. Discurso por María Luisa Dolz en la solemne distribución de premios en la noche del 20 de diciembre de 1894, Colegio Isabel La Católica, La Habana, 1894. Desventajas de las obreras, El Fígaro, La Habana, 24 de febrero de 1895. La maestra y su colegio, El Fígaro, La Habana, 31 de mayo de 1895. Discurso de María Luisa Dolz el 20 de diciembre de 1896, Colegio Isabel La Católica, La Habana, 1896. Pensamiento, El Fígaro, La Habana, octubre, 1897, y Memoria presentada en la distribución de premios el 19 de febrero de 1904. En conmemoración del 25º aniversario de la fundación del Colegio Isabel La Católica, La Habana, 1904.

Bibliografía pasiva: Aguayo, Alfredo Miguel: Tres grandes educadores cubanos: Varona, Echemendía, María Luisa Dolz, La Habana, 1937. Bellini, Adriana: La mujer en la Academia de Pintura y Escultura, Memoria del I Congreso Nacional de Mujeres, La Habana, 1 al 7 de abril, 1923. Sola Arruebarrena, Lilia: María Luisa Dolz, Tesis de grado, Facultad de Educación, Universidad de La Habana, 1950. Portuondo, Fernando: Para un capítulo de la historia de la cultura en Cuba: María Luisa Dolz y la educación de la mujer, Estudios de Historia de Cuba, Ed. de Ciencias Sociales, La Habana, 1973.

Tomado de En Caribe, enciclopedia de historia y cultura de los países caribeños.

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