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domingo, 12 de febrero de 2012

La elegancia de La Habana


Por Tania Quintero

Si alguien duda de que los habaneros a cualquier hora andábamos limpios y bien vestidos, baste ver esta foto, realizada por uno de los tantos fotógrafos callejeros que había en la capital.

Es de una tarde de compras por el centro de La Habana, en noviembre o diciembre de 1947. Yo tenía 5 años y de la mano de Lucrecia López Vega, la madre de Marco Antonio, el administrador de este blog, caminaba por una acera de la calle Monte, donde se encontraban algunos de los principales comercios.

Ella tenía 25 años y todavía estaba soltera. Al verla tan elegantemente vestida, con una chaqueta estilo Chanel, zapatos, bolso, collar, aretes, pañuelo y gafas acordes a la época, se pudiera pensar que era una joven perteneciente a la pequeña o mediana burguesía.

Pero no. Lucrecia se compraba la ropa con el dinero que ya ganaba, trabajando en los archivos del comité nacional del Partido Socialista Popular (PSP), en Carlos III entre Oquendo y Marqués González. Su padre, Armando López, era tabaquero y murió de un infarto durante una discusión sindical. Su madre, Rosa Vega, fue una ama de casa que crió a seis hijos, tres varones y tres hembras y hasta su muerte cuidó a su progenitora, que murió de 95 años. Una familia humilde que vivía en la accesoria de un solar, en la calle Hospital, Centro Habana.

Yo era hija única y también de procedencia humilde. Mi padre, José Manuel Quintero, combinaba su oficio de barbero ambulante con el de guardaespaldas de Blas Roca Calderío, secretario general del PSP. Y mi madre, Carmen Antúnez, de origen campesino, se dedicaba a los quehaceres del hogar. Vivíamos en el barrio El Pilar, Cerro.

El jumper de cuadros y la blusa blanca que llevo puestos me los hicieron mis tías paternas, modistas de profesión. Los zapatos de charol, las medias blancas, la carterita y los lazos en el pelo estaban al alcance de cualquiera, por muy modesto que fuera su nivel de vida.

Entonces, quienes no podían comprarse la ropa vendida en las tiendas -como la exhibida en las vidrieras de El Encanto, con las últimas tendencias de la moda en París, Londres o Nueva York- iban a la calle Muralla, en la Habana Vieja, donde se concentraban almacenes con un gran surtido de tejidos, encajes, hilos, botones, a precios módicos. Y adquirían unas yardas de tela y todo lo que necesitaran para confeccionar uno mismo o su costurera, un vestido igual al mostrado en una tienda o en una revista o catálogo de moda.

En el post De una dama habanera y su familia , publicado en enero de 2010 en el blog Desde La Habana, pueden verse fotos de Alina Johnson de Menocal, mujer perteneciente a la alta sociedad cubana.

Las he traído a colación porque fueron hechas en la década de 1940. Y a pesar de la diferencia de clase social y de raza, puede constatarse que antes de 1959, se fuera rico o se fuera pobre, los habaneros vestíamos correctamente. Incluso con elegancia, como Lucrecia en esa foto, que nada tiene que envidiarle al vestuario de una aristócrata.

4 comentarios:

  1. Disculparme ante tódo por hacér uso de este espacio de comentarios para enviar un mensaje a Raúl Rivero.Favór decirle que tal véz le interese sabér que hace unos dias murió en la Habana Elba Lila Dominguez Bernard,alias Yeya la paraguaya,viuda del escritor David Buzzi,un amigo de Raúl.Si le interesa puede escribirme a reigarcia62@yahoo.se.Gracias.

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  2. Muito legal, Tania, obrigado por dividir a foto com a gente. Abraços.

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  3. Y no pudieron encontrar fotos que no fueran de comunistas?

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  4. El comentario de antfreire, "Y no pudieron encontrar fotos que no fueran de comunistas?", me ha dado una idea: voy a revisar fotos de miembros del Partido Socialista Popular publicadas en este post, y otras que buscaré en internet, para mostrar que antes de 1959, los comunistas cubanos, como el resto de la población, se vestía bien. Porque andar limpios y correctamente vestidos era una de las cualidades que distinguían a los cubanos, al margen de sus ideas y su militancia política.

    Después que los barbudos llegaron al poder, es cuando en Cuba todo se empieza a relajar y comienza la vulgaridad, la chabacanería, la mediocridad, a la hora de hablar y a la hora de vestirse. Para los guerrilleros, andar bien vestidos era cosa de la burguesía, igual que decir señor y señora. Junto con el verde olivo, impusieron el 'compañerismo' y como muy pronto empezó la escasez, a la gente no le quedó más remedio que vestirse con lo que consiguiera. Por cierto, antes de llegar al poder, Fidel Castro también usaba trajes, guayaberas y camisas de mangas largas.

    Gracias, Tarcisio, por tu comentario. Próximamente compartiré con los lectores más fotos de mi infancia. Y a la persona que dejó un recado para Raúl Rivero, ya se lo dí. Gracias también al señor antfreire.

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