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miércoles, 22 de mayo de 2013

"Yo quiero tocar hasta que me muera" (II y final)


Bebo, se fue de Cuba el 26 de octubre de 1960 y no ha vuelto.

-Cuando Rolando Laserie y yo nos bajamos del avión en México, besamos la tierra y juramos que nunca íbamos a pisar nuestra tierra mientras existiera ese sistema. Un día llamé a mi mamá y me dice: “Quiero pedirte un favor y quiero que me digas que lo vas a cumplir. Yo te he cumplido siempre a ti, ahora cúmpleme tú a mí”. Yo le dije: “Pídeme lo que quieras”. Y dice: “Mientras este sistema esté en Cuba manejando el país no pongas un pie aquí. Si yo me muero, si se mueren tus hijos, tus nietos… ponte los pantalones como los tenía puestos tu padre”.

Y le cumplió. Su madre, que le vio jugando con unas piedras con las que simulaba tocar el piano, fue la que más le apoyó para poder aprender.

-Eso es lo más grande del mundo, mamá, lo que más he querido yo en mi vida [se le humedecen los ojos]. Posiblemente sin ella no hubiera sido pianista. Era una costurera buenísima, y nosotros vendíamos churros y cualquier cosa por la calle para ayudar en casa. Cuando no había para comer me decía: “A ti que te gusta la calle…”, y me daba un cuchillo sin punta para que fuese a coger caña o mangos. Y a veces íbamos a cazar pajaritos y comíamos con eso. Pero yo era feliz, y eso no me lo quita nadie, porque yo fui feliz del carajo. Por eso el dinero lo llevo mal. Yo creo que es la desgracia de la gente.

El hecho de trabajar en la Mil Diez, la emisora del Partido Socialista Popular, le valió ser tachado de comunista, ¿no?

-(Se ríe). A todos los que trabajábamos allí. Había una plaza de arreglista y nos presentamos René Hernández, Pérez Prado y yo, que era el menos conocido. Pidieron que trajéramos un arreglo, y yo le había escrito uno a Celia (Cruz) que se llamaba Negra triste. El jurado me eligió a mí. Tenía que hacer tres arreglos a la semana y eran 60 pesos al mes. Para mí, un dineral.

¿Es cierto que por estar en la Mil Diez no pudo viajar en 1948 a Nueva York a tocar con Mario Bauzá y Chano Pozo?

-Verdad, no me daban el visado de trabajo…

Y paradójicamente abandonó Cuba por no gustarle lo que estaba ocurriendo…

-Es que yo nunca fui comunista.

Luego, ya en Suecia, desechó la idea de ir a Estados Unidos.

-Mi hermana me dijo: “Mira, Bebo, aquí estamos en guerra. Los negros tienen muchos problemas. En Nueva York y hasta en Boston el racismo es pasable, pero aquí en el Estado de Florida es terrible. Si tú te casas con esa mujer, de una manera u otra te van a joder. No quieren que Martin Luther King pueda subir”. Obama, ese negrito que se postula en América, tiene derecho porque todos los hombres tienen derecho. Pero hubiese preferido a la mujer de Clinton, porque si a Kennedy lo mataron, ¿qué le van a hacer a éste? Los racistas son como los nazis.

¿En Cuba había racismo?

-En todos los lados hay racismo. De niño no sabía que existía porque, además, mis mejores amigos eran blancos. Me di cuenta cuando empecé a tocar de profesional. Me contrató para su orquesta Curbelo, que era blanco, y el representante le dijo que, habiendo tantos muchachos blancos y mulatos, para qué tenía que andar con el negro de mierda ése. Y Curbelo le dijo: “Ven acá, consígueme un pianista que toque como ése, que lea como ése y que haga arreglos como ése. Y que no fume, no tome y siempre esté a su hora. Óyelo bien, yo a ése no lo boto. Ahora bien, si quieres traerme un individuo de tu raza que sea la mitad que él, entonces lo voy a botar”. Por poquito le cuesta el puesto.

En Tropicana estuvo diez años. ¿Los mejores profesionalmente?

-Fue el verdadero camino de la vida mía. Entraba a las nueve todas las noches y empezábamos a tocar a las nueve y media o las diez. Luego descansábamos media hora, había otra orquesta, y volvíamos a tocar otra media hora. Así hasta las cuatro de la madrugada.

Allí conoció a Nat King Cole. Y tocó el piano en seis de los siete temas que el ‘crooner’ grabó en 1958 para su disco en español.

-Era una gran persona. Bebía vodka con jugo de naranja por la mañana. Me decía que me tomase un trago con él y nos metíamos una hora tocando. ¿Qué iba yo a hacer si tenía que tocar con él? Nunca necesitó una nota para cantar. A todos los cantantes tenía que darles la introducción para ellos coger el tono. A él, no, tenía oído absoluto. Había dos palabras que no podía decirlas [se ríe]. Una era cachito, que decía cachirou…, y de la otra ya no me acuerdo porque hace mucho tiempo.

Sus pianistas de jazz preferidos son Art Tatum y Bill Evans. Pero el pianista que más admira ¿sigue siendo Ernesto Lecuona?

-Ése es mi ídolo. Un pianista y un compositor divino. Ernesto Lecuona tiene una mano izquierda que ningún otro pianista en el mundo la tiene. Iba aún con pantalón corto y ya tocaba en el cine, porque entonces las películas eran mudas. Yo le conocí a él de verlo en la radio y de hacerle arreglos. Yo le decía siempre “maestro”. Era maricón, pero no afeminado. Para mí, el mayor músico de Cuba.

Y Cachao estará ahora tocando el contrabajo y haciendo sus cuentos en el cielo…

-¡Coño! Cachao era más que un hermano. Nació el 14 de septiembre de 1918 y yo el 9 de octubre. No llega al mes. ¿Tú sabes que era un bailarín de primera? Ganó en La Habana el premio Fred Astaire, pero se cayó un día jugando a la pelota y se le rompió la cadera. Y ya no podía bailar. Yo siempre me reía con él.

¿Alguna anécdota suya que recuerde?

-Hay millones, pero se me olvidan [se ríe]. Siempre estaba haciendo cuentos, ¿cuándo no? La última vez estábamos hablando de que a fulano hacía mucho tiempo que yo no le veía. “Yo lo vi”, me dice, “salió para Honduras”. Le pregunto en qué ciudad estaba y me dice: “Bebo, no comas mierda; está en Honduras, está bajo tierra” (se ríe). Cuando Cachao estaba en Los Ángeles, todo el dinero que ganaba lo perdía en las máquinas. Ese vicio del juego ya le venía de La Habana. Era uno de los genios más grandes que conozco, aunque no se daba cuenta o no quería. Él lo que quería era tocar danzones y montunos. No música clásica, porque eso no le divertía.

Curioso que hasta ‘Calle 54' nunca hubieran grabado juntos.

-Ni habíamos trabajado juntos en Cuba. Porque él se dedicó a la charanga y yo al jazz. Él creó el mambo y trabajaba en la Sinfónica. Y la dejó para estar con la orquesta de Arcaño, que tocaba lo que a él le gustaba.

Su gran creación, el ritmo batanga, en el año 1952, no trascendió. Dice que duró lo que un merengue a la puerta de un colegio. ¿Qué pasó?

-El problema es que el mambo estaba entonces en lo más alto, con Pérez Prado, y que el batanga no tuvo coreografía, no tenía baile. La orquesta era para decir “¡ay!” (estaban Benny Moré, Chocolate Armenteros, El Negro Vivar, Generoso Jiménez, Guillermo Barreto...).

La presentación del batanga el 8 de junio de 1952 en la Cadena Azul se grabó, y Chucho asegura que es una de las cosas más fantásticas que haya escuchado.

-La grabación la tenía guardada Guillermo Barreto, pero tras su muerte y la de su mujer, Merceditas Valdés, ha desaparecido… Yo no sé quién la tiene, pero ni me la prestan, ni me la dan. Ni los arreglos míos. Allí siempre tienen castigo para mí.

Cuando usted y Rose Marie Pehrson se casaron, usted tenía 44 años y ella 18. Pese a quejarse de la memoria, no olvida la fecha en que la conoció en Estocolmo…

-Sí, el 7 de abril de 1963. Yo tocaba con los Lecuona Cuban Boys en un restaurante del parque de atracciones. Era un concurso de belleza, y cuando pasó a mi lado le dije: “Yo creo que tú eres más linda que la que ganó” [se ríe]. Después ella me dijo que tocaba muy bonito y la invité a un refresco. Yo no era tan mujeriego como la gente cree; aunque de gira por el norte de Europa con los Lecuona, cualquier mujer a la que yo invitara se iba a la cama conmigo. Y óyelo bien, con las otras dos mujeres con las que tuve hijos, Pilar y Noemí, los hijos míos están reconocidos. Todos tienen mi nombre. Y nunca, estando yo ya fuera de Cuba, ellas dejaron de recibir dinero. Cuando no tenía, les mandaba una carta para decirles que se iba a demorar.

¿Piensa seguir tocando?

-Yo quiero tocar hasta que me muera. ¿Qué voy a hacer metido en mi casa? Me meto en casa por mi mujer; si no, me voy para la calle a caminar, a hacer lo que me dé la gana, pero la quiero cuidar porque no se siente bien. En los tiempos malos se portó muy bien. A veces yo estaba un día o dos sin comer. Le daba lo poquito que entraba y le decía que ya había comido con fulano. Ella estaba esperando un niño y yo no quería… ¿Quieres que te diga algo? A mí ella todavía me gusta.

Carlos Galilea
El País Semanal, 5 de octubre de 2008.
Video: Rose Marie, pieza que Bebo le dedicó a su esposa sueca. Uno de los números del disco Bebo de Cuba. Los otros son Ar ni Froken Perhson?, Cachao, creador del mambo, Devoción, El son de Cecilio, Ecuación, Copla No. 4, Nocturno en batanga, El solar de Bebo, Kabul y Lorenzo, Mayra, El quitrín (Haciendo patria) y La mula.

lunes, 20 de mayo de 2013

"Yo quiero tocar hasta que me muera" (I)


En el restaurante frente a su casa, al que Bebo Valdés acude a comer muchos días, cuelgan tres fotos suyas junto a varias de Camarón. Antonio, el propietario, le recibe como a un amigo. Hoy no tiene gazpacho -a Bebo le encanta- y le convence para probar el ajoblanco -Bebo admite que está bueno, pero añade bajando la voz que prefiere el gazpacho. Y aunque el médico se lo tiene prohibido, pide un café; eso sí, descafeinado. En noviembre de 2005, él y su mujer, Rose Marie, se instalaron en Arroyo de la Miel, Benalmádena. “Fue por los 44 años de casados. Le dije ‘pide una cosa’. Quiso esto y, bueno, ya está”, cuenta él. Que nadie se imagine una gran mansión: es un sencillo piso en la planta baja con un patio al lado de la piscina comunitaria.

Vive tranquilo. Quizá demasiado tranquilo. Porque a Bebo le sube la adrenalina cuando hay trabajo o cuando está rodeado de amigos. Por la mañana muy temprano, sobre las seis o las siete, sale al patio y se sienta a mirar la peña que se eleva sobre los edificios. “¿Qué voy a hacer yo? Mi mujer no se levanta antes de las diez”, dice.

Bebo parece echar de menos Suecia, adonde llegó en 1963 con los Lecuona Cuban Boys y donde pasó casi treinta años en el anonimato como pianista de hotel. “Me tocó los primeros años allá trabajar en el Círculo Polar Ártico. No sabes si es de día o de noche”, cuenta. ¿Se siente un poco sueco? “Demasiado”, apunta Rose Marie. “No es que me guste tanto el frío, pero conozco a los hijos, voy donde están las nietas”, explica. Saca orgulloso sus fotografías de la cartera. Cuenta que Felicia va a cumplir 15 años, y Miranda, 13, y que son ya dos mujeres más altas que Rose Marie. También lleva encima un retrato de su mujer con 18 años.

Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro es un personaje popular y querido. Cinco chicos que están en otra mesa se acercan para hacerse una foto con él. Les atiende encantado. “El hombre tiene que ser agradecido. Y esto que tú ves aquí (señala la casa) es una cosa que me pagaron por el disco de Lágrimas negras”, dice. Tiene carácter: algún promotor lo ha comprobado cuando Bebo, airado ante sus exigencias e imposiciones, le ha colgado el teléfono. Y le otorga más valor a la palabra dada que a un contrato.

Le preocupa estar perdiendo la memoria. “Aunque haya visto una noticia en televisión, se me olvida”, dice riendo. A veces le cuesta encontrar un vocablo o se queda en blanco. Bebo de Cuba (RBA), la biografía escrita por Mats Lundahl, se publica el jueves 9 de octubre, de su 90 cumpleaños (nació en 1918 en Quivicán), y se sumará al premiado documental de Carlos Carcas Old man Bebo. También sale Juntos para siempre, el disco grabado a dos pianos -”en dos mañanas, sin ensayar apenas”- con su hijo Chucho (nacido también un 9 de octubre, pero de 1941). Fernando Trueba escribe en la presentación de la biografía que, cuando fue a buscarle a Estocolmo para la película Calle 54, el extraordinario pianista, compositor y arreglista cubano vivía con una modesta pensión del Estado sueco, sin lamentarse de nada, sin nostalgia alguna y sin ningún rencor.

En 1994, recién jubilado, le llama Paquito D’Rivera desde Alemania para ir a grabar un disco. ¿Comienza entonces una nueva vida?

-Paquito tenía que grabar a finales de marzo. Me llama y me dice: “Tú y mi padre eran como hermanos”. Le digo que sí. Y me dice: “Tengo un problema. Yo tenía que estar aquí con dos o tres arreglos, pero me pasé de tiempo y no tengo ni una nota escrita. ¿Qué tienes tú?”. “Mira, Paco, yo no tengo arreglos, lo que tengo son ideas escritas, y eso no se puede montar ni en un día, ni en dos”. Estaba tan desesperado que le dije: “Voy a ir y voy a hacer lo que yo pueda”. Llegué por la tarde y me metí con él y la orquesta a ver qué había, ¡y no había nada! Por la noche y la mañana hice tres o cuatro arreglos, y así empezamos.

Paquito D’Rivera reclama que fue él quien le rescató del olvido…

Bueno no hay que hacerle mucho caso. Paquito es muy celoso. Pero es buena gente, muy inteligente, y toca con cojones. Para mí el mejor clarinete que hay en el mundo hoy día es él. Benny Goodman tendría que fajarse con él. Además toca cualquier tipo de música. Y su madre, una cocinera del carajo, preparaba el mejor arroz con pollo que yo he comido nunca. Al final el director de la compañía le puso mi nombre al disco, Bebo rides again. Aunque a mí me daba igual.

Ocho discos y tres películas con Fernando Trueba. Y acaba de grabar música para Chico y Rita, su largometraje de animación con Mariscal.

-El número es mío. Un bolero que yo ya ni sabía que lo había escrito… Y cuando Fernando me lo enseña, me gustó. Le digo: “Coño, Fernando, es bonito”. “¿Cómo que bonito?, si eso es tuyo”. Tengo unos líos del carajo (se ríe). Hay muchas cosas que las hice y no sé que las hice.

Con Lágrimas negras, cerca del millón de discos vendidos, ha ganado mucho dinero…

-A mí el dinero no me importa ni cojones. Nunca me ha importado. Yo quiero hacer mi trabajo, que me dé para comer y para ir aquí al lado, y ponerme un traje cuando yo quiera. Y aquí una casita o lo que sea. Pero ser esclavo, no. Yo tuve dos tíos, Rufino y Agustín, que fueron a la guerra con Maceo y cuando volvieron en 1898 nunca se habían puesto un par de zapatos ni se habían acostado en una cama. Dormían en el suelo. Eran esclavos y se fueron como cimarrones con un machete porque les echaban a los perros. Cuando vi que tumbaban caña todo el día, que no sabían ni leer ni escribir, y que los explotaban en la hacienda, yo le pedí a Dios una cosa: “Dame para dar y no me dejes pedir nunca jamás”. Y todos los años mando dinero a Cuba. Lo he hecho toda mi vida. Yo no puedo dejar de ayudar a mi gente.

Dice que cuando triunfó la revolución le amenazaron con veinte años de cárcel. ¿Qué hizo? ¿Asesinar a alguien?

-Compré el terreno para la casa, lo marqué todo y puse los cimientos. Un día fui y me encontré allí a un tipo poniendo piedras y cosas, y le dije: “¡Eh!, ¿qué tú haces aquí?”. “A mí me mandó fulano del Gobierno”. Le digo que no puede ser porque eso es mío. Viene un policía y me dice: “Aquí nadie tiene nada, señor. Todo esto, y toda Cuba, es del Gobierno”. Y cualquiera te lo decía. Luis Yáñez, que trabajó conmigo y era amigo mío, me apuntó con una ametralladora para que yo abriera una bolsa en la que llevaba un poco de pollo para mi hija Miriam. Todo era “patria o muerte, venceremos”, y al que no le guste, que se vaya. Y cuando te ibas a ir, porque yo ya me quise ir en julio del año anterior, que él entró en enero, te pedían el pasaporte para ponerle la visa y no te lo devolvían. Me pude ir de milagro con un falso contrato de trabajo en México.

Carlos Galilea

El País Semanal, 5 de octubre de 2008.

Video: A Mayra, dedicada a su hija Mayra Caridad Valdés, una de las mejores voces de jazz de Cuba. "Cuando ella lo escuchó se echó a llorar", contaría después el pianista. Uno de los números del disco Bebo de Cuba; los otros son: Ar ni Froken Pehrson?, Rose Marie, Cachao, creador del mambo, Devoción, El son de Cecilio, Ecuación, Copla No. 4, Nocturno en batanga, El solar de Bebo, Kabul y Lorenzo, El quitrín (Haciendo patria) y La mula.

viernes, 17 de mayo de 2013

La memoria del sabor


"Yo estaba apartado, vivía en Suecia, tocaba en el ballet, durante quince años fui pianista de una cadena de hoteles, por el día tocaba un rato con el ballet, estaba casado, tenía hijos, tenía que comprar una casa", dice Bebo Valdés sobre su prolongada ausencia de los centros tradicionales de la música latina. En esta apretada conversación, en el escaso tiempo disponible entre entrevistas a propósito de la presentación en Barcelona de su último disco, El arte del sabor, haciendo gala de excelente memoria sobre nombres, lugares y momentos, hace énfasis en reivindicar a muchos cantantes olvidados y al auténtico creador del mambo.

Un punto de inflexión en su vida artística la marca una llamada de Paquito D'Rivera en 1994 para proponerle un disco. Tres o cuatro días después, Bebo Rides Again estaba grabado. Al poco tiempo vuelve a encontrarse con Paquito para el disco Cuba Jazz donde toca por primera vez, después de más de treinta años, con su hijo Chucho.

El saxofonista Eladio Reinón también forma parte del reencuentro con Bebo: grabó dos discos con él, Acere y Afro Cuba Jazz Suite, en 1998 en Barcelona. En el 2000 es protagonista del documental y el disco Calle 54. En 2001, edita El arte del sabor junto a Cachao -con quien comparte edad, 83 años- y Patato Valdés, pocos años menor. Se siente satisfecho con su vida en Estocolmo donde "las nietas se han cogido la casa para ellas". Desde el número 8 del Passeig Colom de Barcelona, el 29 de marzo de 2001, Bebo Valdés en sus palabras.

-Chico, en Cuba pasaron cosas en lo que tiene que ver con la música. Una de las que más me sorprendió fue el comienzo de los Irakere de mi hijo en el 73. Y las estrellas como Paquito y Sandoval y el pianista este, cómo se llama, uno que es mulatico, muy bueno, que era competidor de Chucho, más o menos de mi color... Gonzalo Rubalcaba.

Emiliano Salvador también fue muy bueno, pero prácticamente no salió de Cuba.

-Bueno, para empezar eso. El problema ha sido -es- que la música no cambió mucho. Cambiaron los nombres. Pero lo que más me sorprendió fue lo de los cantantes. Nosotros siempre definimos nuestros cantantes por estilo, pero ellos, por razones que yo no entiendo, pusieron a uno como ídolo total. La razón no la conozco porque ya yo no vivía allí. Pero mira, hay muchos. Como los boleristas: Miguel de Gonzalo, Reinaldo Enríquez -posiblemente el mejor cancionero que ha dado Cuba, el mejor filin; Fernando Álvarez -de los últimos del grupo del filin, especial cancionero; Wilfredo Fernández, cancionero; René Cabel...

-Después tú tienes en afrocubano, a los reyes que fueron Oscar López; Miguelito Valdés; este que no triunfó mucho... Miguelito García. Después, el son, donde teníamos a Miguelito Cuní y a Abelardo Barroso, reyes, pioneros y creadores.

En Guaguancó, a los Muñequitos, a Carlos Embale; en las guajiras teníamos a Celina Reinón. O el primer cantante de mambo que se hizo popular en Cuba que fue Orlando Guerra Cascarita, de Camagüey. Y así...

-Entonces, ¿cómo es posible que en un país donde hay tantos géneros y estilos hayan puesto a un hombre ídolo de todos? Muy bueno, nadie se lo niega. Fue buen cantante de mambo. Viéndolo desde el punto de vista musical, de músico, uno concluye que la marginación de unos y el éxito de otros es a veces un asunto político, por una razón que desconozco.

-En ese tiempo se empezaron a dar las cosas así. Si tú tenías una orquesta, te imponían a alguien dentro. "Pero si tú no eres músico ¿cómo tú me vas a enseñar a tocar piano?" me preguntaba. Y te podían decir "Óigame, hágame un arreglo para esta tarde que va a cantar fulano", no te queda más que decir: "¿qué es eso? ¿qué tú estás diciendo?". Esas cosas no son comprensibles. Así yo no podía seguir. Yo entiendo las cosas como son. Cada cual tiene sus razones. Pero para mí es inexplicable.

-Yo soy un hombre democrático totalmente. Mientras tú no infrinjas la ley, haz lo que te dé la gana y lo que tú quieras. Ahora, no me obligues a mí a hacer lo que tú haces. Eso es todo.

-El montunero más grande que ha dado Cuba fue Miguelito Cuní. No hay nadie que haya cantado un son montuno en Cuba como Miguelito Cuní... Ni como Abelardo Barroso. Pero esto se olvidó. Se olvidaron completamente, estando ellos en vida y viviendo allí, no como otros que se fueron como Celia. La mejor de todas. La única persona en Cuba que la supera fue Rita Montaner, porque era buena en todo. Además era pianista de concierto, cantante de ópera, pero cantaba guaguancó también y era santera. Ella era de todo. Le decimos Rita de Cuba. Y ella lo sabe y no lo niega.

-Todo el mundo dice que Pérez Prado fue el creador del mambo pero no es así. Nosotros somos de la misma época los tres. Mira, el danzón se tocaba de una manera. El mambo es la tercera parte del danzón. Y lo hicieron Orestes e Israel López, Cachao. El asunto del mambo fue separar el violín el piano, el bajo y que esa polirritmia suene como un solo ritmo. El danzón, ese de la charanga, fue Antonio María Romeu que le introdujo el piano, siempre clásico, y todos los pianistas de aquella época tocamos Tres lindas cubanas, que fue escrito por él. Ese es el padre de este estilo de danzón que se llama orquesta típica o charanga. Han venido muchos, pero él fue el creador y enseñó a tocarlo como se toca.

-La invención de los López, que abrió el camino de los mambos fue desintegrar lo que había. Por esa época se llamaba "último trío"; todavía no tenía nombre. Entonces, el piano tocaba un tumbao acá, el violín hacía una cosa, la flauta otra, el güiro no hacía el cinquillo y el timbal, en vez de baquetearse en el segundo tiempo, en el cuarto, y la campana, cuatro. Eso fue totalmente nuevo. La gente no lo sabía bailar. Como tenía cierre, cuando paraba, la gente también, y no bailaba. Estuvieron seis meses que tenían problemas. Yo fui a un baile con ellos a Santa María y la gente casi los pitaba. Pero al tiempo empezaron a bailar y fue como por quince años lo más popular que se hizo en Cuba en charanga. Ya después esos pasos los siguió Aragón, pero incorporando voz.

-El primer danzón de ese tipo que llevó el nombre se llama Mambo y es de Cachao y del hermano. Entonces, cómo es posible que si un individuo no crea nada, lo puedan llamar el "Rey del mambo". Eso es cuestión de negocios. Pérez Prado fue un buen arreglista, tenía mucho swing y se merecía el triunfo, pero esto no le daba licencia para usurpar un nombre que no le corresponde. Eso nunca se lo hemos perdonado a él.

-El mambo tuvo dos revoluciones. La primera, la que ya te conté, la segunda es esta: Roderico Neira en 1946 inventó la coreografía del mambo con las Mulatas de fuego. El mambo no tenía coreografía, la puso él. Esa coreografía, en película, la mostraron María Antonieta Pons y Ninón Sevilla en algunas películas mexicanas, con muchísimo éxito. René Hernández y yo fuimos los arreglistas de las Mulatas de Fuego. Pero Pérez Prado fue el que metió el hit.

-Xavier Cugat, que era catalán, se casó en Cuba con Rita Montaner y murió aquí, y ninguna orquesta en aquel tiempo ganó el dineral que ganó él. ¿Las razones?, no sé, no me las preguntes, fue el que más ganó. Ahora, di lo que tú quieras, habrá muchos cantantes buenos como Oscar D'León y otros, pero ningún cantante gana ni siquiera la mitad de lo que gana Ricky Martin. El asunto es dar el hit, y ya está.

-No sé de qué manera ni por cuáles mecanismos ocurre, pero el público decide ciertas cosas. Como con Elvis, no cantaba mal, pero no lo puedes comparar con Frank Sinatra ni con Bing Crosby ni con Tony Bennett, pero a veces influyen otros factores como el físico. A veces, los buenos, buenos llegan a viejos teniendo éxito. Los otros se quedan en el camino. Ahora, creo que estos hacen bien, si yo fuera bien parecido y diera un hit, haría lo mismo. No los critico.

-Ya yo había visto a Paquito. Cuando él se exilió aquí en España, una de las primeras cosas que hizo fue llamarme por teléfono -Chucho y él casi que se criaron juntos porque su padre y yo éramos como hermanos-. Me dijo: "Tuve que hacer esto", lo interrumpí y le dije. "Paquito, no me digas a mí eso, porque ya yo entiendo el porqué. Yo lo hice, tú lo haces y cualquiera lo hace, ¿eh?. En lo que yo te pueda ayudar... Supongo que te irás a Estados Unidos que es donde tienes que irte". Me dijo que sí porque allá tenía a sus padres y a sus hermanos. Le dí las direcciones de mis amigos para contactarlo allá con el mundo de la música. Era lo que podía hacer por él. Le dije además: "Quédate ahí y no salgas hasta que saques el pasaporte porque yo con el papelito ese que tuve que viajar de exiliado, las pasé negras. en todos lados te van a parar, óyelo bien".

-Cuando Paquito me llama para el disco es porque tenía un problema. Él ya estaba con Brenda Feliciano en ese tiempo y andaba muy agitado con una serie de conciertos y muchísimos compromisos porque se estaban comprando la casa que ahora tienen en New Jersey. Lo llaman recordándole que tenía que grabar en noviembre de 1994 y ya era como el 20 o el 21, no tenía nada escrito y tenía que tocar también no sé en qué lado y no iba a poder tener nada para la fecha exigida. Entonces me llamó y me dijo: "Por lo que existió entre tú y mi padre, ayúdame con esto porque sé que tú puedes hacerlo y rápido". Pero justo en ese tiempo yo ya me había retirado.

-Le dije que no, porque ya no me interesaba: "Mira Paquito, ya yo estoy retirado ya a mí no me interesa eso. Tal vez si me das más tiempo..." Y él me insiste: "Tú siempre has tenido composiciones ahí...". "Sí", le digo yo, "pero no están instrumentadas". Bueno, el resultado fue que pasé rato sin dormir: los arreglos los terminé en el avión y en la primera noche de hotel. Así, en 36 horas salieron ocho arreglos: uno al piano solo, otro acompañado con el trombón, con Juan Pablo Torres y un tema que toqué solo con el guitarrista. Así, de emergencia, salió el disco.

-"¿Qué nombre le ponemos?" me pregunta Paquito. "El que tú quieras", le digo. Se pusieron en eso y me enteré después que le habían puesto Bebo Rides Again, para que empezara a cabalgar otra vez en esto de la música. Esa es la historia de ese disco.

-Yo no conocía a Eladio Reinón, pero el asunto para que salieran estos discos siento que comenzó hace ya mucho tiempo: En 1962 estuve en Barcelona -haciendo arreglos para Hispavox- venía de México y trabajaba para la filial allá. Un día fui a un club donde me dijeron que tocaba un buen pianista. Era Tete Montoliu con un quinteto; muy bueno el hombre ¡con una técnica!. Me presentaron y también toqué con ellos cosas de jazz. A él le gustó mucho aunque teníamos estilos distintos. Por esas cosas de músicos nos hicimos amigos pero no lo vi más nunca. Estando yo en Portugal me enteré que había muerto. Cuando llegué de regreso a casa me llamó desde Barcelona Jordi Pujol, de Fresh Sound. Me dijo que tenían programado un disco con Tete Montoliú y Eladio Reinón y habían pensado que yo podía sustituirlo. Acepté y vine aquí. Así grabamos el primero, Acere, y luego, como yo tenía la Suite y no la había grabado, a ellos les gustó la idea y salió el segundo disco con la big band de Eladio. Hicimos muy pocos conciertos, después me enfermé y tuve que dejarlo.

-Los tres conocemos cómo se tocaba el estilo que manejamos en el disco desde hace muchos años. Cuando era popular, la tumbadora no formaba parte de las orquestas. Así que en este proyecto añadimos la tumbadora considerando que tendría el sonido de Patato. Como una especialidad de Patato. En la presentación del disco en concierto en el Miami Film Festival el pasado 2 de marzo, cuando tocamos el potpourrí de guarachas, la gente lo cantó a coro, se volvió loca. Se cayó aquello. Los jóvenes se entusiasmaron mucho y los viejos hasta lloraban y nos preguntaban que cómo nos acordábamos de eso y de la manera como se tocaba.

-A pesar de esto, esa noche fue muy mala para nosotros porque cuando acabamos el primer show -que lo habíamos prolongado mucho, entusiasmados- hubo una llamada urgente dando la mala noticia de que la mujer de Cachao se había caído y se había partido la cadera. Cachao salió corriendo de ahí y dejó bajo y todo. Así que, aparte de la desgracia, teníamos que hacer el segundo show. Casualmente encontramos a un bajista venezolano, Ramsés Colón, que dio muy bien la talla. Muy bueno y se adaptó cantidad. Agarramos a Puntilla para que cogiera el güiro, y lo pusimos a cantar guaguancó y salimos del paso. Salió bien aunque no como la primera parte, pero ese bajista, qué lindo tocaba y qué técnica tenía.

-En mi época, en los cuarenta, ya hacíamos eso, pero le llamábamos Afro Cuban Jazz. Siempre le llamé así. Mario Bauzá también. Porque eso no era latino. Era cubano puro, porque la tumbadora y el bongó y todo eso se toca muy bien en el resto de América pero es original nuestro. Claro, también tenemos música en común.

-Mario Bauzá conoce a Gillespie en Nueva York, en el momento en que éste estaba teniendo problemas con Cab Calloway. Mario que ya era su amigo, lo metió en la banda de Chick Webb, a la que él pertenecía. Cuando Chano Pozo fue con Miguelito en 1946 o 1947, tenía intenciones de quedarse en Estados Unidos, y Miguelito lo estaba ayudando. Cuando Chano vuelve ya con la residencia, en un ensayo que lo invitaron, cogió la tumba, y de ahí salió Manteca, mitad Chano mitad Gillespie -Gillespie, amante de la tumbadora y la música cubana, le daba a la rumba como rumbero, que Chano lo enseñó-.El nombre para esa época no era bebop, era cubop.

-Cuando el Afro Cuban jazz se empieza a difundir por América Latina, se empieza a llamar Latin jazz. Y bueno... ahora se llama Latin jazz y se acabó.

Pablo Larraguibel
Anapapaya, marzo de 2001.

Video: Priquitín pin pon, del disco El Arte del Sabor, grabado en 2000 en Nueva York. Bebo Valdés contó con la coloboración de otros grandes de la música cubana: Israel López “Cachao”, Carlos “Patato” Valdés y Paquito D'Rivera.

miércoles, 15 de mayo de 2013

"Estoy aprendiendo mucho de los flamencos"



Bebo Valdés ha forjado su carrera a golpe de éxitos. Íntimo de algunos de los personajes que han cambiado el curso de la historia de la música cubana y el jazz latino, los mayores elogios le llegan de manos de algunos musicólogos que lo emparentan a los cimeros compositores decimonónicos cubanos como Saumell, Cervantes o Romeu. A sus 84 años y medio, sus dedos añosos y algo artríticos, pero aún ágiles, son capaces de atacar escalas endiabladas o tumbaos originales del mambo que inventó Cachao López. Desde que los flamencos lo han acogido en su seno su sentir musical se ha revitalizado y engrandecido. Siempre luminoso en sus circunloquios pianísticos, Bebo Valdés cristaliza en forma de disco su colaboración con Diego el Cigala. El resultado, Lágrimas Negras, un disco de boleros conspicuos bajo diversos tamices estilísticos. Quejío con fundamentos tropicales, duende y sabor, negritud y esencia jonda en los que el cante y el toque se persiguen y se encuentran, se acarician, se besan y se funden en un solo sueño.

En sus tiempos de formación musical algunas de sus influencias más importantes provienen del acervo español. ¿Qué música le impactó más?

Manuel de Falla, Joaquín Turina e Isaac Albéniz. Falla por sus arreglos, tenía una técnica muy francesa basada en lo español, parecía alumno de Albéniz. Este último y Turina me encantaban porque me llegaban al corazón. Sin embargo, si tengo que elegir a uno de ellos, me quedo con Falla, para mí es el mejor de todos.

¿El flamenco apareció en su vida haciéndole revivir aquellos amores de juventud con la música española?

(Risas) Puede decirse que sí, pero de aquellos grandes compositores hasta el flamenco pasaron algunos años, concretamente, hasta que un muchachito flamenco (Diego el Cigala) me escuchó tocar con Chucho y Cachao López el bolero Lágrimas Negras y me comentó que él quería aprender. Yo desde el principio le dije que por qué no. Entonces el primer encuentro se produjo en casa de Fernando Trueba. Tocando con Dieguito empecé a descubrir semejanzas entre la música cubana y la española. Por ejemplo, que hay una cadencia malagueña que es exactamente igual que el guaguancó nuestro. Como en otros muchos casos, existen similitudes rítmicas y armónicas gracias a las influencias africanas e indias. Así, naturalmente empezamos a tocar bulerías, seguiriyas y guajiras que aquí llaman colombianas.

Pero, además en ese hilo conductor que enlaza el flamenco con el afrocubanismo, existen otras analogías entre, por ejemplo, el tango y las comparsas o entre la rumba flamenca y los cantos "de nación" de origen yoruba...

Sí, yo creo que todo eso se debe a que en Cuba la colonización empezó en 1509. Además de todo lo que mencionaste no hay que olvidar un género eminentemente español que viajó a Cuba y que se llamó habanera. Ocurre lo mismo que con la contradanza, pero mientras la habanera recaló en La Habana, la contradanza entró por Santiago de Cuba proveniente de Haití y de Francia. Los terratenientes haitianos se establecieron en Santiago y Guantánamo portando consigo a sus esclavos. Estos negros que trabajaban en las plantaciones de caña o añil tenían sus músicas que eran entre otras muchas, la contradanza al estilo africano y el son-changuí. Pero con la contradanza existen versiones contradictorias sobre su origen. Algunos musicólogos cuestionan su origen francés y dicen que proviene de la "country music" inglesa. Yo sin haber podido probar nada considero que es ciento por ciento francesa.

Demos un salto a la modernidad y hablemos de Paquito de Rivera, él fue el principal responsable de su vuelta a los escenarios internacionales tras más de veinte años de apartamiento...

Paquito un día de 1994 me llamó y me pidió que lo ayudara ya que tenía una presentación musical y le faltaban piezas originales. Yo le respondí que estaba fuera de eso, que hacía años que no había compuesto nada. ¿Pero tienes ideas? Sí, ideas tengo unas cuantas. Entonces me puse a registrar mi material y en 36 horas preparé algunas piezas como 'Oleaje', una obra para piano solo. El disco era para Paquito, pero él finalmente me cedió los créditos y así finalmente salió 'Bebo Rides Again' (Bebo Cabalga de Nuevo, en su traducción del inglés).

Usted participó muy activamente en la vida musical de las décadas de los 40 y 50, en los tiempos anteriores a la Revolución. ¿Qué recuerdo guarda de aquella época?

Cuba en aquellos tiempos era muy frecuentada por los americanos, especialmente de noviembre a marzo. Ellos venían y se metían a rumbear, a jugar en los casinos... por aquel entonces yo ya andaba metido en el jazz, aunque también estaba asimilando la rutina de la calle, el boogie-boogie, el danzón, la rumba. Ahí comencé a trabajar con Cachao en una orquesta que formamos en 1937 en la que él "desintegró" el mambo a su manera con esos bajos locos que él metía. Luego vino la orquesta de Camacho, pero yo no dejaba de estudiar. En 1943 entré en el grupo de Wilfredo García Curbelo, "Curbelito". Por esos años ya estaba terminando mis estudios, había terminado armonía y empezaba con el contrapunto y la orquestación. Yo no estaba acostumbrado a variar de tonos en el medio de un show así que, a la fuerza, tuve que pasar de la universidad del conservatorio a la universidad de la calle.

¿Fue en ese tiempo que Norman Granz, el mítico productor de jazz, le enconmendó grabar una sesión?

Eso fue un poco más tarde en 1952. No puedo decir que lo viera. Llegaron una "pila" de americanos a nuestro show del Tropicana y nos contrataron para grabar la primera descarga cubana de la historia. Como un mes más tarde, la sesión se grabó en unos estudios habaneros, pero sin la presencia de Granz, que no sé por qué, no pudo viajar para supervisar el set. Fue una típica descarga cubana entre rones y cervecitas... buena de verdad.

Usted ha señalado alguna vez que no es lo mismo el afrocuban-jazz que el latin jazz, ¿cuáles son las diferencias entre ambos?

Afrocuban-jazz era lo que nosotros tocábamos cuando improvisábamos sobre bases rítmicas cubanas, lo mismo que Mario Bauzá hacía en Estados Unidos, pero el problema principal tiene que ver con el "business" porque a las disqueras de toda América Latina les convenía el término latin-jazz. Eso incluía a todo el continente y aseguraba un número mucho mayor de ventas

En ese sentido, ¿cree usted que músicos como Xavier Cugat o Dámaso Pérez Prado sacrificaron la complejidad rítmica y "aguaron" el jazz-afrocaribeño en aras de la comercialidad?

Bueno, no sé, yo puedo hablar especialmente de Pérez Prado, provenía de Matanzas, hacía muy buenos arreglos, quizás en su ida a México, cuando le llegó la fama descuidó algo la calidad de su música. Xavier Cugat, era más caricaturista y agente de Hollywood que músico, aunque su show tuvo muchísima aceptación y ganó mucho más dinero que cualquier artista cubano.

El que fue más artista que comerciante fue Benny Moré, la voz sonera de Cuba. ¿Es cierto que cuando Benny vio tocar a su hijo Chucho, chiquito, le espetó: "¡Oye, ése chico va a tocar mejor que tú!"?

(Entre risas) Eso fue lo que él dijo... A Benny lo conocí en 1945, yo estaba trabajando para una radio como arreglador de plantilla. Miguel Matamoros necesitaba un (vocal) segundo porque el suyo se había enfermado. Benny lo sustituyó. Su mérito fue impresionante porque él tuvo que aguantar mucha lucha como guitarrista callejero. Nadie pensó que pasaría de eso a liderar su propia orquesta. Sin embargo, aunque sabía dar entrada a su orquesta, él no era director, el que se encargaba de eso era su arreglista, Generoso Jiménez. Por la época en que yo estrené (el ritmo) "batanga", él vino a pedirme trabajo pues Mercerón lo había echado de su piquete. Yo hablé con Paquito Gutiérrez y ahí empezó con nosotros en la radio. Despúes de esto el Benny triunfó.

Si hablamos de Bebo no podemos dejar de mencionar la saga pianística de los Valdés. Primero su hijo Chucho, ya consagrado y ahora, ¿también su nieta?

Sí, es increíble. La hija de Chucho, Dayane, que es su gran apuesta personal, ganó un primer premio de piano clásico en Italia con 19 años. Hace poco Chucho me la presentó, ella me miró a los ojos y me advirtió que iba a seguir la estela de Chucho y mía en el jazz. Pero no me lo dijo como buscando consejo, sino afirmándolo. Claro, ella quería que yo convenciera a Chucho para que la deje seguir ese camino... Por ahora, te puedo decir que tenemos una cita -yo ni lo sabía- en el Festival de Jazz de San Sebastián el 27 de julio. En primera instancia, vamos a estar Chucho con su grupo y yo con el de Cigala, pero parece que también habrá un encuentro a tres pianos entre Chucho, su hija yo.

Algunos críticos han señalado que su forma de tocar entronca más con los pianistas "neoclásicos" cubanos del siglo XIX como Romeu o Saumell que con los jazzistas del siglo XX...

Todo es una cuestión de estilo. Cuando yo hice la "batanga" dijeron que era lo más adelantado que había en Cuba. Pero yo no me puedo olvidar de Ernesto Lecuona o Romeu, ellos marcaron el territorio que después pisaríamos los demás.

Centrémonos en el disco que acaba de salir a la calle, Lágrimas Negras, donde los boleros coquetean con el flamenco. ¿Por qué un disco de boleros y por qué Lágrimas Negras?

Lágrimas Negras, porque es un bolero clásico de Miguel Matamoros y queríamos darle una lectura diferente, en lo posible, a las cientos de versiones que existen. Además, ese bolero enloquece al Cigala. Y el resto de boleros... porque los he tocado durante toda mi vida. Te puedo decir que la gente está entusiasmada con este show, tiene partes muy emotivas, en las que el público llora. y partes muy guaracheras.

A la hora de tocar bulerías, tanguillos u otros palos, ¿cómo se implementa la adaptación en su piano?

En lo básico, en el estilo, no cambio nada, intento mantener la forma. Otra cosa es que cambie algo las armonías para embellecerlas. Estoy aprendiendo mucho de los flamencos. Entre Dieguito, el Niño Josele, El Piraña, me estoy metiendo en su mundo y ellos en el mío. Mira, esto me lo regalaron ellos -nos muestra orgulloso una estampita que porta atada a su muñeca derecha-, pertenece a una cofradía de gitanos de Almería. Ellos me dicen que yo soy de ellos y yo les digo que también ellos son míos (hace una pausa). Lo increíble es que son muy musicales. Mira, sin ir más lejos, el Niño Josele, no fue nunca al conservatorio y es un concertista de los mejores.

Para concluir, ¿qué proyectos maneja para el futuro?

Yo no tengo proyectos de futuro sino de presente. Yo pienso hacer de todo mientras Dios me dé vida. A mi edad no estoy para hacer planes a largo plazo. Claro que voy armando números de dos meses en dos meses. Lo que sí te digo es que todavía voy a dar guerra porque ya están grabados otros tres discos míos este año. Uno con mi big-band, otro de violín y piano solos y uno más con un noneto. Cada disco muestra una faceta mía. Todo eso me lo sugirieron Nat Chediak y Trueba y por suerte se pudo hacer. Ahora sólo pido que Dios nos ayude y que podamos seguir juntos mucho tiempo.

Ezequiel Paz
Flamenco-world.com, julio de 2003.
Video: La bien pagá, de Ramón Perelló y Ródenas (España, 1903-1978). Una de las canciones del disco Lágrimas Negras (2003).

lunes, 13 de mayo de 2013

Bebo Valdés en la televisión española


Fue hace cinco años, en 2007, en La 2 Noticias de TVE, con Mara Torres y Carlos del Amor, dos de los mejores periodistas culturales de la cadena pública.

viernes, 10 de mayo de 2013

Cuando Bebo Valdés pensó ser taxista (II y final)



Rose Marie Pehrson era hija de un capitán de caballería, que había estado destinado cerca de la frontera con Noruega, en Värmland, durante la guerra, donde había conocido a quien iba a ser su mujer. Tuvieron tres hijas. Rose Marie era la segunda. Cuando Bebo la conoció, ella solía ir a bailar con sus amigas dos o tres veces por semana. Frecuentaban Nalen, el legendario palacio de baile, meca del jazz sueco hasta que al principio de los 60 se convirtió en un lugar de música pop.

En junio de 1963, sin embargo, la temporada de los bailes en las pistas al aire libre estaba en su apogeo, el parque de atracciones de Gröna Lund estaba abierto, y Rose Marie iba al restaurante Tyrol a escuchar a los Lecuona Cuban Boys. A ella le había gustado el grupo y había ido varias veces. "Dos muchachas se acercaron para decirnos que les gustaba mucho cómo tocábamos y que nos querían invitar a un café". Bebo entonces invitó a Rose Marie a una copa en el Hotel Strand. Para los dos la experiencia fue muy buena. Había química entre ellos.

Era una situación potencialmente difícil. Bebo tenía 44 años y Rose Marie 18. Él era negro y ella blanca. En la Suecia de 1963 no existía esa clase de parejas. Pero funcionó, en gran parte gracias a los padres de Rose Marie. Su madre estaba entusiasmada porque le encantaba Nat King Cole. El padre de Rose Marie se mantenía algo más distante, pero pronto aceptaría a Bebo. "Empezamos a salir y un día apareció con sus padres. Ellos me dijeron que estaba muy ilusionada y que le dejaban un mes para que se viniera de gira conmigo y así comprobar si nos llevábamos bien. Me la llevé a Finlandia y allí le dije que pensaba que podría ser una buena madre y que quería que se casara conmigo. Ella aceptó y seis meses después de conocernos nos casamos".

El 5 de julio, Bebo pidió la mano de Rose Marie. La boda se celebró el 1 de diciembre de 1968 en Hökarängen, un suburbio de Estocolmo, y Bebo se quedó en Suecia, pero no en ese momento. Los Lecuona Cuban Boys tenían un contrato de dos semanas para actuar en Lyon, Francia, y un par de semanas más en Barcelona. El matrimonio Valdés tuvo que partir al día siguiente de la boda.

Los años 60 fueron un calvario para Bebo. Tuvo que empezar su carrera de nuevo y sin poder hacerlo al nivel que le correspondía. En el ambiente musical de Suecia no tenían cabida los inmigrantes cubanos que tocaban música latinoamericana. La música preferida era música americana bailable y rock. A partir de 1965, Bebo encontró un representante que había dejado su puesto en la oficina estatal de empleo para llevar los negocios de cuatro o cinco orquestas, "un representante sueco fantástico, Per Norberg. Conocido en el gremio como Knobben, nadie se acordaba de su nombre. Debió de significar muchísimo para Bebo", dice Ove Hahn.

Per Norberg fue el representante de Bebo hasta 1968, pero incluso más tarde hicieron algunas cosas juntos. Gracias a Norberg, Bebo consiguió un contrato con la cadena hotelera Reso, para la que tocó el piano desde 1965 hasta 1968. Fueron años de mucha faena: "ni un mes de vacaciones". Tenía que mantener a la familia. Bebo también interpretó música de ballet para Lia Schubert en su academia de baile durante un año y medio, cuatro horas al día cinco días a la semana, durante sus estancias en Estocolmo, "por 25 coronas la hora. Lia era de las grandes y conseguía lo que se proponía. Era divina como bailarina y como persona".

Ese mismo año, 1968, nació Rickard, el segundo hijo de Bebo y Rose Marie. Estar de gira con dos hijos pequeños resultó demasiado pesado. "A veces no veía a Rose Marie durante un mes o dos. Durante los primeros siete años no tenía ni un día de descanso, porque éramos pobres y había que pagar los instrumentos". Bebo había comprado un órgano Hammond que llevaba consigo.

En enero de 1968, cuando la familia se encontraba en Lulea, al noreste de Suecia, recibió una llamada de teléfono de los padres de Rose Marie en la que les decían que habían encontrado un piso para ellos. Rose Marie se marchó con sus hijos a Estocolmo y estuvieron separados hasta marzo. Al año se compraron el piso que siguen teniendo hoy en Brandbergen, al sur de Estocolmo. Entonces Bebo sólo actuaba en la capital y Uppsala. Después de algunos compromisos en el sur de Suecia, entre 1971 y 1972, dejó de actuar fuera de la capital durante el año siguiente.

No había tenido ningún compromiso en Estocolmo en 1972. "Yo tocaba en todos los lugares que había en Estocolmo, hoteles y bares. Lo más importante para mí fue mi familia. Tocaba de todo: clásico, ópera, cubano. Todo lo que quería escuchar el público. Siempre fue un público bastante internacional". La música que interpretaba Bebo había pasado de moda tanto en Suecia como en otros países. Estaba de moda la música pop. "Tocaba muy poca música cubana. Había que tocar sobre todo música bailable. De 7 a 8 de la noche tenía que tocar el piano solo. En esa época, en Suecia no se podía tocar nada más que hasta las 12 de la noche. Estaba prohibido tocar después. Eran cosas americanas, fox-trot… Había que tocar mucho pop también, porque los Beatles estaban en su apogeo, y Elvis Presley, muchas cosas de él también".

Bebo estaba confuso y no sabía qué hacer. No podía dedicarse a la enseñanza porque su sueco era defectuoso y estaba pensando en ponerse a trabajar como conductor de autobús o taxi. Gracias a Dios no lo hizo. En cambio, le ofrecieron un contrato de un mes para tocar en el restaurante Tegnér en diciembre ese mismo año (1972).

En 1978, Bebo vio a su hijo Chucho en Nueva York por primera vez en 18 años. No se habían visto y tampoco se habían hablado desde que Bebo dejara Cuba en 1960. Entonces Chucho tenía 19 años y nunca le había escrito una sola línea a su padre: "Yo estaba aquí en Suecia con Rose Marie. Mi hermano me llamó y me dijo que mi madre estaba muy grave. Y al otro día me llamó mi cuñado y me dijo: ‘Tenía 92 años, y se fue, Bebo’. Entonces llamó mi hermana de Nueva York, que hacía 20 años que no la veía, y me dijo: ‘Bueno, mamá murió y hace 20 años que no te veo. Yo sé que tu madre era lo más importante en tu vida. Júrame por ella, entonces te creeré, que vas a venir a verme’.

"Prometí contestar al día siguiente. Salí a hablar con Rose Marie: ‘Vamos a ir para hacer una misa a mi madre’. Antes de llegar a Nueva York mi hermana puso un anuncio en el periódico cubano de Nueva York en el que decía que yo iba de visita y que los que quisieran llamarme podían hacerlo. Cuando yo llegué allí me llamó la madre de Paquito D’Rivera y me dijo que Irakere iba a ir a los Estados Unidos. Yo era muy amigo del padre de Paquito. Tocábamos juntos por los años 30 y seguimos siendo amigos toda la vida. Paquito venía a Nueva York con Irakere. Mi hermana y yo nos pusimos de acuerdo para que llevaran a Paquito a un lugar cerca del Metro y donde nos podíamos ver. Compramos entradas para Carnegie Hall para que yo viera a Chucho también. Eran 18 años".

Cuando Bebo fue a saludar a Chucho después del concierto enseguida hubo complicaciones: "Allí estaba ese de la camiseta colorada que siempre va con ellos, el comisario político, y me dijo: ‘¿Usted ya ha visto cómo formamos a su hijo?’. ‘Me alegro mucho -le contesté, pero ¿cuándo fue eso? Porque Chucho tocaba el piano cuando tenía cuatro años, y a los 16 entró en una orquesta que se llamaba Sabor de Cuba, que era mía. Y su primer maestro fue Óscar Muñoz Bouffartique’. Y entonces le pregunté a Chucho: ‘¿No fue así, Chucho?’.

"Pero yo ya sabía más o menos que él no podía decir nada. No fue fácil. No había hablado con él por teléfono, solamente con mi madre, pero con él no, en Cuba. Cuando nos vimos fue como un desconocido y como si yo no supiera quién era. Pero era un padre que veía a su hijo. Fue muy emocionante, como se pueden imaginar. Tenía mucho miedo de que mi persona le hiciera daño en Cuba. Para él fue igual, las dos cosas: emociones y miedo. Tenía miedo porque mi nombre estaba prohibido en Cuba".

Bebo tardó muchos años en volver a ver a sus hijos cubanos: 18 en ver a Chucho, 30 en ver a Mayra; y pasarían 36 años antes de que pudiera ver a Miriam y a Raúl; y con Ramón, que vive en Nueva York, perdería el contacto.

Bebo tocó en el Hotel Sergel Plaza entre mayo de 1985 y febrero de 1990, cuando consideró que había llegado la hora de retirarse: "Dejé los restaurantes". Desde el punto de vista musical habían sido años muy duros para Bebo. A las personas que frecuentaban los restaurantes no les interesaba la música latina y nadie quería escuchar jazz. "Pues, ustedes que en alguna ocasión han estado con la cabeza baja después de una reunión de negocios y demasiados tragos, piensen que han escuchado a una leyenda", escribió Boel Janérus de Dagens Nyheter en su homenaje a Bebo el día de su 80 cumpleaños. "Mi vida ha sido de ostracismo en Suecia, tocando en hoteles, hasta que me llamó Paquito D’Rivera en 1994 para grabar el disco Bebo Rides Again".

Nota.- Fragmentos del libro Bebo de Cuba. Bebo Valdés y su mundo, de Mats Lundahl, que salió a la venta el 9 de octubre de 2008, día del 90 cumpleaños del músico cubano. Ese mismo día fue homenajeado en la Casa de América de Madrid, donde tocó el piano. En la semana siguiente fue presentado el disco Juntos para siempre (Sony), de Bebo y Chucho Valdés. El 23 de octubre de 2008, padre e hijo iniciaron una gira por siete ciudades españolas. Tomado de Magazine, suplemento dominical del periódico El Mundo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Cuando Bebo Valdés pensó ser taxista (I)



Forzado a salir de Cuba tras la revolución, el artista recaló en Suecia, donde se casó con una mujer 26 años más joven. Fueron días difíciles para el pianista. Una de las mejores manos izquierdas del jazz tuvo que tocar en hoteles, en cruceros y en clases de ballet.

Se planteó dejar la música para conducir un autobús o un taxi. La monumental biografía Bebo de Cuba recorre ése y otros episodios de la vida de una leyenda que el jueves 9 de octubre de 2008 cumple 90 años. Extraemos los capítulos que narran su salida de la isla y la vida en la fría Suecia.

Bebo fue objeto de claras amenazas: "Cuando me fui, ya me habían amenazado con 20 años de cárcel, como hicieron con muchos amigos. Mira, aquí damos paredón a cualquiera, eso era lo que te decían los que iban vestidos de paisano, que tenían mucho que ver. Un día fui a una transmisión a la radio, y al entrar me ponen la metralleta y me dicen: ‘Tú no puedes entrar’. Y digo: ‘Pero, mi orquesta toca a las siete'. Y responden: ‘Aquí la única persona que no está integrada eres tú’. Ésa era la palabra. Y tenías que ir a donde te mandara el miliciano, y hacer lo que te dijera. Yo estaba muy mal visto. Los mejores amigos, yo no los critico y los quiero, pero se quedaron. Así que paredón y 20 años de cárcel, y entonces llamé a Reiter (Frederick Reiter, productor, representante y amigo de Bebo) y lo preparé todo para irme. No se lo dije a nadie, ni a mi orquesta ni a mi hijo. No podía".

Para Bebo el final llegó después de un mitin al que asistió una gran multitud en La Habana en 1960: "Un día vino a casa un capitán de la guardia revolucionaria. Quería que yo le acompañase a la plaza, donde Castro estaba dando un discurso. Le pregunté si habría música y me contestó que Castro era música. Me exigían que me afiliara al Partido. Mi libertad de movimiento se estaba disminuyendo".

Uno de los propósitos del mitin era demostrar al mundo el enorme apoyo popular que tenía el nuevo régimen. Se habían propuesto como meta reunir a un millón de personas, meta inalcanzable sólo con bellas promesas, había que presionar. Los autobuses partían de la sede de Radio Progreso para llevar a los empleados a la Plaza Cívica. El mitin coincidía con uno de los dos días libres de Bebo y él no tenía la más remota intención de ponerse a disposición de la revolución: la política no le interesaba.

La negativa de Bebo se saldó con una dura reprimenda por parte del nuevo director de Radio Progreso, un nombramiento político. Bebo percibía que la hora de partir se estaba acercando. Debía irse. "No tengo nada en contra del pueblo cubano, de los cubanos. Tenía sólo un problema. Siempre he dicho lo mismo. No me gusta el régimen y punto. No digo que sea bueno ni malo, sólo que no me gusta".

El 26 de octubre de 1960, Bebo Valdés abandonó Cuba en compañía de Rolando Laserie y Tita, la esposa de éste. Pilar, su mujer, y Raúl, su hijo, les llevaron al aeropuerto. La versión oficial era que Bebo y Rolando viajaban "para cumplir un contrato en México", un contrato que no existía. "Bebo dijo que tenía una gira por México con Laserie y Pío Leiva. Iba a estar un tiempo en México, hasta diciembre. Eso fue lo que me dijo", asegura su hijo Chucho. Antes de irse, Bebo tuvo que firmar un documento en el que decía Que viva la Revolución. "Yo lo firmé, qué iba a hacer. Si no firmo no me voy. Me registraron de arriba abajo. Si hubiera llevado un peso cubano tampoco me hubiera ido".

Así que Bebo llegó a México sin un peso en el bolsillo. Sólo se trataba de marcharse. "Pero una vez allí nos hacían un contrato". Bebo y Rolando empezaron en La Terraza Casino. Juraron solemnemente que no regresarían jamás a Cuba y rompieron sus pasajes de vuelta con la Compañía Cubana de Aviación. "Yo fui uno de los primeros músicos que se fueron de Cuba. Fue difícil pero inevitable. Abandonar a tus hijos y abandonar tu casa con un contrato incierto y sabiendo que no podías volver más a tu tierra. Hice como Cortés en Veracruz cuando quemó las naves. Me dijeron bien: ‘O te vas o vas preso o te fusilamos. O estás con nosotros o no estás’. Yo tuve que escoger. Mi padre me dio un abrazo y me dijo que no le iba a ver más. No lo vi más. La última vez que habló conmigo, en 1977, mi mamá dijo que nunca olvidara lo que fue mi padre y lo que yo fui. Yo sabía que todo lo iba a perder, pero si tuviera que tomar una decisión de nuevo tomaría la misma decisión, y nada me remordería".

Los Lecuona Cuban Boys (grupo al que Bebo se había incorporado en 1962 estando en España) llegaron a Suecia el 17 de abril de 1963. Habían sido contratados por Ove Hahn, el jefe artístico de Gröna Lund, el parque de atracciones más antiguo de Suecia y el número dos en cuanto a visitantes y extensión. Con cuatro orquestas activas al mismo tiempo, era un lugar que ofrecía amplias oportunidades de trabajo a los músicos.

Como empleador de músicos en Suecia sólo lo superaba Radio Suecia. Gröna Lund fue construido en 1883. Al principio fue un proyecto de aspiraciones muy modestas, pero con el transcurso de los años la actividad se expandió. Los años 30 fueron una época de prosperidad. Los negocios marchaban bien y la empresa se consolidaba. La élite del jazz sueco tocaba regularmente en sus pistas de baile.

Los espectáculos de Gröna Lund, que continuaron con éxito durante la guerra, pronto dejaron de tenerlo. Alrededor de 1960, cuando la empresa estaba prácticamente al borde de la quiebra, un cambio generacional en la dirección del parque llevó a la modernización de las actividades, a una ofensiva publicitaria dirigida por un jefe de publicidad de 25 años y a una oferta de actuaciones de gente de fama mundial lanzada por un director artístico de 26 años, Ove Hahn. Estos cambios anunciaron una nueva era dorada. Louis Armstrong, Count Basie y Duke Ellington actuaban allí con frecuencia y, al acabar los conciertos, el público de Gröna Lund podía bailar al son de sus orquestas. Uno de los establecimientos más importantes del parque era el restaurante Tyrol.

En el Tyrol, la orquesta tocaba entre las 8 y las 12 de la noche. El contrato original era de dos semanas, pero una vez más los cubanos tuvieron mucho éxito, incluso cuando tocaron para la familia real de Suecia, y el contrato se prolongó durante bastante más tiempo. La banda actuó también en Gotemburgo para el vicepresidente de Estados Unidos, Lyndon Johnson, que estaba de visita allí. El mismo Bebo estaba muy impresionado.

Según Ove Hahn, la visita de los Lecuona Cuban Boys en 1963 "fue una de las actuaciones más memorables que se dieron en Gröna Lund. Había muchos caballeros apuestos en la orquesta, y eso implicaba que hubiera muchas damas en el público, lo que a su vez implicaba que numerosos chicos vinieran a Tyrol para ligarse a las chicas que venían a ver a los músicos. De ahí el gran éxito.

En el sentido literal de la palabra, se veía a la orquesta. Un número que fascinaba era cuando los músicos tocaban las maracas. Apagaban las luces. Las maracas estaban provistas de bombillas, de manera que lo único que se veía eran las maracas moviéndose en la oscuridad. La música que se tocaba era de muy buen gusto. La de Lecuona es exquisita, se contaba con un buen repertorio. Y cuando Bebo fue arreglista, todo estuvo muy logrado. Además, era un pianista solista muy destacado y tenía unos números para poder lucirse, unos verdaderos números de show-off.

En junio de 1963, Bebo conoció a la Señorita Pehrson en el Tyrol. Se llamaba Rose Marie. Era muy hermosa y Bebo perdió la cabeza: "Había una razón grande para quedarme en Suecia. Tenía cinco hijos en Cuba, todos reconocidos por mí, pero nunca me había casado. Ya iba a cumplir 45 años, me estaba poniendo bastante maduro. Era un poco mujeriego. Entonces cogí una mujer joven para no tener problemas. Siempre le fui fiel. Si no, no me hubiera casado. Era una mujer muy joven y bellísima".

lunes, 6 de mayo de 2013

Mis recuerdos de Bebo Valdés



Para fines de los años setenta, estaba tratando de encontrar información para mi libro Música cubana: Del areyto a la nueva trova. Historia de la música cubana, que saldría en 1981. Especialmente me interesaban los artistas que habían salido de Cuba a principios de la revolución, y situados la mayoría de ellos en la Florida y otros países caribeños. Pero uno, del que sabía que era pianista, compositor y arreglista destacado, que además había creado un nuevo género musical, el batanga, estaba nada menos que en Suecia. Era Bebo Valdés. Consigné esos datos en el libro, pero me quedó la curiosidad de saber algo más sobre él.

Gracias a Rosendo Rossell, conseguí su dirección y comencé a cartearme con él. En el verano de 1983, emprendí un crucero por el Báltico con mi familia, de esos en que cada día se llega a un puerto, se desembarca a ver la ciudad y al atardecer se regresa al barco. Así llegamos a Estocolmo. Al desembarcar, en una mañana nublada y fría, pese a ser en junio, vi en el muelle a un hombre alto, enfundado en un abrigo, que me esperaba. Era Bebo Valdés. Mi familia siguió con el resto de los turistas a visitar la ciudad, pero yo me pasé el día conversando con Bebo.

Para aquel entonces, había entrevistado muchos músicos y artistas cubanos en el exilio, tanto en Puerto Rico donde vivo, como en Estados Unidos y otros lugares del Caribe; ninguno más modesto que Bebo, al que casi se le dificultaba hablar de él, y ninguno con la mirada más triste, cuando se mencionaba a Cuba. Tal parece que ya sabía que no regresaría jamás a ella.

Entre otras muchas cosas, hablamos de su esposa sueca, Rose Marie, 21 años más joven que él, y de sus dos hijos suecos, Raymond y Rickard, de sus trabajos y luchas desde su salida de Cuba, de sus pasos en Europa hasta establecerse en Suecia. Parecía un hombre resignado a su destino, a morir sin que pasara nada importante en su vida, en esa bonita pero fría ciudad.

Seguimos carteándonos. En enero de 1987, me contaba: "Estuve hospitalizado diez semanas… perdí el equilibrio y ni caminar podía debido a la inflamación de una vértebra de la espina dorsal… debido a eso se me quedó la mano izquierda un poco afectada para tocar el piano…"

Por ese tiempo, Bebo estaba pensando en retirarse. Pasaba largas horas tocando el piano en hoteles, lo que probablemente le había causado aquel daño. Así me lo decía en una carta, comentando que Chucho su hijo le recomendaba que no lo hiciera y diciéndole que parecía mentira que mientras pianistas blancos como Claudio Arrau y Alexander Brailovsky tocaron casi hasta su muerte, un mulato fuerte como él estuviera pensando en retirarse…

La vida de Bebo ha sido narrada en una biografía escrita por el sueco Mats Lundahl. En Bebo de Cuba. Bebo Valdés y su mundo (RBA Libros, Barcelona, 2008), Mats narra minuciosamente su vida, desde su nacimiento en Quivicán en 1917, hasta su retiro. Sus éxitos cubanos, sus tempranos viajes a Haití donde hizo una fecunda labor (y se informó de la rica música de ese país e hizo amigos para toda la vida), su regreso a Cuba, su carrera musical vertiginosa. Pues hubo un momento, a fines de los años 50, en que Bebo era uno de los más destacados músicos de Cuba tanto como pianista, director, arreglista y compositor: un caso único.

El libro cuenta también su salida de Cuba, junto a Rolando Laserie, en 1960. Su estancia en España, donde también se destaca, arreglando y dirigiendo la orquesta que acompañaba a la cantante chilena Monna Bell en varias grabaciones. Su ingreso en la orquesta Lecuona Cuban Boys como pianista y arreglista de la misma (la posición más importante en dicha agrupación), y sus giras por Europa hasta que Cupido le lanza uno de sus dardos, con el nombre de Rose Marie, y se une a ella y comienza su larga etapa sueca.

Cuenta Lundahl que en una entrevista que le hiciera en agosto de 1989 el sociólogo norteamericano Vernon Boggs, Bebo le comentó: "Llevo veintiséis años tocando el piano en hoteles… pero eso se acabó. Ya no actúo en hoteles, pero pienso seguir escribiendo música hasta que muera". La profecía fue cierta solo en parte. Bebo hizo después algunas grabaciones que no trascendieron en Suecia. En su correspondencia me hablaba de la suite que hacía tiempo estaba escribiendo, de música cubana.

Grabaciones, películas, premios

Pero a Bebo estaban a punto de sucederle cosas importantes. Visitó Nueva York en 1991 y allí lo entrevistó Max Salazar, quien le recordó que había sido él, Bebo, quien realizara las primeras grabaciones de Cuban jazz en La Habana, en 1952, con el número "Con poco coco" como primicia de este género. Algo que Bebo, por pura modestia, había olvidado completamente.

Ya por 1991 Paquito D'Rivera estaba pensando en hacer grabaciones con Bebo. Pero esto no llegaría a cumplirse hasta tres años después, cuando en un ciudad alemana, Ludwigsburg, al conjuro de Paquito se unieron (posiblemente por primera vez después de 1958) músicos cubanos que vivían dentro y fuera de Cuba. De la Isla llegaban Carlos Emilio Morales (guitarra eléctrica) y Amadito Valdés (timbales), y de fuera, Paquito (saxo), Juan Pablo Torres (trombón), Patato Valdés (tumbadoras), y otros. La estrella, sin embargo, era Bebo Valdés, y sus composiciones y arreglos. Muy propiamente, el título del disco fue Bebo rides again.

En las notas de ese disco, yo escribí: "Como pianista, Bebo es tan elegante como Lecuona, tan rítmico como los grandes maestros danzoneros, Antonio María Romeu y Cheo Belén Puig, tan inspirado y fiero tocando montunos como Anselmo Sacasas y Lily Martínez, y tan innovador como su hijo, Chucho Valdés, o Gonzalo Rubalcaba. Bebo es el gran maestro del piano".

Creo que aquel disco debió merecer un premio Grammy, pero la firma editora, Messidor, no tenía al parecer experiencia suficiente para manejar la publicidad y dar a conocer efectivamente el disco entre los miembros votantes.

A todas estas, Nat Chediak, el cineasta cubano que había puesto a Miami en el mapa de las ciudades que hacían grandes festivales de cine, conocedor también del jazz latino (como lo demuestra su Diccionario de Jazz Latino, único libro en su clase), había comentado conmigo varias veces su interés en grabar a Bebo. Ese interés era compartido por el director español Fernando Trueba, otro fanático del jazz, que conocía de la obra de Bebo por su amigo Nat. De manera que invitaron a Bebo a que formara parte del elenco del documental que filmaron en Nueva York —Calle 54—, con todo un elenco de estrellas del jazz y de la salsa, incluyendo como las grandes atracciones a Bebo y su hijo Chucho, y a Cachao, contemporáneo de Bebo y como éste, la figura máxima en su instrumento.

Con ambos, Cachao y Chucho, hace Bebo dúos. La película, terminada en 2000, fue un éxito rotundo. Como acertadamente Nat definiera a Bebo, usando el título de una famosa novela de John Le Carré, "El hombre que vino del frío" vino a calentar el ambiente musical del mundo entero. Y recuerdo que cuando se pasó la película en el Festival de Cine de Miami de 2001 el teatro estaba a reventar. Históricamente, en ese festival no se repetían las películas, solamente se pasaban una vez, pero hubo que hacer una excepción con Calle 54. Tal fue la conmoción que creó, y tuve la suerte de compartir aquella experiencia.

Con una visión tremenda, Trueba aprovechó la reunión de esos tres monstruos, Bebo, Cachao y Patato, y terminada la grabación de Calle 54, hizo con ellos otro disco, El arte del sabor, lanzado en 2001. Después, seguiría el descubrimiento fabuloso de la conjunción Bebo Valdés-El Cigala, grabado en parte en Miami —Lágrimas negras—, a los que le siguieron otros discos: Suite cubana y El solar de Bebo (estos dos reunidos en Bebo en Cuba), We could make such beautiful together (con el violinista Federico Britos), Bebo, Live at The Village Vanguard, y Juntos para siempre, con Chucho. Bebo ganó un puñado de Grammys y otros premios con ellos, todos grabados con más de 80 años de edad. Y vinieron otras películas además de Calle 54: El milagro de Candeal, Blanco y Negro y Bebo y Cigala en vivo. Más su colaboración especial en Chico y Rita.

Bebo nunca regresó a Cuba, pero paulatinamente fue reencontrándose con sus hijos, empezando por Chucho y sus hijas Mayra Caridad, y Miriam. Sin embargo, le faltaron hijos, nietos y biznietos por conocer o volver a ver. Los años empezaron a hacerse sentir, y Bebo fue retirándose, hasta que el artero mal de Alzheimer le atacara, agudizándose con la pérdida de su esposa, veinte años más joven que él, sucedida hace unos meses.

La última vez que lo vimos mi esposa y yo fue el verano del año pasado, en su apartamento en Benalmádena, Málaga. El alzheimer hacía mella en él, y no me reconoció de entrada; fue después que le mostré la portada de uno de sus discos de vinilo que le llevaba de obsequio, que me reconoció a través de la música. Al poco rato, fue al piano que tenía a pocos pasos, y comenzó a tocar, con la ayuda de su hijo Rickard que le proporcionaba partituras de los números. Pensé que no podía andar tan mal una mente que era capaz de darle, a cada segundo, órdenes diferentes a cada uno de sus dedos, y no pude contener algunas lágrimas. Así tocó por largo rato.

Pero el tiempo, el implacable, se fue imponiendo. Me contó luego Lundahl que, en visita que le había hecho recientemente, ya no podía tocar tan bien el piano. Y llegamos al final de su vida terrenal, porque su presencia en la historia musical de Cuba, del mundo, será eterna.

Si tuviera que definir a Bebo Valdés con una sola palabra, sería elegancia. Su música, su manera de tocar, tienen clase, son diferentes. No hay estridencias, hay intrincadas combinaciones, cambios inusitados, pero todo hecho con la gracia de un prestidigitador que mezcla y cambia acordes, ritmos y compases sin que nos demos cuenta. Es música relajada, que nos hace sentir en un tiempo feliz e infinito, que no acaba.

Cristóbal Díaz Ayala, San Juan, Puerto Rico
Diario de Cuba, 25 de marzo de 2013.
Foto: Del autor. Junto a su esposa Marisa y Bebo Valdés, cuando lo visitó en Benalmádena, en el verano de 2012.

viernes, 3 de mayo de 2013

Bebo y el secreto


“Cuando yo muera, no quiero que nadie llore. Quiero que hagáis una fiesta y bailéis y os emborrachéis”. Se lo oí decir muchas veces.

Bebo era un niño. No había más que mirar sus ojos traviesos. Tenía una sonrisa inmensa y contagiosa. Y era un hombre modesto. Siempre daba más importancia a los demás que a sí mismo. No era ambicioso. Aunque orgulloso sí. Sobre todo de su hijo Chucho. Y del trabajo bien hecho. Era un profesional impecable. Siempre puntual, elegante, con los deberes hechos, amable con todos. En el hermoso documental biográfico que le dedicó Carlos Carcas, Old Man Bebo, aparece Pío Leyva, uno de los muchísimos a los que ayudó a lo largo de su vida, y dice: “Bebo Valdés...” y la voz se le corta, las lágrimas brotan de sus ojos y añade como en un suspiro que le sale del alma: “¡Qué buena persona!”.

Probablemente a Bebo eso le importaba más que todo, incluyendo la música, su obra, su carrera... cosas que no dudó en sacrificar a principios de los sesenta para que a su nueva familia no le faltase nada. No era un hombre religioso, aunque creía que detrás de todas las religiones había un único y mismo dios.

A Bebo no le gustaba hablar de política. Pero rara era la entrevista que no le preguntaban por Cuba, Castro... “Yo solo quiero hablar de música. No soy político”. Alguien le dijo una vez: “Entonces usted no piensa volver a Cuba mientras Castro esté vivo”. Bebo, sorprendido, lo miró: “¿Por qué usted dice eso? Sí, yo podría volver a Cuba con Castro vivo, perfectamente. Incluso con Castro de presidente. Eso sí, siempre que sea porque los cubanos lo han elegido”. ¿Es posible una mayor limpieza moral?

Una vez le convencí de hacer un disco de piano solo. Fueron días maravillosos, los dos solos por estudios de ensayo y de grabación en Madrid, sin preocuparnos de nada, solo de la música. Ned Sublette (autor de Cuba and its music, para mí el mejor libro que existe sobre la música cubana) se me acercó un día en Nueva York y me dijo: “Quiero decirte que Bebo es el mejor disco de música cubana nunca grabado, en cualquier época, en cualquier lugar”.

Creo que en ese disco están contenidas el alma de Bebo y también el alma de Cuba. Desnudas, sin adornos. Fue lo último que oyó Cabrera Infante, ya enfermo, antes de morir en el hospital, en Londres. Y salieron lágrimas de sus ojos. Pensé: ha muerto en Cuba. Se lo conté a Bebo y le dedicamos el disco. Guillermo murió en Londres. Bebo en Estocolmo.

Su único credo político era la Constitución cubana de 1901 según la que “todos los cubanos son iguales, sea cual sea su raza, sexo o religión, con libertad de expresar su opinión de palabra o por escrito, viajar libremente dentro y fuera del país, etc, etc...”. Daba la impresión de que Bebo se la sabía casi de memoria.

La última vez que lo visité, en su casa en Benalmádena, de pronto me dice: “Chico, ¿sabes? me gustaría ir a Cuba”. No me lo podía creer. Jamás le había oído esa frase. “Me parece bien, Bebo. Ningún Castro puede impedirte que hagas lo que te apetezca. Aunque es un viaje muy largo. Y no te veo con fuerzas”. Pero me lo imaginaba abrazando a su hermano Arsenio, besando a sus hijos, a Miriam, a Mayra, a Raúl, a sus nietos... Y también a Carolina... “Me gustaría ir a ver a mis padres”. Entonces creí entender todo, le había fallado la cabeza, como ya le pasaba a menudo en los últimos tiempos. Pero no, Bebo estaba claro: “Quiero visitar su tumba”.

Le conocí cuando le ofrecí participar en Calle 54 y fue “amor a primera vista”. Entre 2000 y 2010 hicimos juntos ocho discos y cuatro películas. Viajamos, rodando y grabando, por España, Estados Unidos y Brasil, y hemos hablado horas, días, meses, desde el desayuno a la cena. Todos esos momentos son un tesoro para mí. Su humanidad, su bondad, su humildad, su alegría, su inocencia, eran desarmantes.

Era Cubano hasta el alma, pero amaba la música americana: especialmente Jerome Kern y George Gershwin. Pero también Cole Porter. También la española. Granados y Albéniz. Y Debussy. Y Rachmaninov. Y Lecuona y Cortot. Y amaba el jazz. Y aunque estuviese tocando música clásica, siempre improvisaba. Le gustaban Bill Evans y Hank Jones.

No era racista. Decía que alguna de la mejor “música negra” la habían compuesto blancos. Y que una de las mejores canciones cubanas -Romance en La Habana- era de un costarricense, Ray Tico. A veces me decía que se imaginaba descendiente de las antiguas tribus perdidas israelitas de Etiopía. Y eso sería la explicación de que durante toda su vida se hubiera entendido especialmente bien con los judíos, “ellos siempre me ayudaron”.

Cuando tocabas sus manos te daba la sensación de que ahí residía el misterio, eran fuertes y delicadas. Como su música. Bebo no tocaba el piano. Lo acariciaba. Su sentido del tiempo era mágico. Te dejaba suspendido entre dos notas. El alma se te encogía. Poseía “el secreto”. Algo más allá de la técnica o del virtuosismo. Con una nota te llevaba a otro continente, a otra época. Bebo era the real thing.

Yo tuve la inmensa suerte de conocer a Bebo Valdés, el privilegio de ser su amigo, y por ello le doy, una vez más, gracias a la vida.

Fernando Trueba
Foto: Bebo Valdés, en plena siesta, en un 'collage' fotográfico realizado por Fernando Trueba en su casa de Mallorca durante una visita del músico.
El País, 24 de marzo de 2013.
Leer también: Lejos del paraíso; Bebo Valdés no existe en Cuba y Será enterrado en Estocolmo junto a su esposa Rose-Marie.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Respuesta desde Ciego de Ávila, julio de 2003



La primera carta que Raúl Rivero recibió en prisión se la envié yo. Por ello fue a mí a quien por vez primera escribió. Utilizó el mismo sobre pequeño, amarillento, que le había puesto dentro de mi carta. El sello es de 75 centavos, cinco veces el valor requerido. En tonos sepias aparece Antonio Maceo. En dos hojas arrancadas de un cuaderno, sobre tenues líneas azules y respetando el margen izquierdo escribió mi amigo Raúl. Con un bolígrafo de tinta azul claro. Su letra menuda es más bien ilegible. Dice así:

Querida Tania:

Hace unas horas recibí tu carta y, en realidad, me dio mucha alegría. Algunas de las preguntas que me haces ya están respondidas porque Blanqui (su esposa Blanca Reyes) te habrá contado. En efecto estoy escribiendo poemas, generalmente de amor y de ex amor porque este es un sitio donde los recuerdos –buenos y malos- te visitan a voluntad. A veces hago textos poéticos con asuntos ingeniosos, literarios, sobre escritores, porque me paso muchas horas leyendo. He leído o releído textos importantes como La guerra y la paz, del viejo Tolstoi y El maestro y Margarita. La Antología de la poesía colonial (que yo le envié) fue un éxito. Me gustó mucho y junto al libro de Gastón Baquero los tengo como los más importantes de mi biblioteca particular.

Aquí en la prisión hay una biblioteca bastante bien surtida que utilizamos normalmente. He vuelto sobre la narrativa cubana del siglo XIX.

También escucho diariamente muchos sonidos de lugares queridos de mi infancia, porque estoy como comentas con Iván (mi hijo) en una especie de Viaje a la semilla. Tenemos un pequeño radio que escuchamos noticias por la mañana y, a veces, también las mesas redondas. Recibimos el diario Granma. En general, como te habrá contado Blanqui hay un trato respetuoso y profesional para los que estamos aquí. Claro, son condiciones difíciles, sobre todo los largos periodos de las visitas que comienzan ahora, pero, bueno, eso es lo que nos ha tocado.

No me acordé del aniversario de la desaparición de nuestro amigo Jesús, pero me acuerdo mucho de él, de su hijo, de Carlos.

Me alegro que sigas de abuelita al frente del comedor obrero de la Víbora y te recuerdo que sólo la realización de tus planes te librará de tu función al frente del fogón.

Te ruego que sigas ayudando a mi familia como hasta ahora y te lo agradezco mucho. También la selección de los libros. Espero que Pepe (José Prats Sarios) no me envíe próximamente Papillón. ¡Qué personaje!(Prats le había enviado El Conde de Montecristo).

Me le das un gran abrazo a Iván, a quien por prejuicios de viejo nunca le había dicho que lo admiro mucho profesionalmente. Besos para Tamila (mi hija) y para la negrita (mi nieta), que debe ser el motor básico de tu empeño.

Espero tu respuesta porque una carta de alguien siempre es muy importante, pero de alguien como tú es muy especial.

Muchos besos,

Raúl

El 18 de junio de 2003, cuando se cumplieron tres meses de la última vez que nos vimos –día en que comenzó la oleada represiva, él fue detenido el 20- mi hijo Iván y yo le escribimos. Pero sería fantástico si él recibiera cartas de amigos en otras partes del mundo. Deben dirigir su carta a:

Raúl Rivero Castañeda
Prisión Provisional de Canaleta
Carretera de Sanguily
Ciego de Ávila, Cuba

Una advertencia: la correspondencia pasa por la censura. Así que si usted quiere que le llegue, tenga cuidado con lo que expresa. Las cartas destinadas a los presos políticos cubanos -y sus respuestas- deben ser totalmente apolíticas.

Tania Quintero
Publicada en 2003 en la web de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Foto: Ciego de Ávila. Tomada de Arquitectura Cuba.