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jueves, 23 de marzo de 2017

La vida y secretos de Melania Trump


Una noche de septiembre de 1998, el fotorreportero esloveno Dusan Nograsek recibió una llamada que dio comienzo a lo que aún hoy considera fue una de las más extrañas historias que ha cubierto en el mundo del espectáculo. Una agencia de modelos lo invitó a él y a otros cuatro reporteros, a conocer en París a una exitosa modelo eslovena.

Desde Ljubljana, la capital de Eslovenia, los reporteros viajaron en un avión privado con los gastos pagados y se hospedaron en el lujoso hotel Lutetia de París. Después de una larga espera, vieron aparecer a la bella modelo en la suite 211.

Se presentó como Melania Knaus y pidió que no le tomaran fotos. “Nadie la conocía, nadie sabía quién era. Ahí nos dijeron su nombre, nosotros lo apuntamos'’’, recuerda el reportero.

El encuentro con los periodistas se convertiría en un curioso anticipo de algunas de las características que desde entonces han rodeado las intervenciones públicas de la esposa del candidato presidencial republicano, Donald Trump: sorpresas, secretos y contradicciones.

Un equipo de Univisión Investiga viajó a Eslovenia para conocer más detalles del pasado de Melania Trump. Amigos y conocidos de la exmodelo la recuerdan como una joven introspectiva y con poco encanto, pero muy inteligente, que creció en una familia modesta de padres estrictos y pensando en que su futuro estaba en otra parte. Al menos más allá de las fronteras del diminuto país de menos de dos millones de habitantes que sobrevivía bajo un "socialismo light'', como algunos recuerdan aquí la autocracia populista del mariscal Tito.

Una y otra vez escuchamos la frase de que Melania era una muchacha “común y corriente’’, introvertida, creativa, astuta. A veces inmodesta. A los intrigados periodistas que la conocieron en París en 1998, Melania les dijo que era una de las 50 mejores modelos del mundo, recuerda Nograsek.

Para el fotógrafo que la descubrió como modelo cuando tenía casi 17 años, esa clasificación fue exagerada. “No es real. Ella tenía poco tiempo como modelo y en tan poco tiempo no puedes estar entre las 50 mejores’’, dijo Stane Jerko, uno de los más prestigiosos fotógrafos de modelos del país.

Como prueba de la fama de la modelo, y a falta de fotos, los reporteros recibieron una portada de la revista Harpers Bazaar, en español, en la que Melania apareció con un blusa de tirantes de chifón negro que dejaba traslucir sus senos. Era la edición de agosto de 1997, realizada en México y que circuló en Sudamérica y en el mercado hispano de Estados Unidos. En las páginas interiores, no había ninguna entrevista con la modelo de la portada, solo una brevísima explicación en la que se referían a ella solo por su nombre: “A pleno verano, Melania, fotografiada por Manfred Gestrich’’. En la portada de la edición en inglés figuró otra modelo.

Trump ya era el novio oficial de Melania. Ella no habló de él durante la entrevista, pero hoy el reportero sospecha que todo el montaje del lanzamiento tenía el sello del magnate de Nueva York: avión privado, hotel de lujo, paseo por París para los periodistas. La situación no dejaba de ser extraña. Los periodistas estaban frente a una modelo desconocida que alegaba ser famosa, que no se dejaba tomar fotografías porque ninguno de ellos era experto y que lo único que tenía que mostrar para darse a conocer en su país era una revista en un idioma extranjero.

“Ella se despidió después de la cena y nosotros nos fuimos a hacer una ruta turística por París. Más tarde, por la noche fuimos al aeropuerto, durante el vuelo hubo bastante turbulencia y todos nos preguntábamos ¿qué fue todo esto?‘’, recordó Nograsek.

Eslovenia es un país en forma de gallina que se puede recorrer en tres horas. El trayecto atraviesa por pueblos acogedores y pintorescos que tienen huellas de varias culturas y las heridas de algunas invasiones. Los eslovenos no ocultan el orgullo de que su idioma ha sobrevivido a todas las formas del asedio exterior. Y a la dificultad de aprenderlo. En esloveno, por ejemplo, los nombres de las personas cambian según los tiempos de los verbos.

“Nosotros debemos luchar por nuestro lenguaje porque el lenguaje es nación’’, comentó el profesor Blaz Vogelnik, quien fuera profesor del primer año de arquitectura de Melania.

Por ese amor a su lengua, algunos eslovenos se disgustaron tras enterarse de que Melania le respondió en forma poco cordial, "English, please'', a un conocido magnate del país que se acercó a hablarle en su idioma durante una recepción en la Florida, según lo relata la biografía no autorizada de la exmodelo escrita por los periodistas Bajan Pozar e Igor Omeriza: Melania Trump - The Inside Story.

En defensa de Melania, una periodista que se identificó como Ksenia y quien vive en Raka, un pueblo del centro del país, dijo que Barron, el hijo de Melania con Trump, habla esloveno gracias a que su madre se lo inculcó para que se comunicara con sus abuelos que viven en Nueva York.

Ksenia contó que las primas de Melania, que también viven en esa tranquila villa rodeada de pastizales y viñedos, están muy agradecidas porque ella les envía a sus hijos la ropa que ya no usa Barron. “En los últimos meses esto ha sido un poco loco, toda la gente de todo el mundo quiere saber todo de Melania’’, dijo.

Es una premura explicable. A menos de tres meses de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, la vida de Melania se conoce a retazos. Hay algunos pasajes inéditos y otros que ella no ha aclarado. Hoy no se sabe cómo esta ex modelo, que podría convertirse en la primera dama, obtuvo la residencia en Estados Unidos. Tampoco está claro si tiene o no un título universitario.

Univision Investiga ha preguntado en dos ocasiones a la campaña de Trump sobre el historial migratorio de su esposa. La primera petición no fue respondida. Posteriormente, la oficina del abogado de Melania en Estados Unidos, Charles Harder, respondió todas las preguntas de un cuestionario excepto dos, la que indagaba por la manera en la que la señora Trump obtuvo la Green Card y otra que solicitaba los récords de su carrera en Eslovenia.

Melania fue la segunda de dos hijas del matrimonio de Viktor Knavs y Amalija Ulcnik, trabajadores de la ya liquidada fábrica gubernamental de textiles Jutranca en el pueblo de Sevnica, situado en el ala de la gallina. Ella era costurera y él chofer. La familia germanizó el apellido y ahora se firman Knauss. La modelo nació en abril de 1970 en el hospital de Novo Mesto un año después que su hermana Inés.

En Sevnica, donde pasó su infancia, la vida era apacible y segura, recuerdan sus amigas de la escuela. "Éramos niños, todo era dulce en esa época. Tuvimos una infancia muy bonita. Era un ambiente tranquilo. Teníamos casi todo lo que necesitábamos y algo más'’’, explicó Diana Kosar, compañera de la escuela primaria.

Ella recuerda que Melania era una niña madura y obediente que cosía los mejores vestidos para las muñecas siguiendo las virtudes de su mamá. “Era buena para todo lo que fuese creatividad. Nosotros no dibujábamos los vestidos, solo los cosíamos, pero ella los dibujaba primero, eran bosquejos muy buenos'’’, agregó.

A Melania, en medio del bullicio de los niños del barrio, le gustaba tomar respiros de soledad. “Necesitaba espacio y tiempo para ella. Leía o se quedaba pensando en cosas que luego dibujaba’’, dijo Kosar.

Los padres ocuparon un apartamento de dos habitaciones en Sevnica, un pueblo de 5 mil habitantes. Lo adquirieron a través del plan de viviendas de la hoy liquidada fábrica oficial de textiles Jutranca, para la que ambos trabajaban. Al nacer Melania, se mudaron a un edificio cercano con una habitación más que el anterior.

Viktor, el padre de Melania, era miembro del partido comunista. Varios vecinos coinciden en que se inscribió más por conveniencia que por convicción. Y en esa condición corrió el pequeño riesgo de meterse en problemas con el partido por haber bautizado a su hija. Ella fue bautizada en una iglesia católica de Raka como muchos de los miembros de su familia.

Para algunos vecinos que continúan viviendo en el barrio, fue una sorpresa haberse enterado recientemente, de que Viktor había tenido un hijo extramatrimonial que se negó a reconocer durante años hasta que un tribunal lo forzó a pagar su manutención basándose en una prueba de paternidad.

La historia del medio hermano de Melania, Denis Cigelnja, que ahora tiene 50 años y trabaja para una cadena de supermercados en Eslovenia, fue conocido por un artículo de la periodista Julia Ioffe en la revista GQ y por los biógrafos eslovenos de la ex modelo, citando documentos judiciales. Como parte de una ofensiva legal internacional que incluye a uno de los ex novios de Melania, los abogados de Trump han exigido a los biógrafos que remuevan la biografía de Amazon. Pozar respondió que no lo hará.

Melania siempre quiso irse de su pueblo. “Ella siempre supo que quería marcharse de Sevnica porque era muy pequeño para ella. Quería irse a Ljubljana, la capital, una ciudad grande para los del pueblo. Era su primera meta’’, dijo Kosar, su amiga de la infancia. Son pocos los amigos de esa época con quien Melania mantiene comunicación. Se sabe que intercambiaba mensajes con la que fuera su nana, ya fallecida, y con una compañera que vive en el Líbano.

Melania se estableció en la capital y fue aceptada para estudiar arquitectura en la Universidad de Ljubljana, luego de aprobar los estrictos exámenes de admisión. “Ella, sin duda, es una mujer muy inteligente porque nadie puede presentarse en nuestra facultad si no es suficientemente inteligente. Usted debe tener un IQ muy alto. No la subestimen’’, comentó Vogelnik, su ex profesor del primer año de carrera.

Vogelnik explicó que en la época en que Melania se matriculó, la carrera de arquitectura se demoraba casi ocho años en terminarla. En una entrevista en su casa, en una zona residencial cercana a la capital eslovena, el ex profesor, ya jubilado, habló con la irreverencia que dan los años.

Sostuvo que sólo puede dar fe de que ella asistió a clases el primer año, pero varias veces esquivó la pregunta de si a él le consta que terminó la carrera. Aunque no lo descartó. “Melania se dio cuenta que ésos eran los mejores años de una mujer hermosa para desperdiciarlos'', dijo.

Las dudas sobre el título académico surgieron después de que Melania en la televisión de Estados Unidos dijera que había terminado la carrera de arquitectura y lo puso en su página personal de internet. Ella quizás no contaba con que 18 años atrás, en la entrevista de su lanzamiento en París, su versión fue diferente.

“Surgió la pregunta de si piensa continuar sus estudios, si planea terminar sus estudios y en este punto respondió que ser modelo para ella era más importante que seguir los estudios'', recordó Nograsek.

El semanario Nedeljski Dnevnik, donde trabajaba Nograsek, reprodujo la respuesta nunca desmentida por Melania. “Yo me matriculé en la facultad de arquitectura, pero no terminé porque estaba más interesada en trabajar como modelo''.

Univision Investiga pidió los resultados académicos a la facultad de arquitectura y acudió a la sede para hablar con algún directivo. La facultad respondió que no puede revelar los documentos sin autorización de Melania. Una búsqueda en una base de datos oficial de tesis de grado, consultada por Univision en Eslovenia, no muestra ningún trabajo de Melania como requisito de graduación. Ella removió de su página la referencia a sus estudios académicos.

Melania no había cumplido los 17 años cuando fue abordada por un conocido fotógrafo de modelos que le propuso posar para él. “Mi ojo de fotógrafo profesional siempre buscaba muchachas para fotografiar, para la moda, para los anuncios, así que enseguida me fijé en aquella muchacha alta, delgada con una buena figura, piernas largas’’, recuerda con su voz calmada Jerko, durante una entrevista en su casa en Liubjiana.

Cuando sus amigos del mundo de la moda vieron las fotografías, la contactaron. El otoño siguiente, Melania, según el fotógrafo, hizo un curso para modelos y posó para revistas de moda. Jerko pensó en un principio que ella tenía un muy buen futuro en el modelaje, pero después de dos sesiones perdió un poco el entusiasmo, confesó.

“Su exterior era muy bueno como modelo de fotos, pero le faltaba una energía, un cierto encanto que si lo tienes, lo trasmites a través de tus ojos, a través de tu personalidad. Si tienes algo que viene del corazón, esto se nota en la fotografía’’, explicó el fotógrafo.

A Jerko siempre le intrigó que Melania nunca le hubiera pedido una sola de las fotografías que le tomó gratuitamente. “Nunca se puso en contacto conmigo ni me dio las gracias porque la descubrí y le ofrecí la posibilidad de llegar a ser modelo y que de alguna manera con su trabajo de modelo, con su cuerpo, llegó tan lejos que a lo mejor llega a ser la primera dama de Estados Unidos. “Y si se convierte en la primera dama de América, pienso que podría llegar a ser un verdadero ícono de moda’’.

Aunque por primera vez desfiló cuando tenía 7 años, con diseños de la fábrica textil donde trabajaba su madre, la carrera de Melania como modelo empezó oficialmente en 1992, cuando obtuvo el segundo lugar en el concurso esloveno El Rostro del Año. Bernarda Jeklin, que fue jurado del concurso, recuerda: “Lo único que me fascinaba eran sus ojos. Tiene unos ojos agresivos, no ojos de gato, tenía ojos de tigresa. Ojos peligrosos. Era muy flaca, sin busto’’.

Después de ese premio, Melania se lanzó al modelaje en Europa, pero es poco lo que se sabe de esa época. En su entrevista en París, ella alardeó de que su futuro inmediato estaba en el cine. Según Nograsek, dijo que había sido invitada por el director Craig Signer a trabajar en una película junto a Mickey Rourke, la estrella del momento por su éxito taquillero del film Nueve semanas y media. Univision contactó a Signer y él confirmó que Melania hizo dos audiciones para la película de mafiosos Good Night to Die, pero que no fue escogida por su inglés con marcado acento extranjero.

Paolo Zampolli, multimillonario italoamericano residente en Nueva York, es quizás el personaje más importante en la vida de Melania Trump. Por la época en que Melania recorría las pasarelas de Europa, a mediados de los años 90, Zampolli buscaba modelos para su agencia de Nueva York, él la entrevistó en Milán, Italia.

“Muy linda, muy seria. Le pregunté si quería venir a trabajar en Nueva York. Ella dijo 'Ya trabajé varios años aquí en Europa, en Alemania, Francia y Milán. Me encantaría, probar un nuevo mercado, estaba en mi sueño, el American dream’’, recuerda Zampolli.

Paolo Zampolli, que tiene la misma edad de Melania, recibió a los periodistas de Univision en su amplia casa de Nueva York donde además tiene su despacho de embajador ante Naciones Unidas de Dominica, una de las Antillas menores del Caribe. Él sostiene que Melania empezó a trabajar para Metropolitan, su agencia de modelaje, con una visa de trabajo H1.

“Ella trabajó solo con visa’’, aseguró cuando se le preguntó por otra de las declaraciones de Melania que desataron suspicacia sobre su historial migratorio. En esa ocasión, la ex modelo sembró la duda al ponerse ella misma como ejemplo de una inmigrante que cumple con las reglas en Estados Unidos. Melania dijo que en esa época viajaba con cierta frecuencia a Eslovenia a renovar sus documentos de inmigración.

Para abogados expertos consultados por Univision, la declaración sugería que la entonces modelo tenía una visa de turista, no de trabajo, pues la segunda no requiere presentaciones periódicas tan frecuentes. Zampolli cree que Melania estaba confundida cuando dio las declaraciones. Pero en la historia migratoria de Melania, queda una duda mayor. ¿Cómo obtuvo su residencia permanente o Green card?

Una historia que Zampolli dice desconocer, pese al importante papel que ha jugado en la vida profesional y personal de Melania. Zampolli no solo le ayudó a dar el salto a las pasarelas de Estados Unidos y sus abogados consiguieron, según él, la aprobación de la visa de trabajo, sino que se la presentó en 1998 a Donald Trump.

Tiempo después Trump nombró a Zampolli director de desarrollo internacional de la organización Trump. “Usted continuó siendo amigo y estando cercano a la familia Trump. ¿No podría suponerse que debería saber cómo obtuvo ella la Green Card si era tan cercano?, le preguntó este reportero.

En una mezcla de italiano y español, Zampolli respondió que no es un tema de conversación con la pareja, incluso que su estatus migratorio no lo discute con ellos: “En el mismo tiempo que yo conocí a Melania y Donald Trump, obtuve mi Green Card y después mi pasaporte: Nunca hablé con ellos cómo lo he hecho’’.

¿Por qué usted, que los conoce, cree que ellos no han aclarado cómo Melania obtuvo la Green Card?, le pregunto. “Es la primera vez que me hacen esa pregunta. Pensaba que estaba claro cómo ella ha obtenido la Green Card'".

Gerardo Reyes
Univisión Investiga, 11 de septiembre de 2016.
Foto: En agosto de 1997, antes de comenzar su relación con Donald Trump, Melania apareció en la portada de Harper's Bazaar en Español, editada en México y que circuló en Sudamérica y en el mercado hispano de Estados Unidos. Tomada de Univisión.



lunes, 20 de marzo de 2017

Ivanka Trump, la niña sin infancia




"Papá es mi héroe". Lo dice sin el menor asomo de duda Ivanka Trump, al filo de los 16 años, la hija de Donald Trump, princesa neoyorquina y top model -ha debutado en Nueva York con una colección de Ralph Lauren- en ciernes. El piloto de su avión privado espera bajo la lluvia la llegada de Ivanka. Y es que, cuando no está el padre, es la hija la que manda.

El Boeing 727 rueda hacia la pista de despegue e, instantes después, la calima neoyorquina se transforma en un cielo azul resplandeciente. Las vacaciones en la mitad de marzo, el 'spring break' de las escuelas americanas, le permiten a Ivanka ir a dorarse al sol de Florida, en su mansión de Mar A Lago, la inmensa propiedad de la familia.

"Suelo llevar a mis amigas dos veces al mes, cuando papá tiene sitio en el avión, porque también él invita a menudo a sus amigos, a Elizabeth Taylor o a Michael Jackson. Solemos repartirnos las 40 habitaciones entre nuestros respectivos amigos. Aunque yo siempre conservo la mía, porque tiene un televisor enorme".

A bordo, un mozo pasa una gran bandeja repleta de salmón ahumado, sandwiches, canapés, frutas y quesos. "¡No es nada fácil conservar la línea con todos estos manjares, aunque yo intento hacer mucho deporte para mantenerme en forma! Y por encima de todo, los estudios".

Cuando Donald Trump llega a casa y sorprende a su hija en la playa, Ivanka salta de alegría, se le echa al cuello y se sienta al lado de su padre para almorzar. "¿La prensa? Ya me he acostumbrado a que me fotografíen, después de los años pasados al lado de mis padres. Lo que no me gusta es que me sorprendan los paparazzi en situaciones íntimas y privadas". Ivanka escucha con suma atención a su padre hablar del concurso de Miss Universo que acaba de comprar. Pero a la jovencita no le interesa tanto el montante de la transacción como los contratos televisivos que su padre está negociando con las grandes americanas. "Quiero ser abogada", afirma de pronto.

Al principio, la casa tenía 102 habitaciones. Después, algunas de ellas se ampliaron y construyeron un enorme gimnasio. "Mamá tiene una casa a tres minutos de aquí. Es muy fácil hacerle una visita". Ivanka ha aprendido desde muy pronto las buenas maneras y ha sido mantenida al margen del público y de la prensa lo máximo posible por su madre Ivana, hoy casada con un empresario italiano. Sus relaciones con su madrastra Marla, son buenas, pero con quien realmente se entiende en profundidad es con su padre. "Mi padre es el más grande y el mejor. Es un padre formidable. Muy simpático y muy diferente de la idea que se hace de él la gente. También es un padre muy protector. El día que traiga un novio a casa, seguramente nos estará esperando detrás de la puerta con una escopeta de caza".

Castillo con golf, tenis, piscina, playa privada y teatro; escaleras y escalinatas, terrazas, cuadros, tapices, sofás de todos los tipos, lámparas de todos los estilos y colores, adornos y armaduras; recepcionistas, cocineros, chóferes, porteros, jardineros, masajista, vigilante de la playa y mayordomo; hectáreas de césped, palmeras, fuentes y obeliscos. Todo esto y mucho más es Mar A Lago. Construida en 1927 en estilo morisco tiene forma de cruasán con una cúpula sobre dos pisos unidos por una escalera de 25 metros.

Copia exacta de la Academia de Venecia, el recibidor tiene el techo dorado y sus siete tapices de seda del siglo XVI proceden de un palacio italiano. 36 mil azulejos españoles, algunos del siglo XV, decoran la entrada, las arcadas y las habitaciones. Los mármoles provienen de Cuba y la madera de puertas, vigas y techos es de ciprés de Florida. "Se necesita un poco de tiempo para acostumbrarse al fasto de la mansión, pero después, te encanta y ya no puedes prescindir de ella. Es como si estuvieses en un castillo del siglo pasado. Muy romántico, rodeada sólo de cosas bellas: silencio, paz y todo lo que más me gusta".

Ivanka y sus amigas se cambian rápidamente de ropa y se van, sonrientes y alegres, por el pasillo que une el parque a la playa. "A mi edad, la moda no es algo muy importante. Lo que más me interesa es la moda informal y cómoda. Por supuesto que como a todo el mundo, me encanta Gucci, pero prefiero la ropa de Dolce y Gabbana. Ser modelo no me ayuda a elegir, porque hay tantos modistos. En cualquier caso, lo prioritario son mis estudios. Suelo estudiar con música de Mozart de fondo. Desde que lo hago consigo mejores notas. Para estudiar no me ayudan ni Bob Marley ni Björk, pero me encanta escucharles".

"Mi signo del zodiaco es Escorpión (nació el 30 de octubre de 1981). Un signo que se entiende bien con los Géminis, como papá. Mi principal cualidad es la lealtad. Soy muy fiel con mis amigos y espero que ellos lo sean también conmigo. Mis comidas favoritas: tomates y mozzarella, patatas fritas, cream cheese, sopa de cebolla. No me importa estar sexy, pero sí bonita, no sólo físicamente, sino también internamente, a través de mis actos y mis relaciones con la gente.".

"Tengo un permiso de conducir parcial, es decir, que siempre que saco el coche tengo que ir acompañada de un adulto. Algún día me gustaría conducir un Porsche. La mujer a la que más admiro es Audrey Hepburn. ¡Qué clase y belleza la suya! Una vida impecable, una carrera formidable y, además, se ha volcado en organizaciones como Unicef". Ivanka y Donald van a jugar al tenis. Marla, su madrastra, su hija, sus amigas y dos guardaespaldas les sirven de público. "¿Que cuándo me lo paso mejor? Cuando le gano a papá al tenis en Mar A Lago.".

Papá Trump, más millonario, obstinado, arriesgado, prepotente, megalómano, divorciado y rico en escándalos que su querida hijita Ivanka, se ha convertido en el fantasma del mago de los negocios que fue. Al más puro estilo de la serie Dinastía, la vida de Trump está aderezada de rascacielos, casinos, un divorcio millonario, ruinas, rubias de bote, misses y actrices de clase B.

Donald John Trump (Nueva York, 14 de junio 1946), hijo de un empresario inmobiliario, casi al mismo tiempo a balbucear el tradicional 'papá' con 'dinero llama dinero'. El jovencito Donald, atento acompañante de papá en el trabajo, vio como su familia se hacía de oro comprando, vendiendo y revalorizando Nueva York entero. A los 28 años, heredaba el imperio. Se lanzaba a la caza y compra, construcción y bautismo -todos con el nombre Trump- de los edificios más emblemáticos de la Gran Manzana y los casinos más lujosos de Atlantic City. Torre Trump, yate Trump Princess, puente aéreo Trump; hasta un monopoly particular, Trump: the game.

El magnate de la propiedad inmobiliaria nunca se ha cansado de inflar con ceros sus cuentas de resultados, mientras la revista Forbes se encargaba de disminuirlo en sus listas de los más ricos de Norteamérica. Para dejar constancia de su sabiduría publicaba su biografía, Trump o el arte de vender y dos años más tarde, tenía que usar ese arte para venderlo todo, para hacer frente a sus acreedores. Era el anuncio de su descenso al infierno de las deudas. En una desesperada carrera contrarreloj por la bancarrota, vendió, empeñó, incumplió pagos, subastó y, para colmo, su divorcio de Ivana Trump -por culpa de su amante Marla Marples- le costó una millonada, un apartamento en Connecticut y una nómina vitalicia de casi 90 millones a favor de Ivana. En el 92, Forbes ponía al día su fortuna y la revisaba a la baja. Los números no mienten. Era la ruina.

En 1994, Trump tomaba aire y volvía a los titulares. Junto a unos socios japoneses, anunciaba que el Empire State pasaba a ser de su propiedad. En octubre de 1997 declaraba que había logrado remontar una cuantiosa deuda. Y este mes, Donald Trump, 51 años, acaba de lanzar en Estados Unidos un nuevo libro, Trump o el arte del regreso. "Nunca puedes tirar la toalla". Es su nueva consigna.

Enric Pastor
La Revista de El Mundo, 23 de noviembre de 1997.
Video: Ivanka Trump modelando en 1997.


"Hace cinco años que estamos investigando a Iván García"


Cuando llegó la citación para una entrevista con un oficial de la policía, entre el asombro y la incertidumbre, la familia de la joven pensó que se trataba de un error.

Les llamaremos Kenia, Pedro y Camila. Son vecinos del barrio y prefieren el anonimato. Pedro está jubilado, Kenia es cuentapropista y Camila ya terminó sus estudios.

A Kenia la citaron a una dependencia policial en la calle Finlay, en el Reparto Sevillano, muy cerca de donde radica el cuartel de la Seguridad del Estado conocido como Villa Marista.

“Al llegar, el hombre comenzó a acosarme y amenazarme, diciendo que andaba con extranjeros. Luego quiso recabar información sobre Iván García, ‘connotado contrarrevolucionario al que hace cinco años estamos investigando’. Quería saber detalles de su vida privada, de dónde sacaba dinero para reparar su casa. También, mi opinión sobre su trabajo como periodista independiente. En un momento lo calificó de 'terrorista' y aseguró que tanto él como su madre eran 'conspiradores'. Estaba bajo un estado de shock. Le respondí que él es amigo mío y de mi familia, y si eso que ustedes dicen es cierto, por qué no lo meten preso. El oficial que me entrevistó, joven, antipático y rasurado a lo militar, me respondió que por ahora no tenían pruebas, que contaban con gente como yo para que colaborara con ellos y les brindara más informaciones. Me negué a ser informante”, cuenta Kenia.

Con Pedro fueron más incisivos. “Me acusaron de darle información confidencial a Iván García, les dije que estaba jubilado hace cuatro años. Me amenazaron que podrían abrirme un expediente por colaborar en algunas de las notas periodísticas escritas por Iván. Al terminar la cita, me advirtieron que tuviera cuidado de no decirle nada a Iván, pues 'él puede salir ileso, pero tú, Pedro, viejo así como estás, puedes parar en la cárcel'”.

Sin aportar pruebas, a Camila le levantaron un acta de advertencia por acoso al turismo y prostitución. “No la firmé. Pero me dijeron que si sigo teniendo trato con Iván me van a procesar por prostitución. Me acusaron de proxenetismo y junto con Iván, de controlar a varias prostitutas quienes a cambio de dinero ofrecían datos de su trabajo. Todo eso es una mentira escandalosa. Por miedo, les prometí que borraría el teléfono de Iván de mi lista de contactos”.

A todos les advirtieron que próximamente volverían a citarlos. Les dije que cuando los citaran, me avisaran con antelación, para ir con ellos. Si quieren saber de mí, cítenme, es una bajeza amedrentar a personas inocentes.

En marzo de 1991, cuatro años antes de comenzar a escribir como periodista independiente en Cuba Press, estuve dos semanas detenido en una celda de Villa Marista, sede del Departamento de Seguridad Estado. Me acusaban de 'propaganda enemiga' y no llegué a ser enjuiciado. Pero a partir de 1991, por cualquier motivo era detenido.

Luego de un tiempo sin molestarme demasiado, el 22 de octubre de 2008, mientras en Prado y Teniente Rey un colega colombiano me entregaba unos libros enviados por Ernesto McCausland, prestigioso periodista, escritor y cineasta de Colombia (fallecido en 2012), tanto el colombiano como yo, fuimos detenidos por la policía y montados en un carro patrullero. A él lo liberaron enseguida, pero a mí me condujeron a la unidad de Zanja y Lealtad y durante 11 horas permanecí en un calabozo. Lo conté en Estado de Sitio.

Dos años más tarde, en agosto de 2010, se produciría el primer acoso por parte de la Contrainteligencia Militar. Entonces escribía para El Mundo.es/América, que publicó tres denuncias, la primera se titulaba Citación oficial. Tres años después, nuevamente sería acosado por los servicios secretos. El 18 de febrero de 2013, Diario Las Américas en primera plana publicó "Periodista de Diario Las Américas acosado por el gobierno cubano". A modo de testimonio quedaría este post en el blog Desde La Habana.

La Seguridad del Estado sabe donde encontrarme. Tienen mis teléfonos y la dirección donde vivo. Espero por ellos.

Iván García Quintero
La Habana, 19 de marzo de 2017.

Foto: Iván García y Raúl Rivero en una cafetería de Miami, el 17 de septiembre de 2016.

jueves, 16 de marzo de 2017

Abecedario de Trump



Absurdo, abusador, abusivo, acomplejado, acosador, adicto, adjetival, adolescente, aislacionista, alevoso, anti-afroamericano, anticientífico, anti-mexicano, anti-musulmán, anti-regulador, arrogante, artificial, autoritario, avaro, Bully, cínico, cobarde, colérico, delirante, demagogo, deshonesto, déspota, despreciativo, dictatorial, ególatra, evasor, falsario, falso, fascista, fóbico, grotesco, hipócrita, histérico, ignorante, impresentable, inatento, incomprensivo, incapaz, incontinente, inescrupuloso, infantil, infantiloide, inmoral, inseguro, insensible, insustancial, intolerante, irracional, loco, malhumorado, manicorto, megalómano, mentiroso, mezquino, mitómano, monocromático, monomaníaco, monosilábico, monotemático, narcisista, nepotista, ominoso, opresivo, opresor, ostentoso, paranoico, patán, plutócrata, populista, primitivo, procaz, psicópata, racista, rencoroso, represivo, resentido, ridículo, ruin, sádico, sexista, sicofante, sociópata, sórdido, tiránico, turbio, ultra-derechista, vanidoso, vengativo, ventajoso, vil, volátil, vulgar, xenófobo, zafio.

Enrique Krauze
Letras Libres, 20 de enero de 2017.
Foto: Tomada de The New York Times en Español.


lunes, 13 de marzo de 2017

La ventana rusa de Donald Trump


Con Donald Trump en la Casa Blanca se abre una ventana de oportunidad para revertir el peligroso deterioro de las relaciones entre los Estados Unidos y Rusia.

El 25 de octubre de 2017 se cumple un siglo del asalto al Palacio de Invierno de los zares en San Petersburgo. Aunque ha ignorado a Lenin y ha rehabilitado a Stalin, nada haría más feliz al presidente ruso, Vladimir Putin, formado en el KGB, escudo y espada del poder soviético, que tener ese día a su lado, en la ceremonia de conmemoración que se prepara en la ciudad donde nació, al nuevo presidente estadounidense.

Significaría que, a pesar del grave deterioro en las relaciones bilaterales desde la presidencia de George Bush, que rompió unilateralmente los límites de misiles antimisiles de 1972 para instalar el 'escudo' hoy desplegado tras su modificación por Barack Obama, su apuesta por el presidente estadounidense más prorruso en la historia de los Estados Unidos, mereció la pena.

Los primeros pasos -la invitación del Kremlin al equipo de Trump para que participe en las conversaciones sobre Siria convocadas para el día 23 de enero en Astana, Kazajistán, y un posible encuentro de los dos presidentes, en las próximas semanas, en Reikiavik, la capital de Islandia, ya se han dado.

Para avanzar, deberían reunirse pronto el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, y el nuevo secretario de Estado, Rex Tillerson, condecorado con la Orden de la Amistad en 2013 por Putin tras muchos años de colaboración al frente de la petrolera Exxon Mobil.

A nadie se le ocultan las dificultades para convertir este flirteo en una reconciliación sólida. Putin espera el levantamiento de las sanciones por la ocupación de Crimea y de dos regiones del este de Ucrania, el respeto de sus intereses de seguridad en Siria y el reconocimiento de una esfera de influencia en su periferia occidental ex soviética.

Para los pueblos de esa zona, que se libraron del yugo soviético hace sólo 26 años, y para la OTAN y la UE, que han incorporado a muchos de ellos como miembros, sería una renuncia tan humillante y peligrosa como la de Chamberlain ante Hitler en septiembre de 1938, pero no hay consenso y nadie sabe qué acabará haciendo el imprevisible Trump.

Sus reiteradas descalificaciones de la OTAN como una "organización obsoleta", sus más recientes pronósticos de que la UE se romperá este mismo año y su apoyo público al Brexit y al Frente Nacional de Marine Le Pen, las dos fuerzas que más daño están haciendo a la UE, justifican todos los temores.

La confirmación por los servicios secretos estadounidenses de ataques informáticos de origen ruso al Comité Nacional Demócrata para ayudar a Trump a ganar las elecciones y la expulsión de Estados Unidos de 35 diplomáticos rusos, apenas hicieron mella en la visión positiva de Trump sobre Rusia.

No sólo no apoyó la decisión de Obama ni el despliegue, pocos días después, de miles de soldados estadounidenses en Polonia, sino que, en declaraciones al Wall Street Journal, se ofreció a levantar las sanciones a Rusia si el Kremlin colabora en la lucha contra el terrorismo.

La política exterior rara vez es una prioridad en las transiciones presidenciales y en condiciones normales la Rusia de hoy -con una economía estancada, un producto interior bruto inferior al de la ciudad de Nueva York y un presupuesto de defensa diez veces más reducido que el de los Estados Unidos- ni se habría mencionado.

Pero no estamos en tiempos normales y Rusia, con razón o sin ella, se ha convertido en uno de los principales focos de tensión entre la Administración saliente de Obama y la entrante de Trump, y entre el nuevo presidente y la plana mayor del Pentágono y del partido republicano.

En el revuelto mar de tuits y declaraciones sobre política exterior y seguridad -ideas confusas o contradictorias más que planes elaborados-, hay dos promesas que Trump siempre ha mantenido alto y claro: retirarse de (o revisar) los principales acuerdos de libre comercio negociados por sus antecesores y recuperar buenas relaciones con Rusia, a cuyo presidente ha defendido contra viento y marea.

Valiente sin duda, pues apenas un 10% de los estadounidenses -un 40% menos que en 2002, según Pew Research- tiene hoy una opinión favorable de Rusia, lo que prueba la escasa o nula influencia de la política exterior.

Esa pobrísima imagen de Rusia en el electorado responde al bombardeo diario de noticias negativas sobre las acciones del Kremlin en el último decenio, que Putin justifica como medidas defensivas contra el cerco creciente de su país por la OTAN y por el incumplimiento de compromisos adquiridos tras la ruptura de la URSS, aprovechándose de la debilidad de nueva Rusia y de su caótico primer presidente, Boris Yeltsin.

El deterioro de las relaciones con Rusia y China es una amenaza mucho más grave para la seguridad internacional que la del terrorismo de origen islamista, por lo que, lejos de alarmarnos, siempre que se respeten unos criterios justos, los esfuerzos para evitarlo y revertirlos merecen ser apoyados.

Como explica el profesor Robert Legvold en su último libro, Return to the Cold War, por primera vez desde la guerra de Corea las fuerzas aéreas de Rusia y los Estados Unidos están actuando en el mismo espacio en posiciones enfrentadas. Más peligroso aún: se está remilitarizando la relación bilateral y, al mismo tiempo, se está reconstituyendo en Europa un frente central que entraña enormes riesgos.

En el mundo multipolar actual de nueve países con armas nucleares, esta escalada puede resultar más peligrosa que la de los inicios de la Guerra Fría y lo será mucho más si se rompe el sistema de seguridad europeo fundamentado en la OTAN y en la Unión Europea.

La transformación geoestratégica tectónica en marcha en la región Asia-Pacífico también entraña muchos más riesgos con Rusia y los Estados Unidos enfrentados que si cooperan.

Felipe Sahagún
El Mundo, 21 de enero de 2017.


La Escuela Primaria Superior No.16 llevaba el nombre del presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento. Radicaba en la calle Enamorados No. 215 entre Flores y Serrano, en la barriada de Santos Suárez, La Habana.

La sesión de la tarde funcionaba de 1 a 6. La dirección ocupaba la primera pieza, que habría sido la sala de la edificación original y tenía dos ventanas grandes que daban al portal, contiguo a la acera. La directora era la Dra. Clara Luz Sifontes. Había cuatro aulas, dos de 7mo. grado, una de 8vo. grado académico y otra de 8vo. comercial. Ninguna tenía ventanas y el calor en los meses de mayo a septiembre era asfixiante.

El primer día de clases fuimos objeto de novatadas, imitando a las que hacían en los Institutos de Segunda Enseñanza que entonces había en Cuba. Todavía no teníamos los uniformes de reglamento. Yo llevaba un vestido de saya y chaqueta color aqua y, advertida, me puse la chaqueta virada al revés. Los alumnos de 8vo. grado nos tiraron pintura. La esposa de mi primo materno, Lalita, fue quien me hizo los uniformes reglamentarios: saya azul prusia con tirantes anchos con el monograma EPS bordado y blusa blanca de mangas largas. Me negué a dejar hacerme un permanente más, pues me tenía el pelo quemado y reseco. Para mejorar mi cabello empecé a usar Tricófero de Barry (loción capilar creada en el siglo XIX, muy popular en Cuba antes de 1959 y que en otros países se sigue usando porque nutre y fortalece el cuero cabelludo, cura la caspa y evita la caída del cabello).

En 7mo. grado era el número 22 en la lista de asistencia. Ya no era la más chica de la clase. Ocupábamos la segunda aula. A las libretas, con letra gótica, les puse el nombre de la asignatura en la primera página, les dibujé una cara en tinta y las forré con papel de estraza. La maestra de historia, muy disciplinaria, nos llamaba por el apellido. En un examen tuvimos que escribir sobre la conquista del Perú, Francisco Pizarro y el inca Atahualpa, y la de México, Hernán Cortés y el azteca Moctezuma. La maestra de geografía era hermana de la de historia, pero más indulgente.

La profesora de gramática, de torso amplio, vivía en la calle San Indalecio. En su clase leímos el cuento Naufragio del libro Corazón de Edmundo De Amicis. Aprendimos el apócope de obediente y el antónimo de despedir. La maestra de física era delgada, el color de su piel me recordaba la guayaba, tenía el pelo castaño rizado. Ella nos explicó los cambios de estado de la materia, la sublimación del yodo, "la materia no se crea ni se destruye, solamente se transforma". Thamyris Cardelle López le obsequió una flor queriendo dárselas de maduro. Vicente Valdés, el maestro de matemáticas, parecía ser protestante, hablaba de la biblia, criticaba el catolicismo. Muy vagamente, de la clase de anatomía recuerdo los cuadros sinópticos de los sistemas óseo, nervioso, sanguíneo, digestivo... No recuerdo si teníamos o no clases de biología. ¿Las plantas monocotiledóneas y dicotiledóneas eran de entonces? En las clases de economía doméstica y trabajos manuales hice un álbum de fotografías, forrado en papel aterciopelado marrón con un cordón dorado y papel de diseño marmóleo verde, que todavía conservo. También confeccioné una pantalla de lámpara para mesa de noche, con placas de radiografía blanqueadas con cloro, cartulina azul claro y alguna calcomanía.

Teníamos clases de música, cantábamos el himno del 20 de Mayo, el Himno Invasor, La Bayamesa. Su letra no la he olvidado: ¿No te acuerdas, gentil bayamesa/ que tú fuiste mi sol refulgente/ y risueño en tu lánguida frente/ blando beso imprimí con ardor? La profesora de educación física se llamaba Petronila Gutiérrez; en el patio lateral hacíamos carreras y siempre ganaba una alumna gruesa llamada Amada o yo. Una compañera, Miguelina Prado Franquiz, que vivía mas lejos, paraba en mi casa camino a la escuela, para ir conmigo, pero yo casi siempre me demoraba y la hacía llegar tarde, y dejó de pasar a buscarme. A veces oía el inicio del programa de Chicharito y Sopeira del radio de alguna casa, mientras me apresuraba calle abajo por Flores.

Mi amiga inseparable en 7mo. grado fue Josefina Toledo Rodríguez, de tez blanca y pelo lacio muy negro. Era dos días mayor que yo, se sentaba en el pupitre delante de mí y vivía en la calle San Leonardo. Hablábamos tanto que nos apodaron Periquito y Guacamayo. Una vez nos llevaron al Zoológico.... de excursión, no para el aviario, jajaja! Tengo fotografías de aquel día. En un acto por el Día de las Madres tuve que leer una composición. Los dos alumnos que mejor nota sacábamos éramos Luis Lara Hayado, alto, al que apodaban Caña Hueca, y yo. Un día, sin una gota de modestia, Luis me dijo: "Tú eres el orgullo de las hembras y yo el de los varones". Recuerdo a Concha Chicola Suárez, alta, que vivía en la calle Zapotes; Gil Mateo de Acosta Alvarez, rubio; Caridad Cardentey, Carmen Simeón González, Carmen Ramón de Paz, Antonia González, que tenía las uñas muy largas, Mercedes Martínez Andreu, Marlene, mexicana, Jesús Quintana y Joaquín Raboso, primos. En ese curso quedé en primer lugar.

Hice un dibujo con tinta china de unos alumnos con el uniforme de la escuela y salió publicado en el suplemento dominical País Gráfico del periódico El País. Escribí cuatro poesías, pero solo recuerdo dos. Yo medía 5'4 de estatura. Había pensado matricular en la Escuela Normal para Maestros, en San Joaquín entre Pedroso y Amenidad, en El Cerro. Quería hacerme maestra, pero al finalizar el 7mo. grado, durante las vacaciones de verano, cuando tenía 13 años, me di cuenta de que no tenía paciencia para enseñar y decidí cursar 8vo. grado comercial e ingresar en la Escuela Profesional de Comercio de La Habana, sita en Ayestarán y Néstor Sardiñas y hacerme contador, para lo cual mi madre tuvo que redactar una carta de autorización (en un próximo post, algunos recuerdos sobre la Escuela Profesional de Comercio de La Habana).

Volviendo a la Escuela Primaria Superior. El maestro de rudimentos de comercio era delgado, un poco desgarbado. No se permitía borrar o tachar, cuando se cometía un error, había que escribir "digo". Las prácticas de mecanografía las realizábamos en dos máquinas antiguas que tenían en el pasillo. Ese corredor lo utilizaban los varones como taller de carpintería. El 8vo. comercial quedaba en la cuarta aula. En la clase de dibujo comercial, la maestra abría un periódico sobre el escritorio y no lo bajaba ni miraba a los alumnos durante toda la clase. Y nosotros nos escápabamos del aula y regresábamos poco antes de sonar el timbre. Dibujé un anuncio de cosméticos y en caligrafía escribí los nombres de actores de cine, en letra redondilla, que no nos enseñó ella: la aprendí de una vecina.

La maestra de inglés se llamaba Belén Pardo. En ese momento, ya había recibido dos años de clases en el Centro Especial de Inglés No. 12, en Calzada 10 de Octubre, en el horario de 6 a 7 de la tarde. 6 a 7, y estaba cursando el tercer año de inglés (más en el post titulado Recordando los Centros Especiales de Inglés en La Habana, en este blog, el lunes 10 de abril de 2017). De las clases de español recuerdo las conjugaciones, el tiempo pretérito pluscuamperfecto del modo subjuntivo, la forma perifrástica; los análisis analógico, sintáctico, prosódico y ortográfico; el ejemplo ilustrativo de cacofonía "en el balcón con Conrado". Leímos Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra y se analizó la oración en el capítulo 35, "Todos reían sino el tendero". Leímos el romance anónimo Álora, la bien cercada: Alora la bien cercada/ tú que estás cerca del río,/ cercóte el Adelantado/ una mañana en domingo/ de peones y hombres de armas/ el campo bien guarnecido.

También leímos la poesía La niña rara de J.M. Blanco Belmonte: Detrás de su vaca roja/ que al verde pradillo va,... y siempre que torna a casa/ y siempre que al prado va/ la niña cierra los ojos/ con resolución tenaz/ y a ciegas cruza la playa/ de la niebla entre el cendal,... el mar me robó a mi padre/ ¡y yo no quiero ver el mar! "¿Dónde está Dios?" Esa luz más elocuente/ que mi labio te dirá/ que hasta en el eco infantil/ de la palabra fugaz/ con que por Dios me preguntas/ la esencia de Dios está... Un poema que yo pensaba era de Sor Juana Inés de la Cruz. La novela Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde de la Paz la leímos más tarde, en la clase de español en el segundo año de la carrera de contador mercantil en la Escuela Profesional de Comercio, y estudiamos la frase "un sí es no es".

De mis ex colegas en la Escuela Primaria Superior Domingo F. Sarmiento, recuerdo a Rolando, apodado Escobillón, que vivía en San Leonardo; a Orozco, Virginia Cárdenas, Emilio, Daisy Ugalde, Pedro Iglesias García... En época de exámenes, a principios de diciembre, fines de marzo y fines de mayo, podíamos irnos temprano cuando terminábamos la prueba. En el mismo local, por la mañana funcionaba una escuela elemental, con un kindergarten al fondo, por las tardes la Superior y por las noches el Centro Especial de Inglés No. 14, donde estudió el guitarrista Eduardo Espígul.

Solamente 15 alumnos (14 hembras y un varón) participamos en la ceremonia de graduación conjunta de todas las escuelas superiores de la capital, en el Palacio de Convenciones y Deportes, que tal vez algunos no recuerden o no sepan que el primer palacio deportivo que hubo en La Habana quedaba en Malecón y Paseo, donde actualmente se encuentra la Fuente de la Juventud, frente al Hotel Riviera. La instalación fue construida a mediados de 1944, por el arquitecto José Pérez Benitoa, durante la primera presidencia de Fulgencio Batista y Zaldívar. Fue concebida para la celebración de peleas de boxeo y partidos de baloncesto y voleibol (debajo del tabloncillo había una piscina).

Construirlo allí fue una falta total de perspectiva del desarrollo urbanístico de La Habana y en 1955, bajo el segundo mandato de Batista, tuvo que demolerse para continuar el Malecón desde G hasta la Calle 8 del Vedado. Pero mientras permaneció en el lugar, se presentaron circos famosos como el Ringling Brothers y King American Circus y espectáculos de patinaje sobre hielo, entre otros. Los datos sobre el Palacio de Convenciones y Deportes fueron tomados del blog Memorias de un cubano.

Volviendo a la ceremonia de graduación. Nosotras fuimos de blanco, también Gil, el único varón. Mi vestido era largo y tenía una berta de satín blanco. En el acto me tocó sentarme al lado de una antigua alumna de Aguayo, Dulce María Figueroa, que me recordaba. Quedé en segundo lugar del curso, a unas centésimas de puntuación del primer lugar. Cuando al cabo de nueve años volví a la escuela, que para entonces se había mudado para la calle Carmen No. 27 entre 10 de Octubre y Párraga, en La Víbora, a solicitar un certificado para la Escuela de Ciencias Sociales, la nueva directora, la joven doctora Dominica Del Amo, me permitió mirar los libros. Descubrí un error en la suma de las notas: mi promedio era 91.72, ella rectificó la anotación en el libro y emitió un certificado rectificado. Había obtenido el primer lugar al finalizar el 8vo grado comercial en la Escuela Primaria Superior No. 16 Domingo F. Sarmiento.

Zilia L. Laje
Foto: Domingo Faustino Sarmiento. Tomada de Un guerrero de la batalla intelectual.
Notas de la autora.- Los maestros de matemáticas y rudimentos de comercio de la Escuela Primaria Superior No. 16 eran hombres y usaban traje. Las maestras de gramática, historia, geografía, anatomía, economía doméstica y español eran blancas y la maestra de inglés era rubia de ojos azules. La Escuela Primaria Superior No. 2, la que yo había creído que me correspondía asistir, quedaba en Pocito No.101 esquina Buenaventura, Lawton.

El 23 de febrero de 1953, Raúl Ferrer Pérez fue nombrado maestro de 6to. grado de la Escuela Pública No. 7 de varones, que radicó en la misma dirección de la Escuela Primaria Superior a la cual asistí, en Enamorados No. 215 entre Flores y Serrano, Santos Suárez. En 1950, en un acto con maestros y autoridades de educación, fue nombrada Escuela Pública Adela Azcuy Labrador como puede verse en este video. La escuela primaria que actualmente allí radica sigue llevando el nombre de la ilustre pinareña Adela Azcuy Labrador.

En la Universidad de La Habana matriculé, por la libre, dos asignaturas de Administración Pública en la Escuela de Ciencias Sociales. Adquirí las conferencias mimeografiadas, encuadernadas en la librería universitaria, pero las encontré insuperablemente aburridas y nunca me presenté a examen.

jueves, 9 de marzo de 2017

Mary Anne, la madre inmigrante de Donald Trump



Es de esperar que las contradicciones entre lo dicho y la realidad sean cuantiosas en el caso del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, 70 años.

Empezando por su madre, que no vino de visita a Nueva York con la intención de pasar unos días de vacaciones, como se ha esgrimido a modo de versión oficial, sino que llegó para quedarse huyendo de la pobreza de la isla escocesa en la que el destino quiso que naciera.

Mary Anne MacLeod, entonces una joven delgada de 17 años y buen parecer, se subió a un barco en 1930 con 50 dólares como único capital, cargada con la esperanza de encontrar un trabajo limpiando casas en alguna parte del país. Eso de acuerdo a documentos revelados por el diario independentista escocés The National y que explican el verdadero relato de lo sucedido con la joven MacLeod.

Su historia nada tendría de malo, o de corriente, si no fuera por lo incendiario de las declaraciones de Donald Trump durante la campaña presidencial. Trump entró con fuerza en la arena política tildando a los inmigrantes mexicanos residentes en Estados Unidos de violadores y asesinos, unas palabras que no solo le costaron el rechazo de millones de personas alrededor del mundo, sino unos cuantos contratos con marcas que inmediatamente quisieron desvincularse de su nombre.

Puede ayudar a explicar el hecho de que el mandatario haya defendido el cuento de las vacaciones, alegando que el amor de MacLeod con el empresario Fred Trump fue un romance a distancia y que su madre no pasó ningún tipo de penurias, aunque en realidad estuvo trabajando como una empleada doméstica durante cuatro años en Nueva York.

Sin duda, un asunto incómodo para un hombre que aún sostiene que "la influencia de trabajadores foráneos ayudan a bajar el nivel de los salarios, mantiene el desempleo alto y hace difícil para familias americanas pobres y de clase trabajadora -incluyendo a inmigrantes y sus familias- el ganarse un sueldo de clase media".

Pero, le guste o no, su madre fue una de ellas. Fue de esa ambición por salir de Escocia, la misma que tienen millones de mexicanos indocumentados por tener una vida mejor, la que hizo posible su existencia y todo su recorrido posterior, desde el imperio en el mundo de la construcción hasta su victoria en las elecciones del pasado ocho de noviembre.

Hasta ahora, el pasado migratorio de la madre de Trump había estado envuelto en misterio. Se creía que la joven conoció al empresario nacido en el Bronx en ese presunto viaje de vacaciones, un encuentro que facilitó su hermana Catherine. Los presentó durante una fiesta.

El resto de la versión de la familia Trump asegura -respaldada incluso por un biógrafo del nuevo presidente- que MacLeod regresó a su Escocia natal y que desde allí mantuvo la relación con el empresario hasta su matrimonio en 1936. Todo ello pese a las notables diferencias económicas entre ambos. Trump ya era entonces un inversor importante en el sector inmobiliario de Queens, el barrio donde desarrolló gran parte de sus negocios. Ella, en cambio, venía de un hogar humilde de diez hermanos con un padre que trató de sobrellevar los años de la Primera Guerra Mundial y los de posguerra con dignidad.

Malcolm MacLeod, el padre de Mary, era pescador, después se encargó de la oficina postal y acabó regentando una pequeña tienda en sus últimos años de vida. Aunque estaban mejor que la media, la situación en la isla Lewis, al norte del Reino Unido, era de escasez. La Gran Guerra dejó mil muertos y los años posteriores fueron especialmente duros.

La opción de América se antojaba como una salida más que digna, especialmente para la gente joven de la isla. A favor contaban además con las laxas leyes migratorias de Estados Unidos, un país de acogida para todo el que viniera con una actitud "moralmente aceptable", con especial inclinación hacia los países del Occidente de Europa.

Antes de los años 20 no existían limitaciones numéricas para los inmigrantes llegados de distintas partes del mundo y en 1929, un año antes de la llegada de la madre de Trump, se declaró una amnistía para los miles de ciudadanos que habían ingresado al país sin la "autorización debida". En esa época de hacer un poco la vista gorda, llegó MacLeod con la intención de no regresar.

Claro y cristalino lo pone en sus papeles de inmigración al llegar a Nueva York, justo un día después de alcanzar la mayoría de edad y tras nueve de travesía cruzando el Atlántico. Respondió que "no" en la sección en la que le preguntaban si tenía intención de regresar a su país de origen". En ese mismo documento escribió "criada" como su oficio.

De esa forma, la madre del presidente de Estados Unidos ingresó al país de manera legal, declarando además que deseaba convertirse en ciudadana y quedarse allí por el resto de sus días.

Trump no sólo ha tratado de ocultar la historia de su madre, la empleada doméstica e inmigrante que huyó de la miseria de otros países con la que no parece solidarizarse en absoluto, sino la de un escándalo familiar. Su tía Catherine, que viajó a la isla de Lewis en 1930 y facilitó el viaje de Mary a Nueva York, fue el centro de un escándalo familiar por un embarazo fuera del matrimonio que la obligó a abandonar el pueblo.

Al parecer, los primeros años de Mary Anne en Nueva York fueron complicados. La progenitora del mandatario republicano consiguió trabajo en casa de una familia rica en las afueras de Nueva York, pero perdió su trabajo como consecuencia de la depresión que sacudió al país en 1929.

Antes de casarse con Trump y dedicarse a labores benéficas, ya en una situación económica muy diferente, Mary Anne volvió a Escocia en 1934 de visita. Después y a lo largo de los años, la esposa del constructor de origen alemán regresó a su pueblo natal, Tong, en la isla de Lewis, a charlar con los locales -en gaélico por supuesto-, y a acudir a misa de los domingos. MacLeod, nacida en 1912 y fallecida en 2000 a los 88 años de edad, era una mujer querida y respetada en su tierra.

No se puede decir lo mismo de su hijo, el ahora presidente de Estados Unidos. Mucho antes de aspirar a la Casa Blanca, en 2008, Trump decidió hacer una parada en el lugar de nacimiento de su madre y visitar a los primos que todavía tiene en Escocia, tres en total.

Durante ese viaje dijo que ya había estado en el pasado en Escocia, cuando tenía 3 ó 4 años, pero que no recordaba prácticamente nada. Pese a su vínculo con las frías tierras británicas y el legado familiar, Trump permaneció exactamente 97 segundos en la casa en la que su madre pasó su infancia y parte de su adolescencia.

"He estado muy ocupado. Estoy construyendo puestos de trabajo por todo el mundo, y ha sido muy, pero muy difícil encontrar tiempo para volver. Ahora me parecía el momento apropiado puesto que tengo el avión. Estoy muy contento de haberlo hecho y volveré de nuevo", declaró.

Quién sabe si lo hará contando su versión o la verdadera, sustentada por los documentos de inmigración de su madre que ahora han visto la luz con motivo de su estreno como Presidente.

Pablo Scarpellini
El Mundo, 21 de enero de 2017.
Foto: Mary Anne MacLeod, la madre de Donald Trump, en 1932. Tomada de El Mundo.

lunes, 6 de marzo de 2017

Las raíces alemanas de Donald Trump


Secretos hay en todas las familias y algunos de los guardados por los Trump conducen a Kallstadt, aldea vitivinícola de la región alemana de Palatinado en la que nació y desde donde partió a Estados Unidos en busca de una vida mejor Frederick Trump, el abuelo del aspirante republicano a la Casa Blanca.

Hasta ahí todo normal, de no ser porque Donald Trump, partidario de levantar un muro en la frontera con México para impedir la inmigración irregular, olvida que su abuelo, como los vecinos de Kallstadt saben bien, salió de Alemania como emigrante económico y de forma ilegal.

Frederick embarcó en el puerto alemán de Bremen rumbo a Estados Unidos en 1885 con el ímpetu de sus 16 años y la ambición de amasar fortuna lejos de los viñedos que cultivaban sus padres. En British Columbia hizo su primer negocio: el hotel-restaurante 'Artic', un local decadente para buscadores de oro y mujeres de moral distraída.

En 1901, intuyendo que la fiebre del oro pasaba y con ella el boom de la restauración- prostitución, vendió sus inversiones, regresó a Kallstadt, se casó con la hija de los vecinos y se la llevó a Nueva York, donde empezó a trabajar como barbero.

Pero Elisabeth enfermó con el pasar de los años de morriña y la pareja regresó a Kallstadt. No por mucho tiempo. Frederick y su esposa, embarazada de seis meses, fueron expulsados por el reino de Baviera, al que por entonces pertenecía Renania-Palatinado, y devueltos por donde habían venido.

"Frederick había abandonado Alemania sin hacer el servicio militar, un delito grave y razón en aquellos tiempos para una retirada de la nacionalidad", explica el director del Instituto de Historia de Palatinado, Roland Raul.

Donald Trump nunca ha visitado Kallstadt. No porque las vistas a los viñedos que rodean el pueblo no puedan compararse con las que atisba desde sus torres en Nueva York, que no se puede; o porque sus 1.200 habitantes carezcan del glamour de los de Manhattan, que carecen, o porque ya no le queden parientes, que le quedan.

El magnate no ha pisado Kallstadt porque además de un abuelo del que no ha dicho toda la verdad, en su biografía Trump: The Art of the Deal oculta incluso sus orígenes alemanes, siguiendo esta vez con una mentirijilla de su padre, quien al estallar la Segunda Guerra Mundial y ver peligrar sus negocios en tiempos en los que ser alemán equivalía a ser nazi, decidió decir que era sueco.

Y descendiente de suecos ha sido Donald Trump hasta que un día, debido a la popularidad que éste cobraba "contactaron con nuestra oficina en Nueva York desde Suecia porque querían abrir allí un Museo Trump", relata John, primo y socio de Donald en Kings of Kallstadt, un documental sobre Los Reyes y la vida del pueblo realizado en 2014 por Simone Wendel, natural de Kallstadt, como los Trump y los Heinz, una familia de agricultores que supo reconvertir sus tomates en una primera marca de kétchup.

John, que sí ha visitado el pueblo del abuelo, intentó quitarse de encima a los suecos y su propuesta de museo con el argumento de que a su tío, al padre de Donald, nunca miraba al pasado sino al futuro. Los suecos no se dieron por vencidos.

"Llamé a Donald y le dije que después de tantos años había llegado la hora de decir la verdad. Me dolía mentir sobre nuestros orígenes. Y Donald dijo OK", cuenta John, a quien Wendel convenció para que le facilitara un encuentro con el magnate en Nueva York.

Trump escucha la descripción que Wendel le hace del pueblo, sus afamados viñedos del que han salido caldos servidos en la mesa de la reina de Inglaterra, sus sabrosas salchichas y hasta le muestra las fotos de las dos princesas del vino, excelencias que no parecen impresionar al magnate, porque "yo tengo también hermosos viñedos aquí en Estados Unidos y de todas las uvas" y si Kallstadt tiene reinas de la vendimia "yo tengo a Miss Universo" replica sin que se le mueva un pelo de su trabajado tupé.

Luego puntualiza: "No he tenido éxito porque en Estados Unidos sea fácil tenerlo. Yo hubiera triunfado en cualquier lugar, hasta en Kallstadt", ciudad que espera visitar algún día porque "I love Kallstadt", asegura, sonriente, mirando a cámara.

Trump remata su participación en el documental parafraseando al ex presidente demócrata J.F. Kennedy con un "Ich bin ein Kallstädter" (soy un ciudadano de Kallstadt), lo que traducido al lenguaje costumbrista significa -y eso no se lo dijo Wendel- soy un fanfarrón y un bocazas, pues de eso, de Brulljesmacher, es de lo que tienen fama en la región los vecinos de Kallstadt.

Si Trump decide visitar el pueblo, su alcalde le aventura un gran recibimiento, aunque sabe que este personaje no despierta mayor interés entre sus conciudadanos y menos desde "lo del órgano". Cuenta el párroco de San Salvador, Oliver Herzog, que cuando llegó el momento de restaurar el viejo órgano de la iglesia, la comunidad escribió a las familias Heinz y Trump pidiéndoles una aportación. Los Heinz respondieron con 40.000 euros. Los otros ni piaron.

Un desplante que no olvidan los lugareños y que hace inclinar la balanza de preferencias hacia los Heinz, más arraigados al pueblo y con un producto más cercano a la cultura de los manteles a cuadros que el lejano y abstracto imperio inmobiliario de los Trump, cuyos ancestros, por cierto, nacieron Drumpf, apellido que modificaron en una visionaria operación de marketing, según la biógrafa de esta familia, Gwenda Blair.

Un retoque de letras -dice el famoso humorista estadounidense, John Oliver- que ha permitido al candidato Donald Trump asociar fonéticamente el nuevo apellido a Trumpf, -triunfo en inglés- en vez de al sonido que hace un gorrión obseso cuando se estrella contra el escaparate de una tienda cerrada de Old Navy. ¡Drumpf!.

Oliver ha iniciado los trámites para convertir Drumpf en una marca registrada e incluso ha abierto la web DonalDrumpf.com, portal que seguramente no visitarán los vecinos de Kallstadt, que cuando no están en el campo, están echando una mano al vecino con el tractor, de tertulia en la carnicería, preparando merendolas a las que va medio pueblo, dando un paseo en bici, de caza, o ensayando para las próximas fiestas una función de teatro.

Carmen Valero
El Mundo, 4 de abril de 2016.

Video: Trailer de la parodia que en 2016 hicieron del documental Kings of Kallstadt, realizado en 2014.


jueves, 2 de marzo de 2017

Recordando la Escuela Alfredo M. Aguayo (II y final)


Los uniformes de a diario eran azul con doble cuello, monograma con las letras EMA bordado sobre el lado izquierdo y botones al frente y en el cinto, en azul prusia, con un bolsillo a un lado de la saya. El de calistenia era una blusa blanca y unos shorts abombachados con una saya a media pierna azul por encima con botones azul prusia al frente. La escuela los proveía. El de gala era blanco con un bies y hebilla redonda del cinto en azul. Solamente teníamos que comprarnos los zapatos de reglamento, negros de cordones, y los tenis de educación física, Keds altos. Siempre usábamos medias blancas. No se enseñaba religión, ni jurábamos a la bandera, ni daban medallas por buena conducta. La primera comunión la hice por mi cuenta a los ocho años en La Milagrosa.

A la hora del recreo, salíamos a la pista, un traspatio de media manzana que daba a la calle Libertad, con cancha de baloncesto y una pista de grava apropiada para correr. No nos permitían sentarnos, nos estimulaban a que hiciéramos ejercicio; algunas alumnas jugaban baloncesto y otras pelota (béisbol), había otra cancha deportiva y a un costado unas barras con unas sogas. A mí no me gustaba ningún deporte, una vez tirando la cuerda, como era la más chica, me arrastraron por la tierra. A veces jugaba A la tabla maní pica'o... o La pájara pinta, pero trataba de escurrirme y sentarme en la hierba. Allí cosí una canastilla de la clase de costura y el cuello de las baticas no le habrían servido ni a un gato. Desde ahí se veía, el otro lado de la entrada al garaje en el sótano, donde guardaban los ómnibus, las ventanas de la cocina, con unos calderos enormes, unos cucharones largos y un olor peculiar a comida de institución. A veces, a un vendedor que se paraba en la acera de la calle Cortina, por la reja, le comprábamos un medio (5 centavos), de gofio de trigo en papel de estraza, lo que me imagino que debe haber estado prohibido.

Por la tarde, teníamos educación física y los maestros, equipados con un silbato, nos conducían marchando en fila por las galerías al compás de unas castañuelas. Aquello entonces me parecía la cosa más natural del mundo, pero al escribirlo me he reído, pues ahora sería algo ridículo. El profesor de educación física, Oscar Fornaguera, vivía en los bajos de la casa de mi tío paterno Juan, que era abogado y residía en la calle Consulado, en el centro de la ciudad.

La profesora de teoría y solfeo se llamaba Sara Estrada. Recuerdo las claves, sol, fa y do; los compases, de compasillo y binario. Teníamos una banda rítmica, en los primeros grados yo tocaba los jingles (cascabeles) y, cuando aquí en Miami vi en la vidriera de la tienda de música Philpitt's, unos cascabeles amarillos, me los compré. Fedora Capdevilla tocaba el piano. Una alumna nombrada Lirio Pérez, delgada, de pelo claro rizado, cantaba muy bien los solos. El himno escolar empezaba: "Las cruzadas de la vocación, nuestra patria intentamos salvar..." No recuerdo cómo se llamaba la maestra de canto, yo no sabía cantar.

Cantábamos el Himno de los Municipos, que en una parte decía, "el camino marcarás con claridad" y Marta se encaprichó en que sonaba, "el camino Partagás con claridad". Ella era bajita y a su hermana Rosa, que era un año mayor y más alta, delgada, la trataba con impaciencia. El padre escolapio Juan Capdevilla, de las Escuelas Pías, al doblar de mi casa en Flores, un par de veces envió conmigo medallitas y a mí me regaló una triangular con tres rosas al reverso. La maestra de ballet se llamaba Fernán Flor. Una alumna mas chica (¿Adriana?) compuso un "swing" al piano. El maestro Gonzalo Roig, director de la banda municipal, dirigía el coro de la escuela en actos oficiales. Una vez, para ensayar para el acto de fin de curso con las alumnas de Romualdo de la Cuesta nos llevaron a una nave por la calle Benjumeda, en la zona conocida como El Pontón.

A partir del 4to grado, por las tardes desde las 2 teníamos talleres de bordado a mano, bordado a máquina, costura, tejido y economía doméstica. Los de cocina, repujado, encuadernación y lavandería estaban en la mitad norte del sótano. A esos talleres les llamaban la escuela vocacional. Me gustó aprender a hacer dobladillo de ojo. Hacíamos flores con papel crepé. En cocina nos dictaban recetas, una de postres tenía un nombre original: Islas flotantes. De algunos alimentos decían que "ricos en albúmina".

La maestra de corte y costura, Edelmira Echemendía, mayor y malas pulgas, que inspiraba temor, por el método de María Teresa Bello enseñaba cómo trazar moldes con plantillas, instruyéndonos que las medidas se tomaban desde "la protuberancia ósea" -los libros no estaban redactados para niñas de 11 años. En esa clase hicimos la susodicha canastilla, que imagino formaban parte de las canastillas que otorgaban el día del natalicio de Martí. No aprendí a coser a máquina. Una compañera se hizo un vestido, al que le bordó su monograma a máquina. Yo me hice una bolsa de lona con asa de madera y mis iniciales bordadas en punto de cruz, como veía a otras compañeras. Llevé agujas de tejer y estambre y empecé a tejer un sweater color crema, pero nunca pasé del fajín, que se encaracolaba porque apretaba mucho el punto.

La maestra de lavandería, delgada, menuda, trigueña, se llamaba Ocilia Lozano Blanco, lavábamos con Lux, en unos fregaderos hondos, yo tenía miedo de enchufar la plancha, debajo de la pizarra. Era bastante torpe, a los diez años, repujando un monedero raspé la piel en seco, me enterré la lezna en el monte de la palma de la mano izquierda y tuvieron que ponerme la vacuna del tétanos. Era bastante callada, han pasado muchos años y ya no recuerdo; pero ahora me hago la idea de que debo haberme quedado azorada con los ojos abiertos. Tengo aquí un álbum de fotografías que encuaderné en 5to grado, forrado en un material aterciopelado color vino con un cordón dorado, pero nunca aprendí ninguna otra cosa. Vaya, que de chiquita no era nada hábil en las tareas domésticas. De adulta, sin embargo, empecé a aprender, sola, todo tipo de labores manuales, desde hacer una pantalla de lámpara, empapelar paredes y tapizar sillas, colocar losas hasta hacer vino y fabricar una mesa.

En la planta alta de la escuela, a la derecha de la escalera había una enfermería y una sala de aislamiento. Teníamos una peluquería, la peluquera se llamaba Ricarda y le decíamos Rico. A la izquierda una habitación abierta decía Biblioteca, pero allí nunca hubo un libro. Frente a la escalera quedaba un salón que decía Sala de Actos, con escenario y lunetas, nosotras le llamábamos 'el teatro'. Me acuerdo de las instructoras, con uniforme blanco y zapatos blancos de cordones.

Hacia la izquierda estaban los dormitorios de las internas. Había tres dormitorios ventilados, el A al frente, largo, de las alumnas de 6to grado, con María Santos de instructora, un baño en la esquina, el B del lado sur, ancho, con su propio baño adentro, para 4to grado, con Esperanza Yanes de instructora, de muy buen carácter, y detrás, el C, dividido del anterior por unas columnas, creo que de 2do grado, con la Sra. Simmons, mayor, a quien nunca vi de cerca, la divisaba de lejos, sentada en su sillón con la cabeza baja, supongo que leyendo, mientras las niñas dormían la siesta (o a lo mejor aprovechando para dormir ella). Hacia la derecha, tres dormitorios más. El D al frente, no sé si de 3er grado, con Margot Santos de instructora, hermana de María, un baño en la esquina, el E al costado norte con baño dentro, para 5to grado, con la Sra. Virginia Ramos de instructora y detrás el F, de 1er grado. Había otras instructoras, Claudina, hermana de Esperanza, siempre con el pelo recogido, Francis, otra Machado, hermana de Gladys, Lolita Vivó, bajita, algún tipo de supervisora que no estoy segura exactamente qué hacía.

Por algún motivo, en el B fue donde más tiempo pasé, tal vez tendría algo que ver con mi edad. Nunca estuve en el C o el F. Por mala conducta nos mandaban a la dirección y nos amenazaban con ponernos "una falta en el expediente". La disciplina era bastante estricta. Ardía un espíritu fuerte de patriotismo, con un matiz un poco militar. Cuando entraba al aula la directora o una profesora de otra aula, nos poníamos de pie. Nos trasladábamos de una clase o actividad a otra en fila. A mí me hicieron un permanente cuando tenía siete años, pero cuando mi mamá me peinaba, me halaba el pelo al desenredármelo. Quería dejarme crecer el pelo y a los nueve años, en 5to grado, porque no nos dejaban llevar el pelo largo suelto, usé trenzas, chicas, finas al frente, que se tejían dentro de las mas grandes, gruesas atrás, se doblaban hacia abajo y adentro sobre la nuca y se amarraban con cordones de zapatos, ya que no nos permitían llevar cintas ni hebillas de colores.

Entre otras alumnas de las cuales todavía me acuerdo se encontraban Estrella Soler, oriunda de Palmarito de Cauto, en Palma Soriano, Santiago de Cuba; Mercedes Dávila, Margarita Senra, Nívea Peláez... De los juegos, recuerdo los jacks, que se jugaba con una pelotica de goma y con la paletica de madera en inglés decíamos "one, two, three, arely and hilly". En una pequeña maleta de cartón llevábamos jabón en una jabonera, toallita, peine, cepillo de dientes en un estuche, pasta dental, desodorante en crema y una bata de casa, todo dentro de una bolsita de tela con cordón, que dejábamos en la taquilla durante la semana.

Por un tiempo estuve llevando un vaso plegable. A los diez años, la bata de casa me la hice de la saya de un vestido de baile rojo, blanco y negro, que mi tía materna Estrella mandó de Nueva York, me la entallé yo misma e hilvané a mano. Nos daban toallas de baño grandes blancas. Teníamos taquilla con llave y las camas (para las alumnas internas, de lunes a viernes) eran de metal esmaltado en colores, los mismos de las mesas de las aulas, rosado, azul, verde, melocotón, amarillo o aqua. En el baño recuerdo las cortinas de las duchas como si aún las estuviera mirando, de una tela color crema, calada, pero pesada, con unos cordones entretejidos cruzados formando cuadrados, colgadas con unas argollas de metal plateado, que algunas alumnas se llevaban para usar de llavero, sólo tenían agua fría, no caliente; había agua caliente sólo en los lavamanos. Las que queríamos bañarnos con agua tibia lo hacíamos de pie en chancletas de madera delante de las dos hileras de lavabos echándonos agua por encima. Estuvo de moda usar "Cue", un líquido rojo, para lavarse los dientes. Los viernes por la tarde me soltaba las trenzas. Cuando terminábamos de vestirnos, antes de bajar al comedor, nos sentábamos dos en las esquinas delanteras de cada cama. Me demoraba mucho vistiéndome y una tarde la Sra. Virginia me hizo bajar al comedor en refajo.

Había servicio de ómnibus, uno para la Víbora, uno para el Cerro, uno para Luyanó y otro para "la Habana", como entonces se le decía a las zonas céntricas y viejas de la capital. A la hora de salida, nos separaban a las externas en grupos, las de los cuatro ómnibus, "las que vienen a buscar" y "las que se van solas". Esos ómnibus azules no eran suficientes, viajábamos seis en cada asiento de a dos, tres mayores sentadas y tres mas chicas en las piernas, y el calor era sofocante. Nunca después he vuelto a sentir aquel calor asfixiante. A mí siempre me fue difícil levantarme temprano, cuando mi mamá me despertaba, le decía invariablemente, "un ratico más", no me daba tiempo de ir en el ómnibus y ella optó por llevarme. Por las tardes, el ómnibus a veces me dejaba en la casa de mi tío Ismael, a cuatro puertas de casa. Después de los primeros meses, le notificaron que, si ella podía llevarme por la mañana (vivíamos a seis cuadras), entonces no necesitaba que me llevaran a la casa por la tarde. Durante un poco de tiempo estuvo acompañándome una muchachita mayor, Asunción, que recuerdo tenía cejas y pestañas escasas, pero eso no duró mucho y de ahí en adelante, mi mamá iba a buscarme. Casi siempre íbamos y veníamos a pie por la calle Cortina. De regreso por la tarde, parábamos en casa de mi abuela, en la calle Lacret. Onelia y Zoraida Soto vivían en la acera de enfrente.

Todo en la escuela estaba muy limpio. Había varias empleadas para la limpieza, recuerdo a Sara, y Dalia, que tenían hijas que llevaban sus mismos nombres estudiando allí. No me acuerdo cómo les llamábamos, pero no criadas, estaba en boga una atmósfera imperante de justicia social un poco izquierdista. Me parece que en la Valdés Rodríguez, de varones, tenían piscina. Participábamos en la parada escolar el 28 de enero, día del natalicio de Martí marchando por el Paseo del Prado frente al Capitolio. Cerca de fin de curso celebraban una exposición de trabajos manuales y repartían premios. Una vez, cuando tendría yo unos diez años montaron una función de títeres y aún recuerdo los ensayos: "Soy un soldadito de plomo, mi madre es cuchara de sopa, no me muevo ni poco ni mucho y si andando el tiempo llego a capitán". Me encomendaron pintar un paisaje, una cabañita de campo inglesa con un camino de flores, sobre una tablita de madera; pero una cosa era dibujar a creyón sobre papel, en tiza sobre una pizarra o con un punto sobre cristal, y otra pintar con un pincel. La profesora lo retocó tanto que no reconocí lo que se exhibió: no se parecía en nada a lo que yo había intentado pintar.

En el Field Day realizábamos gimnasia con arcos de flores. En la Aguayo existía una asociación de alumnas, que elegía una presidenta y llevaban a cabo campañas. Entre otras, recuerdo a Amelia Pita, Lidia Cerecero, Carmen Maestri, Enriqueta no recuerdo si Costa. En una ocasión dibujé un pasquín para una de ellas, creo que Carmen, con el personaje Lorenzo Parachoques de los muñequitos, que colgaban de las columnas macizas en el comedor. Cantábamos lemas absurdos, por ejemplo, alentando a "comer más", con la música del Vals sobre las olas. Éramos muy aficionadas a la pelota (béisbol), yo simpatizaba con el equipo de Habana, cuyo uniforme era rojo. Tenía siete años cuando nos llevaron al Ministerio de Salubridad a vacunarnos contra la difteria. Nunca olvido la mañana que a mí y a otra alumna nos mandaron subir a la azotea de la escuela a izar la bandera. Dos niñas de diez años, solas, sin supervisión de adulto, con lo propensa que yo era a sufrir percances. Fue un milagro que no me cayera de la azotea y me rompiera la crisma.

Mi mamá estuvo enferma con lumbago, y una tarde le pidió a Pancho, el mensajero de la farmacia al lado de nuestra casa, que fuera a buscarme. Cuando llegó a la escuela, me preguntaron a mí si lo conocía, no debo haber sabido a quién me señalaban, y en un primer momento dije que no. Por poco no me dejan ir con él, regresamos en la ruta 14 vía Juan Bruno Zayas, y el hombre le contaba después a mi mamá que había pasado un mal rato horrible, hubieran podido acusarlo de querer secuestrarme. Había un par de alumnas que llevaban chaqueticas de astracán en el invierno. Un año se nos requirió que nos hiciéramos unos jackets, de gabardina azul prusia, muy presentables, con mangas largas, puños con un botón y una fajita a la cintura. Me parece que me lo hizo la esposa de mi primo materno, Lalita, que creo había asistido a esa misma escuela ocho años antes. Nos llevaron un día en una excursión a los jardines de la cervecería Polar en Puentes Grandes, a orillas del río Almendares. En el ómnibus cantábamos América inmortal. Tirándome por la canal, el metal caliente al sol, me pelé los dedos pulgares.

En una ocasión llevaron a unas alumnas de pedagogía a que trabajaran individualmente con las alumnas de 6to grado. Tengo una idea remota de que la universitaria a la que fui asignada en el proyecto se llamaba Amelia Naranjo. Cuando ella vio que al final todas las otras le llevaban algún obsequio a su alumna prometió llevarme algo, pero no volvió. Ese año tuvimos una tómbola, instalaron kioscos en la pista e hicieron rifas, asistieron las vecinas mías, yo me gané un pomo de caramelos.

Con retraso a la escuela ingresó una niña chica, no se adaptaba y quería escaparse. Era pelirroja, tenía el pelo lacio, corto, con cerquillo, decían que era judía. Mirando por la ventana del dormitorio una vez, la vimos de espalda, sentada en el muro junto a la acera mirando para la calle hacia el sur. Como ya yo me había adaptado, me parecía extraño que ella quisiera escaparse.

En la acera de enfrente de la Aguayo quedaba la Escuela Pública 118. En su mayoría, las escuelas públicas primarias eran casas particulares antiguas adaptadas, no solían ser muy amplias, por lo regular de cuatro piezas y funcionaban en dos sesiones: de 8 a 1 los grados inferiores y de 1 a 6 los superiores.

Un día, creo que en 6to grado, se perdió un peso en el aula, la maestra dijo que, si no había el civismo de confesarlo, nos dejaban a todas a dormir. En aquella época, una escuela pública, al menos ésa que era municipal, tenía potestad de imponer una penitencia así sin que los padres tuvieran voz ni voto en el asunto. No sé si en una privada o católica sería distinto. Había un alto sentido de compañerismo, si alguna sabía, delatar a otra se hubiera considerado "chota". Nos quedamos a dormir. Tengo idea de que era un viernes, porque teníamos suficientes camas donde acostarnos. Y para que les resultara un castigo también a las internas, no podía ser un día entre semana. No sé si a mi mamá le avisarían que no fuera a buscarme, o se lo anunciaron cuando apareció.

Nos acomodaron en el dormitorio E, del lado norte. Por la noche algunas muchachitas se levantaron y salieron a la puerta del dormitorio, cuando me levanté, ellas ya habían visto que la instructora se acercaba por la galería y venían corriendo de regreso, yo era la más chica, me tumbaron, me di un golpe en la cabeza contra la pata de la primera cama y se me fue la vista. Las compañeras, en una mal interpretada solidaridad, dijeron que yo había ido al baño y me había caído sola. Me quedó un chichón por largo tiempo. Mi mamá fue a buscarme a la mañana siguiente, que creo era sábado. Desayuné en una bodega camino a la casa, en la esquina de Durege y General Lee, y le conté a mi mamá de la caída.

Datos adicionales

La Escuela Municipal Romualdo de la Cuesta, en Estévez entre Flores y San Gregorio, barrio de El Pilar, en El Cerro, surgió por un legado que testara De la Cuesta durante la administración del Dr. Juan Ramón O'Farrill y Chapotín, entonces alcalde de La Habana. Se inauguró el 2 de febrero de 1903 y su primera directora fue Aurora Nussa. En los años 50 fue reconstruida y modernizada. En la actualidad, Romualdo de la Cuesta es una secundaria básica y sigue llevando el mismo nombre.

La Escuela Municipal José Miguel Gómez, en Avenida de Acosta y Porvenir, en la barriada de Lawton, fue nombrada así en honor del segundo presidente de la República de Cuba, que gobernó de 1909 a 1913. Fue inaugurada en 1927, durante la alcaldía de su hijo, Miguel Mariano Gómez Arias. La José Miguel Gómez se construyó en una elevación de la capital conocida como Loma del Quinto Distrito. Posteriormente fue convertida en el Quinto Distrito Militar y hoy es sede del Instituto Tecnológico Energético Hermanos Gómez.

La Escuela Municipal Alfredo M. Aguayo, en Estrada Palma entre Cortina y Figueroa, Santos Suárez, data de 1936 y llevaba el nombre de un prestigioso pedagogo, nacido en Ponce, Puerto Rico en 1866 y fallecido en La Habana en 1948. Sigue siendo una escuela primaria, ahora mixta, para hembras y varones, y mantiene el nombre original.

La Escuela Municipal Manuel Valdés Rodríguez, en la Calle 5ta entre 6 y 8, Vedado, surgió en 1942, durante la alcaldía de Raúl García Menocal y Seva. Pedagogo y director de la Enseñanza Superior en Cuba, Valdés Rodríguez había nacido en 1849 en Matanzas y murió en 1914 en La Habana. Aunque ya defectuosa, la Valdés Rodríguez se mantiene en pie en El Vedado y es una escuela primaria mixta

De las cuatro Escuelas Municipales que existieron en La Habana entre 1903 y 1958 se graduaron miles de alumnos de los dos sexos, procedentes de familias de bajos recursos. En Miami existió una Asociación de Antiguos Alumnos de las Escuelas Municipales de La Habana y hasta 1980 la dirigía Siomara Molina, antigua profesora. Celebraban almuerzos en el restaurante La Carreta, pero por falta de asociados lamentablemente se disolvió.

La primera escuela elemental municipal gratuita que hubo en La Habana, conocida como la Escuela Olavarrieta, estaba subvencionada por el Ayuntamiento y su fundación se debió a una donación del filántropo Dr. Don Felícito Carlos Olavarrieta. Ya existía en 1891 y tenía capacidad para 80 alumnos, todos varones. Se encontraba en Apodaca 22 entre Egido y Zulueta, en el barrio Arsenal. Honorato Valdés-Miranda y Peña fue su primer director.

He recopilado también datos sobre las universidades de Cuba, oficiales o públicas y privadas. Estoy trabada con el segundo apellido del Dr. Manuel J. Espinosa, que fuera rector de la Universidad de Occidente Rafael Morales y González, situada en Máximo Gómez (Este) No. 49-C, esquina Recreo, Reparto Otero, Pinar del Río. Comenzó a funcionar en marzo de 1955.

Zilia L. Laje*

Foto: Alumnas de 6to. grado de la Escuela Municipal Alfredo M. Aguayo. Visten el uniforme de gala. Zilia es la primera de la izquierda.

* Zilia L. Laje reside en Miami desde julio de 1961. Trabajó de Corporate Banking Assistant en el Southest Bank de Miami Springs por más de 12 años. También ha trabajado como traductora. Ha publicado dos novelas en español y en inglés La cortina de bagazo (The Sugar Cane Curtain) y Cartas son cartas (Love Letters in the Sand); Divagaciones, una colección de cuentos cortos; 100 Recetas Tradicionales de Cocina, y Genealogía - Laje, la genealogía de su familia. Es colaboradora habitual de la revista digital Pensamiento. Tiene un hijo, Alberto Domínguez, profesor de Física en dos escuelas de segunda enseñanza de la Florida. Zilia ya está jubilada.

Aclaraciones de Tania Quintero

Sobre Romualdo de la Cuesta apenas se encuentra información en internet. Por un libro de José Antonio Fernández de Castro uno se entera que "Don Romualdo de la Cuesta fue uno de los pocos benefactores públicos que hemos tenido los cubanos". Más datos ofrece Caridad Correa en un comentario dejado en el post Escuelas Municipales que había en La Habana antes de 1959, publicado el 8 de julio de 2008 en el blog Desarraigos Provocados:

"Romualdo de la Cuesta fue un hombre que le dio la libertad a sus esclavos y después construyó esa escuela. Cuando él murió, dejó el dinero para mantenerla, pero cuando el dinero se acabó, pasó a ser administrada por el municipio. En los años 50 la hicieron nueva, tenía dentista y médico. Era solo para niñas y por becas. Por la mañana teníamos clases regulares y por la tarde, clases de música, inglés, educación física, educación para el hogar, costura. Cuando empezaba el curso nos daban los zapatos y tela para hacernos los uniformes. En la clase de costura se confeccionaba una canastilla que se entregaba a la madre que diera a luz el día del natalicio de Romualdo de la Cuesta. La escuela tenía su himno, lo cantábamos los viernes cuando se juraba la bandera, también cantábamos el himno nacional. En esa época era una escuela muy limpia y muy organizada".

Médico de profesión, el Dr. Juan Ramón O'Farrill Chappotín fue el primer alcalde que tuvo La Habana cuando Cuba debutó como República, el 20 de mayo de 1902. En el municipio 10 de Octubre se le recuerda en dos calles, O'Farrill, que nace a dos cuadras del antiguo paradero de ómnibus de La Víbora, y Alcalde O'Farrill, en la barriada de Santos Suárez.

Por esta reseña biografía sobre la escultora y profesora Isabel Chappotín Jiménez, quien fuera cuñada del Dr. O'Farrill, nos enteramos que su familia estuvo implicada en la guerra de independencia. "Su cuñado, el médico Dr. Juan Ramón O'Farrill, salvó la vida del hijo de un oficial español y éste, en agradecimiento, avisó a tiempo que iba a ser apresado por lo que emigró en barco a Cayo Hueso en 1895. Al finalizar la guerra, O'Farrill regresa a Cuba y es nombrado el primer alcalde de La Habana por el gobierno de Don Tomás Estrada Palma. La familia se asienta en el municipio en la calle O'Farrill No. 3. Isabel viaja a Europa donde visita distintos países. En la década del 20 se trasladan para Lagueruela no. 53 entre Agustina y Céspedes (hoy Revolución) en el mismo municipio. Allí, Isabel convivirá con su hermana Esperanza, su cuñado el ex alcalde O'Farrill y sus sobrinos, hijos de este matrimonio".

En las búsquedas genealógicas que se pueden hacer por internet, como en este sitio, se descubre que los O'Farrill-Chapottin conformaron una amplia y destacada familia de la sociedad cubana en los siglos 19 y 20. Es el caso del abogado Juan Francisco O'Farrill Chappotín, catedrático de Historia General de Derecho Español en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, nombrado Secretario de Estado y Justicia en el gobierno de Estrada Palma.

José Miguel Gómez y Miguel Mariano Gómez fueron padre e hijo. La decisión de bautizar con el nombre Hermanos Gómez a la antigua escuela municipal que llevaba el nombre del segundo presidente republicano, supuestamente se ha basado en la historia de los hermanos Gómez Wangüemert y cuyas fotos pueden verse en el libro Wangüemert y Cuba, de Manuel de Paz.

Luis Gómez Wangüemert Lorenzo fue un destacado periodista y diplomático cubano, oriundo de La Palma, Islas Canarias, como su padre, Luis Felipe Gómez Wangüemert. En La Habana nació y murió José Luis Gómez-Wangüemert Maiquez, hijo de Luis y nieto de Luis Felipe Gómez Wangüemert.

La Escuela Municipal radicada en El Vedado debe su nombre al pedagogo Manuel Valdés Rodríguez y no al profesor, ensayista y crítico de cine José Manuel Valdés Rodríguez.

No encontré información sobre el filántropo Don Felícito Carlos Olavarrieta, pero como ese apellido es cien por ciento vasco, sugiero leer el libro Vascos en Cuba.

De quien sí encontré información fue de Honorato Valdés-Miranda y Peña, primer director de la primera escuela municipal habanera, la Olavarrieta. La encontré en la Estematoteca de los Valdés-Miranda y de la cual copié lo siguiente:

Don Honorato Valdés-Miranda y Peña nació en 1872 en Hoyo Colorado, Bauta, y falleció en La Habana en 1946. Fue maestro de Enseñanza Elemental (1888); director sustituto de la Escuela de Entrada para Varones de Güira de Melena (1892) y director de la Escuela de Entrada para Varones de Nueva Gerona, Isla de Pinos (1892). El 12 de enero de 1896 ingresó en el Ejército Mambí, terminando la Guerra de Independencia, en 1898, como Comandante del Cuartel General del Departamento Occidental. Se casó con Doña Rafaela López, con quien tuvo seis hijos, dos varones y cuatro hembras, todos apellidados Valdés-Miranda y López: Bruno (1901-1946); Delia (1902); Ledia (1905); Laidée (1906); Honorato (1907) y Diela Ondina (1908).

La saga familiar de los Valdés-Miranda también es amplia, dentro y fuera de Cuba, y con destaque en la educación según se desprende de este sitio.