Google
 

viernes, 28 de agosto de 2015

Recordando a José Dolores Quiñones


Conocí a José Dolores Quiñones a mediados de la década de 1940, en el Sindicato de Músicos de Cuba, situado en San José y Campanario, La Habana. Yo comenzaba en las luchas autorales, y él ya había recorrido una parte del camino al que se enfrentan los autores noveles.

Era un hombre sencillo, delgado, de hablar pausado, mente positiva y con una gran fuerza espiritual. Siempre andaba con la guitarra a cuestas, a la caza de algún intérprete.

José Dolores me enseñó mucho de las circunstancias adversas que debía afrontar, todos los que como yo luchaban por dar a conocer su música, de hecho me dio infinidad de direcciones de importantes personalidades tanto nacionales como extranjeras.

Un buen día, recibí una carta de este simpático hombre, un compositor que tenía un sano entretenimiento: mantener correspondencias con sus amigos. Se encontraba en México donde residió unos años.

Pasado un tiempo me escribió desde Toulouse, Francia, donde estaba viviendo. En ningún momento de su agitada vida me dejó de escribir. En otra misiva me decía que en esa ciudad francesa iba a quedarse a vivir definitivamente.

Entre muchas cosas, me contó que hizo amistad en España con Antonio Machín, uno de los grandes de la música cubana y que en Italia conoció a famosos intérpretes. En todos estos países, Quiñones dejó un granito de sus inconfundibles melodías cubanas.

Por Francisco Escorcia, pariente cercano, sabía que él había estado varias veces en Cuba. Pero fue en la década de los 90 cuando nos vimos nuevamente. En aquella ocasión trajo a una de sus hijas, una jovencita muy bella y fue ella la que nos tiró una foto.

José Dolores tuvo hijos en Cuba, México y Francia. Cuando nos vimos, me dijo que había escrito dos libros sobre música cubana en francés y que a pesar del inconveniente del idioma, me los haría llegar (Nota de redacción: Uno de esos dos libros era Vestiges de l'héritage siboney. Folkore de Cuba. Paris, Barre & Dayez Editeurs 1995). Mientras esperaba los libros, recibí un correo del amigo Jorge Coya desde Los Ángeles para informarme que Quiñones se encontraba en un asilo de ancianos en Toulouse y allí había sufrido un accidente cerebro vascular.

José Dolores Quiñones vino al mundo en Artemisa, Pinar del Río, el 19 de marzo de 1918. Hacia el año 1944 salió de Cuba rumbo a México, donde desarrolló una amplia actividad artística, como guitarrista y como compositor.

Por coincidencias de la vida, nació en el mismo pueblo de la inolvidable e irrepetible María Teresa Vera y falleció en Toulose, la ciudad francesa donde nació Carlos Gardel.

Casi todas las creaciones de José Dolores Quiñones trasmiten un mensaje, así que no le fue difícil conseguir que destacados intérpretes cantaran sus canciones.

Camarera del amor, Que me hace daño y Vagar entre sombras, fueron tres números a los cuales Benny Moré les puso alma, corazón y vida.

Los aretes de la luna y El vaivén arrullador quedaron inmortalizadas en la voz de Vicentico Valdés, acompañado de la Sonora Matancera.

Vendaval sin rumbo fue todo un éxito en las voces de los cubanos Celio González y José Tejedor y del mexicano Javier Solís.

La inconfundible voz de Tejedor también recreó otros números de Quiñones: Un lirio en el lago, Al comprender y No te burles.

La canción del dinero fue popularizada por Rolando Laserie.

Matías Pérez sobre un famoso personaje habanero, fue grabada por Celia Cruz.

Mi cocodrilo verde es interpretada con dulzura por el brasileño Caetano Veloso y por la italiana Sabrina Di Stefano Y con sabrosura por Celia Cruz.

Entre otras canciones de José Dolores que han sido grabadas por distintos intérpretes se encuentran Sol nocturno, Levántate, Sin Dios no hubiera nada, Odio que crece y Sin una despedida.

Según Mario A. García Romero, por uno de los hijos de José Dolores Quiñones nacido en Francia llamado Jean Luc Quiñones, supo que su padre había fallecido el 28 de marzo de 2008, en el asilo Saint Lys, de la ciudad de Toulouse, Francia.

La muerte de este creador ha sido una perdida irreparable para el acervo musical cubano y yo he perdido un amigo cordial.

Senén Suárez (1922-2013)
Cubarte, 10 de mayo de 2008.
Leer también: Para saber de un bolerista muerto y Falleció el filósofo del bolero.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Recordando a Panchito Riset


Panchito Riset era su nombre artístico. Se llamaba Francisco Hilario Riser Rincón y nació en la barriada habanera de Atarés, el 21 de octubre de 1910. Desde niño cantaba acompañándose a la guitarra. Muy joven integró el grupo de sones Esmeralda, en el cual cantaba y tocaba la marímbula. En 1927 debutó en el cabaret Sans Souci de Marianao con el sexteto Cauto, dirigido por Mozo Borgellá.

En 1928 formó parte del Sexteto Habanero que se presentaba en la academia de bailes Havana Sport; más tarde cantó con el Quinteto Luna y los sextetos de Manuel Zaballa y Arca de Triunfo, de Chamaco Pérez. Con Marcelino Guerra Rapindey e Ismael Díaz formó el Trío Fantasma.

En 1933 ingresó en el Sexteto Caney, del tresero Fernando Storch que se presentaba en el céntrico cabaret habanero Edén Concert. Allí le propusieron marchar a Nueva York para ocupar la vacante dejada por Antonio Machín en la agrupación Antobal’s Cubans. Embarcó hacia Estados Unidos y debutó en el Madison Royal con la orquesta de Antobal, cuyo verdadero nombre era Eusebio Santiago Azpiazu (1890-1966).

Desde su llegada a Nueva York se vinculó a otros grupos de música latina, en especial con los músicos puertorriqueños. En la etiqueta de una de sus primeras grabaciones equivocaron la letra final de su apellido (Riset por Riser), y así quedó su nombre en lo sucesivo. Entre 1934 y 1936 participó como cantante en discos del grupo Victoria, de Rafael Hernández y del cuarteto de Pedro Flores, con el cual grabó la canción Sin bandera, de este último, una de sus interpretaciones que alcanzaron mayor aceptación en el público en esa etapa.

En algunos de estos registros fonográficos Riset cantó con el cubano Daniel Sánchez, segunda voz y guitarrista, quien había pertenecido a la orquesta de Don Aspiazu y luego integró el cuarteto Machín hasta 1935. Con la orquesta de Eliseo Grenet Riset se presentó en los cabarets Yumurí y La Conga, de Nueva York.

En 1936, con la orquesta de Antobal, Riset llevó al disco Say sí sí, de Ernesto Lecuona, que no es otra que la conga Para Vigo me voy. Actuó y grabó por esos años con las orquestas de los directores catalanes radicados en Estados Unidos. Enric Madriguera y Xavier Cugat, aunque la serie más importante de sus trabajos discográficos de esa época es la que realizó entre 1936 y 1937 como cantante principal del Cuarteto Caney, del cubano Fernando Storch (1904-2001).

Con este grupo Panchito dio a conocer en Nueva York un amplio repertorio de compositores cubanos como Ignacio Piñeiro (Boquita chiquita), Bienvenido Julián Gutiérrez (Claribel, Carmelina, Sin problema, Qué extraño es eso), Manuel Romero (Abandonada), Marcelino Guerra (Volví a querer, Buscando la melodía, Maleficio), Gonzalo Roig (Cincuenta pesos), Ñico Saquito (Cuidadito Compay gallo), Arsenio Rodríguez (Bruca Maniguá), Julio Brito (Flor de ausencia), Ignacio Villa (Si me pudieras querer), Miguel Matamoros (Alegre conga), Joseíto Fernández (La masacre), Graciano Gómez (Dale como é), Armando Valdespí (Pirulí), Arturo R. Ojea (Sencillez, Triste despertar) y Sergio de Karlo (Flores negras); además de piezas de otros compositores latinoamericanos de la época como Agustín Lara, Rafael Hernández, Lorenzo Barcelata y Mercedes Simone.

En 1937 debutó con su orquesta en el cabaret Trocadero, de Hollywood, en un espectáculo de Eleanor Powell. Luego fue contratado para una segunda temporada con Desi Arnaz y la bailarina Ann Miller. En 1938, en Nueva York se presentó en La Conga, con su orquesta -que adoptó el nombre de ese cabaret por razones comerciales- con la cual realizó ese año una serie de grabaciones para RCA Victor. Fue contratado para actuar en el cabaret Versalles y en teatro Hispano, entre otros escenarios de Nueva York donde era aclamado por el público de habla española.

Con la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, Panchito Riset fue llamado a las filas del ejército norteamericano. Marchó a Europa donde tomó parte en varias batallas importantes. Fue nombrado asistente del cuerpo médico destacado en el frente y fue condecorado por sus servicios con tres medallas de bronce. En Gran Bretaña, entre otras muchas actuaciones que realizó durante la guerra, se presentó para los soldados en el Town Hall, de South Hampton.

En 1945, al término de la contienda, reapareció en el escenario del cabaré Versalles de Nueva York en el cual actuó por espacio de dieciocho años. Entre 1945 y 1948 realizó grabaciones a dúo con Marcelino Guerra Rapindey con los conjuntos Batamú y Cubanacán para la firma Coda. En esa década viajó a La Habana para cantar en la emisora Radio Cadena Suaritos con la orquesta dirigida por Obdulio Morales. Sin embargo, la mayor popularidad en su patria la logró a partir de los años 50.

En 1949, en Nueva York, hizo sus primeros discos con el conjunto del tresero puertorriqueño Luis 'Lija' Ortiz (el bolero Allí donde tú sabes, de Luis Marquetti y No te me caigas, negra, guaracha-mambo de Jesús Guerra). Con el conjunto de Ortiz inició una de las más brillantes etapas de su carrera; sus grabaciones se difundieron por toda América Latina y se convirtió en un auténtico ídolo de las victrolas automáticas o velloneras. Aunque hasta ese momento su repertorio estaba integrado fundamentalmente por números movidos –sones, guarachas, rumbas y congas–, Riset se convirtió, a través de las numerosas grabaciones que realizó a partir de entonces, en un intérprete del bolero.

Su estilo estaba fuertemente marcado por el ritmo vivo del son, a lo cual se sumaba el timbre peculiar de su voz y la utilización que hacía del vibrato, usual entre los cantantes de sextetos y septetos soneros de las décadas de 1920 y 1930. Alguna vez comentó que su modelo para cantar había sido José 'Cheo' Jiménez, del legendario Sexteto Habanero.

Con el conjunto de 'Lija' Ortiz firmó un contrato de exclusividad para la discográfica Ansonia para la cual realizó numerosas grabaciones en los años 50, luego recogidas en discos de larga duración y más tarde, en disco compacto. Entre los grandes éxitos de ese período estuvo El cuartico, de Mundito Medida; Te odio y te quiero, de Alesio-Yiso; Qué noche aquella, de Augusto Tariche; Contéstame, de Arsenio Rodríguez; Qué extraño es eso, de Bienvenido Julián Gutiérrez y Blancas azucenas, de Pedro Flores. Llevó al ambiente de bolero-son conocidos tangos como Niebla del riachuelo, Arrepentida y Cristal.

Panchito Riset viajó por varios países del área del Caribe. En Nueva York mantuvo una actividad incesante en centros nocturnos, teatros, radio y más tarde, en televisión. Realizó grabaciones con el conjunto de René Martínez y con René Hernández y su orquesta. En las décadas de 1960 y 1970 grabó discos de larga duración con las agrupaciones de Alfredo Munar, Mario Hernández y Ramón E. Aracena. Volvió a grabar algunos de sus viejos éxitos con nuevas instrumentaciones, algunas con orquesta de cuerdas. El ritmo de sus interpretaciones fue haciéndose más lento, pero conservó su timbre y rasgos del estilo que lo había hecho famoso.

En 1981 una agresiva diabetes provocó que le amputaran las dos piernas. Continuó cantando desde su silla de ruedas y realizó nuevos discos, entre ellos, uno de larga duración con la orquesta de Joe Blanco (1985). Falleció en Nueva York, el 9 de agosto 1988.

Tomado de EnCaribe, enciclopedia de historia y cultura.

Leer también: Biografía de Panchito Riset. Y escuchar cinco de sus más conocidas canciones: Te odio y te quiero, Blancas azucenas, Allí, De cigarro en cigarro y Pedacito de papel.

lunes, 24 de agosto de 2015

Recordando a Barrbarito Diez


La vida bohemia de La Habana en los inicios de la década de 1930 acogió al joven Francisco Diez Junco (Matanzas 1909-La Habana 1995), más conocido por Barbarito Diez, cuando decidió abandonar su trabajo como mecánico durante la molienda en el antiguo central azucarero Manatí en Las Tunas.

La carrera artística del Príncipe del Danzón se inició en la capital y estuvo signada por el danzón, el bolero, el Café Vista Alegre, la maestría de Antonio María Romeu, su amistad con Graciano Gómez e Isaac Oviedo y la radio, con la emisora en aquel momento llamada El Progreso Cubano.

“La primera vez que vine a La Habana fue en 1928. Regresé y al terminar la zafra del 29 hice mi segundo viaje a la capital, pero regresé para hacer otra zafra, y en el año 30 le dije a mi madre que iba a repetir el viaje a La Habana, pero ya para quedarme. Ella no me lo creyó. Como a todos los del campo, a todos los guajiros, La Habana me deslumbró desde la primera vez”, declaró Barbarito al periodista Orlando Catellanos en 1975.

A su llegada a la urbe, un amigo, Alberto Rivera, lo llevó a los ensayos del Sexteto Matancero de Graciano Gómez. Allí hizo una audición y sin imaginarlo, se convirtió en la voz prima del conjunto.

En una entrevista concedida por Diez y Graciano a Orlando Castellanos, esta vez en 1977, el entonces director del trío Los Gracianos declaró: “Barbarito tenía 21 años cuando se inició en ese ambiente de bohemia y tragos, pero nunca bebió ni fumó. Eso sí, trabajaba, cantaba con toda dedicación y seriedad. A Barbarito le decían 'el negro lindo' y le gustaba mucho a todo el mundo. Desde entonces empezaron a admirarlo por su 'hombría de bien', como antes se decía. No solo por su forma de cantar, si no por su trato al público y las personas. Desde los más pobres hasta los más ricos lo elogiaban por esas cualidades”.

El trío Los Gracianos lo componían Graciano Gómez, Isaac Oviedo y Barbarito Diez. Actuaban en el Café Vista Alegre, uno de los sitios preferidos de la intelectualidad habanera y donde Barbarito conoció a Antonio María Romeu (1876-1955), el músico que le lanzara artísticamente a nivel nacional e internacional.

Ese debut llegó a finales de los años 30, cuando se presentó por primera vez en la radio cubana, junto a la orquesta de Romeu, uno de los principales promotores en aquel momento del danzón.

En una entrevista a Barbarito Diez en la década de 1970, dijo: “Comencé a cantar con el maestro Romeu en la emisora El Progreso Cubano, la actual Radio Progreso, instalada entonces en la calle Monte. Uno de sus cantantes era Diego Rodríguez y el otro era Rogelio Martínez, quien cuando necesitaba hacer algún otro trabajo me pedía que lo supliera en las transmisiones. En 1937, Dieguito pasó a la orquesta de Armando Valdespí y me quedé fijo con el 'mago de las teclas', como le decían a Antonio María Romeu. Era el cantante de su orquesta, pero seguía actuando con el trío”.

El cancionero tradicional nutrió las grabaciones de Barbarito, al rescatar composiciones de Eliseo Grenet, Ernesto Lecuona, Sindo Garay, Manuel Corona. Moisés Simons, María Teresa Vera, Miguel Matamoros, Luis Casas Romero, Félix B. Caignet y Eduardo Sánchez de Fuentes, entre otros importantes autores.

Sobre el legado musical de Barbarito Diez, el actual director de programas musicales de Radio Progreso, Guille Vilar, comentó:

-Su legado musical resulta extraordinario sobre todo porque rinde culto a la belleza de la vida desde cualquier punto de vista. Pudiéramos decir que por su inspirado canto, pero a la vez por su carismática personalidad donde predomina la elegancia tanto en el vestir como en su conducta social, Barbarito Diez era un paradigma del cubano de todos los tiempos.

-Pero también por la selección de su repertorio, donde todas las canciones estaban en una similar línea estética. El tiempo, ese gran crítico del buen arte, ha permitido que sus canciones permanezcan en cada generación de cubanos que buscan la esencia del valor artístico verdadero.

Desde hace poco más de una década, en la localidad tunera de Manatí se celebra un Festival de Música Popular que lleva el nombre del intérprete de Perla Marina. La XI edición, del 30 de noviembre al 4 de diciembre, recordó el 105 aniversario del natalicio del Príncipe del Danzón, y los centenarios de los músicos Roberto Faz y René Márquez, explicó Pablo Diez, hijo del popular cantante.

Artistas locales como la Orquesta Danzonera de Las Tunas, y parejas de baile del Movimiento Amigos del Danzón, e invitados a la cita como los cantantes Beatriz Márquez, Vania Borges, David Álvarez y Rafael Espín y el guitarrista concertista holguinero Eliécer Travieso, entre otros.

Además de actuaciones musicales y bailables, la agenda del Festival incluyó un taller teórico-práctico sobre el baile del danzón y chachachá, y la transmisión en vivo del evento en los programas Discoteca Popular y Al lado del corazón, de Radio Progreso. También se propuso que la casa donde Barbarito vivió en Manatí sea convertido en museo.

Para Guille Vilar, “la radio continúa siendo un medio de información general imprescindible en la vida cotidiana de la población. Una canción hermosa, siempre va a serlo aunque sea de hace 50 o 60 años, igual que la belleza de una mujer. Eso nunca va a cambiar. Barbarito lo sabía y por eso su repertorio era tan selecto.Ya volverán otros tiempos, donde lo chabacano y lo vulgar, ocupe el lugar que le corresponde, en los últimos escalones de la música cubana. Entonces, intérpretes como Barbarito volverán a renacer”.

Según Pablo Diez, hijo de Barbarito, "la obra de su padre y el danzón, género del cual fue uno de sus principales intérpretes, mantienen su vigencia y notoriedad, lo mismo que su estampa, de hombría de bien y voz y por la cual fue calificado como el Príncipe del Danzón".

Publicado en Radio Cubana el 30 de noviembre de 2014 con el título Hombría de bien y voz.

Video: Con la Orquesta de Antonio María Romeu, probablemente de un programa televisivo en la década de 1940-50. Al inicio, Barbarito Diez interpreta como danzón el bolero Ausencia, con letra del poeta mexicano Fernando Celada Miranda (1872-1929) y música del compositor y flautista cubano Jaime Prats Estrada (1883-1946). Después, su hijo canta Que vengan los rumberos, de Gilberto Valdés (1905-1972).

viernes, 21 de agosto de 2015

La fauna invisible del Zoológico de 26



El jueves 18 de junio, pasadas las dos de la tarde, un recorrido por sus áreas puso de relieve el despoblamiento de animales del otrora espléndido Jardín Zoológico de La Habana.

A la entrada, aún es agradable contemplar los tres venados de bronce con los cuales la escultora Rita Longa (La Habana, 1912-2000) quiso dar la bienvenida a los visitantes.

Cuando se entra, a la izquierda, se encuentra el estanque de los cocodrilos donde unos niños esperaban que se asomara el único que parecía existir, y que solo mostraba sus narices.

En el aviario no era visible ninguna especie de las que profusamente en otros tiempos allí moraban, entre ellas, cotorras, loros y tucanes. Salvo dos avestruces y unos pocos pavos reales en todo el parque se notaba la ausencias de aves de distintos tipos.

Una especial atracción para los niños siempre fueron los primates, a los cuales estaban dedicadas numerosas jaulas, hoy casi todas vacías. En una se veía un solitario y triste chimpancé.

De los animales salvajes, en un recinto solo se observaban dos aburridos tigres y en otro una hiena. En el otrora famoso foso de los leones, ni uno solo se veía. En otro foso, un desconsolado oso gris hacía acto de presencia, pero dándole la espalda al público.

En medio de esa desolación, el descubrimiento de un camello, un viejo y cansino rinoceronte, varios tapires, algunas cebras y dos o tres especies de venados, trajeron un poco de alegría a los escasos y desconcertados visitantes.

Los animales que siempre más gustaban a los niños, como el elefante, el gorila, el cóndor y las serpientes, brillaban por su ausencia. También las ardillas, que antaño trepaban por los árboles.

Pero la ausencia más notable es la de un público que durante la semana visitaba el famoso Zoológico habanero. La gente ha dejado de ir no solo por el despoblamiento de animales sino también por las golosinas. La cafetería mayor estaba desierta y la tablilla de ofertas estaba en blanco, como anunciando la inutilidad de entrar.

EL Zoológico de la Avenida 26, en la barriada del Nuevo Vedado, se construyó en un lugar muy céntrico, con una vegetación exuberante y un magnífico diseño. Se exhibían especies de distintas partes del mundo, con el fin de dar esparcimiento y actividades culturales a las familias cubanas.

La desolación actual no se puede explicar con la sempiterna excusa del llamado 'bloqueo', a no ser que a él se hayan sumado los países de África, China, Vietnam, la India y el resto de naciones con las cuales Cuba tiene relaciones y podrían proveerla de especímenes.

Si se quiere mantener el lugar como un simple jardín botánico, habría que hacer muchas adaptaciones y eliminar las jaulas. Pero eso no es lo que desean y necesitan los adultos y menores de la capital y del resto del país.

El panorama descrito se inscribe dentro del ambiente de desidia e incuria que reina en la Isla. Con excepción de los centros de esparcimiento destinados a los turistas y la élite gobernante.














Texto y fotos: Arnaldo Ramos Lauzurique
Red Cubana de Comunicadores Comunitarios
La Habana, 23 de junio de 2015.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Una Disneylandia socialista



Según la versión oficial, la extensa área boscosa en el extremo sur de la capital cubana, bautizada en 1972 como Parque Lenin, fue concebida como una especie de 'pulmón' para una ciudad desprovista de suficientes áreas verdes.

La transformación de las más de 700 hectáreas de fincas agropecuarias particulares en un extenso jardín provocó el desplazamiento forzoso de los pobladores del territorio. Cinco años antes, la construcción de la presa Ejército Rebelde, aledaña al parque, había causado otros desalojos (y desarraigos) entre los campesinos del lugar, a pesar de que en 1952, durante una visita que Fidel Castro hiciera a la zona -mucho antes del triunfo de la revolución-, les prometiera agua, caminos y escuelas.

No hay que negar que al menos agua tuvieron, pero tanta que debieron marcharse definitivamente. La zona, de gran interés estratégico, por ocupar el mismísimo centro geográfico de la provincia, quedó despoblada y lista para ser convertida en una cortina natural para camuflar unidades militares y campos de espionaje soviéticos. En sus alrededores se asentaron algunos de los más importantes barrios e instalaciones para las fuerzas militares rusas y cubanas.

El más famoso campo de antenas ruso operaba en las cercanías y se calcula que el derribo de las compuertas de la presa Ejército Rebelde, en apariencia inútil, anegaría totalmente la zona en apenas unos segundos, resguardando muchísimos secretos que quizás jamás serán revelados a la opinión pública.

Un ingeniero civil, que no desea ser identificado, sostiene que los errores cometidos en la construcción del embalse son extremadamente absurdos para ser desperfectos casuales:

“Las compuertas de la presa parecen ornamentales. De haber sido diseñadas para aliviar en caso de inundaciones, el Parque Lenin no hubiera podido ser construido porque todos los años quedaría bajo las aguas. El agua correría desde las compuertas hasta Calabazar y taparía todas las unidades militares de por aquí y el campo de antenas. No hay dudas de que fue a propósito. Cuando se desborda, la presa vierte contrario, hacia Parcelación y el Reparto Eléctrico, inundándolo todo. Ni el más anormal de los ingenieros comete semejante error”.

Precisamente por el carácter enmascarado de los planes militares de la zona, muy cercana al aeropuerto y áreas industriales de importancia, a la obra públicamente se le confirió propósitos ambientalistas y recreativos, particularmente para los menores de edad. Los niños funcionarían como la pantalla ideal, para no decir 'rehenes perfectos' en caso de una invasión foránea o un conflicto armado interno.

Tanto el Palacio de Pioneros como el campamento de exploradores, el internado Volodia destinado a niños sin hogar (denominados “hijos de la patria”) y el Preuniversitario Vocacional Lenin fueron emplazados en el corazón del parque y concebidos bajo los más estrictos modelos educativos soviéticos, mientras que el área de diversiones, actualmente Parque Mariposa, fue pensado como una especie de imitación socialista de Disneylandia.

Tengamos en cuenta que fue en 1971 cuando la compañía Disney anunció la apertura de su Magic Kingdom en la Florida. De modo que Fidel Castro en 1972 trataría de superar a los 'enemigos' con ese sucedáneo donde los niños en vez de tomarse fotos junto a Mickey Mouse o Walt Disney lo harían junto a la efigie de mármol del 'camarada' Vladimir Ilich, al presente olvidada en un apartado rincón, sin flores ni visitantes.

Si bien es cierto que, debido al entusiasmo inicial, el parque infantil brindó servicios de relativa alta calidad con aparatos divertidos y seguros, con el tiempo comenzó a declinar hasta el desastre económico y político de los años 90, cuando todo quedó prácticamente en la ruina, una situación que no ha podido ser superada en la actualidad donde el visitante puede advertir los abandonos.

De aquellas ofertas gastronómicas que resultaban muy atractivas en los 70 y 80 no queda absolutamente nada. Abundan los puntos de venta vacíos, mientras que las pocas golosinas expuestas en los anaqueles de las cafeterías son de muy mala calidad y se venden a precios altísimos, si se compara con el salario promedio de un trabajador estatal, de unos veinte dólares mensuales.

La mayoría de los artefactos mecánicos están paralizados y los que aún trabajan representan un verdadero peligro para la seguridad de los menores. La montaña rusa se encuentra funcionando, a pesar de que algunos de los tramos de las vías están afectados por la corrosión y deben ser sostenidos por andamios también en riesgo de colapsar debido al deterioro.

La estrella mirador, escenario de algunos accidentes lamentables, es una verdadera calamidad. Muchas de las cabinas han tenido que ser retiradas y, si bien en su corta época de gloria, fue casi como el emblema del parque, lo continúa siendo. Pero solo como la imagen terrorífica de los tiempos que corren.

Ríos inundados por aguas albañales y desperdicios, muñecos descoloridos, parajes desolados y famosos por los frecuentes robos y asaltos violentos, aceras cubiertas por excrementos de los caballos que algunos muchachos de las cercanías alquilan a los visitantes para ganar un dinero extra.

Personas haciendo largas colas para comer en los escasos lugares donde los precios son más llevaderos -aunque igual de injustos-, son algunas de las 'atracciones' de un parque que junto al Malecón, continúa siendo de los únicos lugares de La Habana donde los padres con pocos recursos pueden regalar un día de 'paseo' a sus hijos.










Texto y fotos: Ernesto Pérez Chang
Cubanet, 14 de marzo de 2015.

lunes, 17 de agosto de 2015

El parque del Abuelo Machungo



El parque recreativo El Abuelo Machungo, en San Antonio de los Baños, provincia de Artemisa, se ha convertido en la principal opción de entretenimiento para los residentes del pueblo y de municipios cercanos como Alquízar, Güira de Melena, Bauta, Bejucal y Quivicán.

La instalación pertenece y es atendido por particulares. Su funcionamiento requirió una cuantiosa inversión, en la compra del terreno y la construcción de diversas áreas, entre ellas una mini piscina con bicicletas acuáticas y sitios de juego infantiles. Según se comenta, el aporte económico lo hizo un cubano radicado en los Estados Unidos.

El parque también alquila su espacio para fiestas de quince, cumpleaños y bodas, algo que tiene mucha aceptación por parte de la población, que ha visto en este lugar una posibilidad de recreación más colorida y amena que la ofrecida por los centros estatales, donde los festejos tienden a desembocar en escenas de violencia.

Las actividades diurnas están dedicadas a los niños. Para ellos no hay mejor regalo de cumpleaños que ser llevados por sus padres a este sitio y disfrutar allí de diversos juegos como la pequeña cueva de los misterios.

A la entrada, los visitantes son recibidos por personajes famosos de los animados de Walt Disney. En el interior esperan el coronel Elpidio Valdez y el capitán Flint y en una gran valla se puede contemplar a un anciano amable y sonriente: el abuelo Machungo.

Los adultos pueden disfrutar en el horario nocturno. "Uno lo pasa bien y no se forman las peleas" dijo Yusmari, ama de casa que cada vez que puede va con su esposo.

El parque del Abuelo Machungo también tiene sus detractores, son sobre todo entros funcionarios del Partido Comunista y el Poder Popular. Uno de de ellos es Rafael, viejo integrante de la Casa del Combatiente, quien a toda hora viste con camisa de miliciano, pantalón verde olivo y gorra de oficial del Ministerio del Interior.

Al retrógrado 'compañero' se le deforma el rostro cuando escucha hablar de este parque. Considera una provocación que se haya permitido la construcción de semejante sitio.

Algunas personas cuentan que en una ocasión en que Rafael pasó por el lugar y vio a la mascota que representa a Mickey Mouse comenzó a gritar histérico y fuera de control: "Paredón, paredón para ese ratón capitalista, paredón para los corruptos, levántate Fidel y sacude la mata que están acabando con Cuba los camajanes".

Los que presenciaron la escena aseguran que en su ataque de rabia estuvo a punto de perder el conocimiento y hubo que llevarlo al hospital para que lo atendieran.

La aversión de Rafael es compartida por otros comunistas de la vieja guardia, que con disgusto ven cómo se desarrollan actividades en un centro recreativo que en su opinión es un mal ejemplo y un 'regreso al capitalismo'.

La población, por su parte, considera que es un sitio de esparcimiento sano, necesario y seguro, donde pueden asistir con sus hijos con plena confianza y pasar junto a ellos un día agradable.

Marcelo, un señor de edad avanzada que llevaba de la mano a su nieto, expresó: "Es lo que nos hacía falta y una muestra de que todo funciona mejor cuando no lo maneja el Estado".







Texto y fotos: Misael Aguilar Hernández
Red Cubana de Comunicadores Comunitarios
Artemisa, 7 de mayo de 2015.


viernes, 14 de agosto de 2015

Ganó Fidel, perdió el comunismo



"Prosperidad con Equidad”, rezaba el lema oficial de la Cumbre de las Américas en Panamá, un buenismo típico de las citas presidenciales. Pero a los más de 2.000 periodistas acreditados a la reunión interamericana poco les interesaban los subtítulos. Estaban ahí por la foto. Una con espacio reservado en primera plana desde hacía 50 años.

La instantánea llegó como estaba previsto. El 10 de abril, Barack Obama y Raúl Castro estrecharon las manos en la recepción de la Cumbre bajo la sonriente mirada del octavo secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Un momento histórico que ponía fin a medio siglo de inquina coreografiado por los protagonistas más inesperados: el hombre negro de la Casa Blanca y el Castro que no es Fidel.

Pese a las carantoñas, quedan todavía demasiados cabos sueltos. El más urgente es el fin del embargo comercial sobre Cuba, la fase decisiva para saber si Raúl acabará siendo un Deng Xiaoping planificado que conducirá a la isla hacia un remedo chino de partido único; o un Mijail Gorbachov involuntario que está abriendo las grietas necesarias para que el sistema implosione desde dentro estilo soviético.

Aquí, la doctrina está dividida y los ejemplos abundan. Algunos sostienen que cualquier mejora en las condiciones de vida difícilmente empujará a una ciudadanía con miedo a perder lo poco que tiene para exigir cambios políticos. Otros piensan que la prosperidad es un ingrediente indispensable para la madurez política de cualquier sociedad, bajo la premisa de que con el estómago vacío se teoriza fatal sobre la democracia.

Pero los primeros pasos del sinuoso camino hacia la reconciliación ya están saldando algunas cuentas pendientes. Lecciones del mundo en que vivimos y destellos de ese otro que algunos dicen que es posible, pese a que todo apunta a que es improbable. Uno en el que, aunque sea de vez en cuando, el poder tiene ataques de cordura. La foto del “deshielo” recorrió el mundo y el mundo, con la que está cayendo, estaba pendiente. Porque en la dicotomía Cuba-Estados Unidos hay mucho más en juego que Cuba y Estados Unidos.

Se podrán poner todos los matices pertinentes, pero -le pese a quien le pese- ganó Fidel. Todos los que apostaron a que el bloqueo económico obligaría al barbudo en jefe a hincar la rodilla estaban rotundamente equivocados. Y no fueron pocos en cinco largas décadas.

Ni La Habana suplicó misericordia ni Washington aplastó al enemigo. Y los cubanos, en vez de echarse al monte, se lanzaron al mar. Por eso, no deja de ser paradójico que el más sonoro triunfo de los Castro sobre el “imperialismo”, que tantos sacrificios costó al pueblo en nombre de la causa, sea al mismo tiempo la claudicación definitiva del último gran proyecto comunista del hemisferio.

“Que el presidente de Estados Unidos haya tenido que decir en público ‘nuestra política ha fracasado’ es algo que pocas veces escuchamos de un jefe de Estado, ni norteamericano ni de ningún otro país. En ese sentido, Raúl y Fidel pueden darse el gusto de decir en público: ‘¿Ves?, teníamos razón, fue una política insensata y cruel", opina el periodista estadounidense Jon Lee Anderson en una entrevista con El Confidencial. “Pero, al mismo tiempo, es un tácito reconocimiento de sus propios fracasos. Cuba sobrevivió, pero no logró prosperar”, agrega el escritor, que vivió varios años en la isla.

El colapso de la Unión Soviética ya había obligado al Partido Comunista a hacer concesiones al capitalismo para surfear ese gran eufemismo de la miseria que fue el Período Especial. Asumidas oficialmente como algo transitorio mientras el materialismo histórico hacía su trabajo entre bambalinas, el objetivo era salvaguardar las conquistas de la revolución –educación y vivienda gratuitas, sanidad universal, alimentación mínima garantizada y un empleo estatal, así la remuneración sea ínfima– y a sus cabecillas.

La aparición en escena de Hugo Chávez con 300 mil millones de barriles de crudo oxigenó una quimera que desde hacía años vivía casi exclusivamente en el inflamado discurso de su único líder. Pero una enfermedad intestinal, secreto de Estado, dio una espectacular vuelta de tuerca a la historia y el Comandante hizo un mutis por el foro que rompió la cintura a expertos y analistas. El ascenso de Raúl en 2008 vino acompañado de un pragmatismo sin precedentes encapsulado en otro circunloquio de altura: la actualización del socialismo.

“El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros”, sentenció Fidel en una entrevista de 2010, bendiciendo las reformas emprendidas por su hermano menor para reflotar la maltrecha economía nacional y que incluyeron novedades inimaginables para los ciudadanos de a pie, como la compra-venta de casas y coches, tener móvil o trabajar por cuenta propia sin miedo a ser encarcelado.

Aunque el levantamiento total del embargo está en manos del Congreso, los acuerdos concertados son suficientes para terminar de inocular el virus del capital por todos los rincones de la isla. Quitarse el chaleco antibalas ideológico del antiimperialismo pone punto final a la Barataria marxista del Caribe. El paraíso del proletariado ya viene con mano invisible incluida.

La voluntad política de un solo hombre va camino de lograr lo que no pudieron 23 resoluciones consecutivas -y casi unánimes- en Naciones Unidas: sacar a Cuba del cuarto oscuro político y comercial. Aunque para ello haya tenido que hacer claudicar al mismísimo “imperio”.

Con 30 veces más población, 90 veces más territorio y casi 300 veces más riqueza, el todavía -y por los pelos- país más poderoso de la tierra hizo las paces de buena voluntad con el diminuto enemigo íntimo que llegó a poner en vilo todo el tinglado del American way of life. “Otra concesión a la tiranía”, diría el senador republicano Marco Rubio.

Cuando los más críticos de Obama se frotaban las manos con su desaborida presidencia, el “pato cojo” decidió poner fin al Vietnam diplomático que durante años fue una de las semillas del rencor “antigringo” en la región, como han mostrado consistentemente los sondeos del Latinobarómetro. Todavía quedan resentimientos por décadas de tropelías de Estados Unidos en el dichoso “patio trasero”. Por eso todos los pasos cuentan. Y este es uno grande.

En términos estratégicos, el retrato de Obama y Castro no llega al nivel del apretón de manos de Richard Nixon con Mao Tse Tung, pero al mandatario norteamericano todavía le quedan 20 meses para sacarse algunas otras fotos históricas que lo hagan algo acreedor del Premio Nobel de la Paz que tanto devaluó la Academia Sueca al otorgárselo en 2009. Próxima estación en el eje del mal: Irán.

Con el primitivismo arrinconado, los ciudadanos sólo pueden ganar. Y no es una cuestión meramente material, es que el fanatismo es una carga muy pesada con la que vivir. Sobre todo si es heredado.

Por eso, estos días muchos gritan por las calles de Florida: “¡Obama, traidor!”. Ahora que la teta petrolera venezolana parecía secarse aceleradamente, el exilio radical y sus aliados estaban convencidos de que un poquito más y seguro caían los “sátrapas del Caribe”. Lo mismo que pensaron cuando cayó el Muro de Berlín. Y cuando los marielitos se echaron al mar. También cuando crujieron las tripas de Fidel. “Aún queda la hoja de parra del embargo norteamericano para que nadie pueda decir que la resignación ha sido completa”, valoró la periodista cubana opositora Yoani Sánchez.

No será cosa de dos días, pero el bloqueo económico acabará cayendo por su propio peso. Mientras tanto, los puntos anunciados para su flexibilización multiplican las oportunidades, avivan las esperanzas y auguran una nueva era de progreso en la mayor de las Antillas. Como pasa siempre en estos casos, no será igual para todos.

La actualización del socialismo ha llevado a medio millón de cubanos a la agridulce realidad del mercado. Algunos prosperan como exitosos cuentapropistas, mientras otros forcejean inútilmente con los enigmas del capitalismo. Los naufragios personales se cuentan a millares, mientras los triunfadores buscan discreción. Las nuevas reglas del juego tan sólo acelerarán este proceso en el que la brecha social y las desigualdades –existentes desde siempre en Cuba, pero bien difuminadas– se irán ampliando hasta límites insospechados. La floreciente burguesía del turismo y las remesas llegaron para quedarse.

Por eso, los otros radicales también gritan -bien bajito y en la intimidad de sus hogares- ¡Raúl, traidor!, pues las nuevas reglas del juego acelerarán los cambios en el mapa de poder local de forma irreversible. La pureza revolucionaria perderá enteros frente al músculo financiero. El merecido bienestar ya no pasará obligatoriamente por las estrictas filas del partido y eso hará a más uno empezar a añorar los viejos tiempos desde ya.

El irreductible ingenio cubano aseguró durante años que para sobrevivir en la isla tan sólo hacía falta tener FE: familia en el extranjero. Los creyentes se multiplican.

Por fin, a una Cumbre de las Américas no le quedó grande el apellido de “histórica”. En la anterior cita interamericana, la región había lanzado un órdago unánime a la Casa Blanca: o todos o ninguno. Con ese gesto, la diplomacia latinoamericana llegó a la mayoría de edad, dejando definitivamente atrás la época de los chantajes económicos, las visiones hegemónicas y los consensos importados.

Cuba, que durante años se choteó de la Organización de Estados Americanos, a la que llamaba “el ministerio de las colonias de Washington”, finalmente participó en el foro regional por excelencia. Ahora, con toda la familia sentada de nuevo a la mesa, quizás las Américas puedan replantearse la hoja de ruta de la integración, después de que la batalla ideológica la atomizara en una incomprensible sopa de siglas (CAN, Caricom, Aladi, Mercosur, ALBA, Alianza Pacífico, Unasur, Celac) que sólo ha servido para alimentar a los escépticos.

No deja de ser simbólico que el padrino de esta nueva era de diálogo hemisférico sea precisamente el primer Papa latinoamericano, quien fungió como mediador en los primeros compases del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos.

“(Esta Cumbre) es seguramente una llamada pro mundi beneficio a generar un nuevo orden de paz y de justicia y a promover la solidaridad y la colaboración respetando la justa autonomía de cada nación”, escribió el pontífice Francisco en su mensaje inaugural a los presidentes reunidos en Panamá.

“No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar obtener un resultado diferente”, sentenció Obama en su inesperada intervención del 17 de diciembre para anunciar el primer acercamiento con La Habana. Si esta fuera la definición de la locura de Albert Einstein, como algunos se afanaron en citar, le daría una nota de deliciosa ironía al discurso. Pero la frase no es del célebre físico alemán, sino que parece provenir del segundo paso del texto básico de Narcóticos Anónimos. Lo que lo hace incluso más apropiado para la ocasión.

El poder -grande o chico- es adicto a tener la razón, no soporta ceder y odia cambiar. No fueron ni la lucha anticomunista, ni la resistencia al capitalismo, ni la batalla por la democracia, ni el "patria o muerte" de la revolución lo que mantuvo en pie al Muro del Caribe estos largos lustros; sino el ego a toda costa de un puñado de hombres contra el bienestar de sus pueblos.

El caso cubano es tan solo un minúsculo botón en el dilatado muestrario de conflictos internacionales y flagelos globales que gobiernos de todas las latitudes geográficas e ideológicas insisten en combatir, una y otra vez, con los mismos métodos fracasados de siempre. El narcotráfico, la guerra contra el terrorismo, la migración, la desigualdad…

“Coyunturas como esta me dan esperanza. Necesitamos políticas radicales, pero en su diferencia con lo que hemos hecho hasta ahora para enfrentar algunos de los problemas aparentemente irresolubles. Cuba es un ejemplo de cómo comenzar a desmontar, naipe por naipe y sin escándalos, algunos de los castillos tóxicos que quedan en el mundo”, consideró Anderson.

Y entonces, ¿por qué no sucede esto más a menudo? ¿Por qué se insiste con unas estrategias que nos llevan, una y otra vez, de vuelta al paso dos de la rehabilitación? Quizás sea el momento propicio para, esta vez sí, citar a Einstein: "Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el Universo. Y no estoy seguro de lo segundo”.

Kike A. Pretel, Panamá
El Confidencial, 2 de julio de 2015.
Foto: Tomada de El Confidencial.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Cuba, el país comunista más loco



Cuba es un país socialista. La revolución que culminó con la huida del dictador Batista en 1959 colocó a Fidel Castro en el poder; en 2008 Fidel abandonó la presidencia en favor de su hermano Raúl. Desde 2011, Raúl es también secretario del Partido Comunista.

La historia de Cuba tiene dos grandes etapas: antes y después de la caída del bloque comunista en 1990. La descripción más común que he oído del periodo anterior a 1990 ha sido “era algo mejor que ahora”; unos decían “mucho mejor” y otros “solo un poquitico mejor”.

La diferencia básica para la vida de los cubanos es que los sueldos en los primeros treinta años de la revolución alcanzaban para cubrir las necesidades: la educación era universal y gratis, el Estado otorgaba casas a precios irrisorios (ayudó que muchas viviendas quedaran vacías tras la revolución y el Estado se las quedara), la cartilla de racionamiento daba comida y hasta ropa. El transporte obrero era gratis, en el trabajo daban billetes para cenar fuera e ir a cabarets de vez en cuando e incluso, los mejores trabajadores se ganaban unas vacaciones en la playa.

Un ex profesor universitario con nostalgia me contaba de aquellos años, con la vida resuelta. A pesar de que todo se acabó en 1990, ya antes se veía que la idea no iba a resistir. El principal problema era simple: “No todos somos iguales”, me dijo el profesor, que simpatizaba con la revolución. Esa frase la he oído varias veces, a menudo de gente a favor del sistema. En Cuba hicieron la prueba práctica.

El profesor me explicó la historia de la zafra de 1970. Cuba producía mucho azúcar. En 1970 Fidel se propuso llegar a los 10 millones de toneladas. Era una cantidad exagerada, pero factible. Cuba movilizó a toda la población. Otras industrias quedaron desatendidas y hasta se suspendieron las celebraciones de fin de año en 1969.

Los macheteros y los campesinos debían trabajar como nunca. Los desafíos técnicos y agrícolas de la zafra eran enormes, pero el profesor se centró en un asunto de fondo: “Un trabajador podía llegar a trabajar 12 horas diarias y 7 días a la semana, pero otro cumplía con ocho horas y el domingo descansaba. Y los dos ganaban lo mismo”.

Ahí empezó a complicarse. No solo uno trabajaba menos, el otro se cansaba de esforzarse más para nada. Cuando Fidel anunció que no se iba a llegar a los 10 millones, el profesor lloró ante la tele junto a su mujer. El país no había estado a la altura de la construcción del socialismo, ni nunca iba a estarlo.

Cuando el apoyo soviético se acabó en 1990, empezó el 'período especial'. Cuba no tenía recursos para comprar del extranjero lo que necesitaba. Además de la comida, el recuerdo más persistente de los cubanos cuando hablan de aquellos años es la falta de jabón y detergente (“nos lavábamos con agua sola”) y los desplazamientos en bicicleta porque no había petróleo. “Podías cruzar la calle leyendo el periódico”, me dijo un habanero.

Cuba optó entonces por el turismo como nueva fuente de ingresos. Era un principio de solución. Hoy la ayuda o intercambio de servicios con otros países (con Venezuela a la cabeza, 'nuestro mejor amigo', según montones de carteles) ha mejorado la situación general. Pero los progresos son lentos. Hoy el problema es que los sueldos de las empresas estatales no bastan para sobrevivir.

Los cubanos empezaron a 'inventar', que es el modo nacional de decir 'buscarse la vida'. Como me dijo una persona: en Cuba no se pregunta “¿cuánto ganas en el trabajo?”, sino “¿cuánto te buscas?” El sentido es claro: cuánto dinero logras sacar a través de tu empleo o en otros asuntos, no cuánto te pagan, que seguro que rondará entre los 10 y 25 euros mensuales.

El descubrimiento de 'inventos' -y la vista gorda- ha sido un pasatiempo en mi viaje. Desde los 90, el Estado permite cierta iniciativa privada, que ha tenido altibajos. Con la llegada de Raúl, las reformas parecen más consistentes y constantes. Algunas novedades eran imprescindibles por dignidad: los cubanos pueden ya entrar en todos los hoteles del país, pueden salir del país (si tienen dinero y un visado), pueden comprar y vender sus casas (con limitaciones), pueden tener móvil (pero aún no internet).

Hay cambios, pero el aspecto general es aún destartalado. Nadie sabe bien dónde se va, pero la convicción de que no hay vuelta atrás es extendida. Algunos de los 'inventos' que descubrí en Cuba.

1. Los cuartos y paladares de siempre ahora crecen. Con la apertura al turismo de los 90, el gobierno permitió que algunas casas privadas pudieran alquilar cuartos o montar minirestaurantes (los famosos paladares). Durante los años 2000, los impuestos crecieron y menos casas se lanzaron a aventuras privadas: la tasa por cuarto llegó a ser de 200 pesos convertibles al mes (más de 200 dólares hoy). Para cubrir gastos había que alquilar el cuarto no menos de 15 días al mes. En esos años, en Cienfuegos solo había dos paladares legales, me dijo la dueña de uno. “Hoy existe un montón”.

A partir de enero de 2013, el impuesto para poder alquilar un cuarto es de 35 pesos más el 10 por ciento de los beneficios. “No hace falta declarar a todos los visitantes que dormimos aquí”, solía decir a los dueños para que evitaran ese 10 por ciento. Pero les parecía un truco peligroso ante posibles inspecciones. Tenían una trampa alternativa: declarar una tarifa por noche menor.

Ahora no solo cada vez más cubanos alquilan cuartos o montan paladares en sus casas, sino que más gente amplía su negocio inicial. Ahora en Cuba las casas se pueden comprar y vender. En cuatro casas en las que estuve, los propietarios remodelaban edificios cercanos que habían comprado para alquilar más cuartos. Pero el gobierno pone aún otra traba: nadie puede tener más de una propiedad. La trampa es de nuevo evidente: las casas nuevas van a nombre de los hijos, a quienes el Estado apenas da ya casas nuevas.

Junto al turismo, otra fuente enorme de ingresos para los cubanos son las remesas familiares desde el extranjero. Cien euros alcanzan para vivir un mes en Cuba. En el pueblo de Gibara pasé por delante de una preciosa casa colonial remodelada y con bombillas de luz amarilla (un lujo en un país donde domina la luz blanca del fluorescente y la bombilla de bajo consumo). Mientras intentaba buscar algún signo de dónde habrían sacado el dinero para toda esa obra, pasó un vecino: “Tienen familiares en Alemania”, me dijo.

Otra novedad es que esta industria turística privada ya no se nutre solo del exterior. En Gibara cené en el magnífico paladar Las Terrazas. Ese día -un sábado- habían servido a más de cien clientes, la mayoría cubanos. La facturación debió rondar los mil euros brutos.

2. El turismo en pequeño tiene también trampas. El turismo no solo nutre a pequeños negocios. Las propinas de turistas son básicas en el mundo del 'invento' cubano. Dos de los recursos más novedosos que he visto tienen que ver con el coche de alquiler que llevaba: una noche, en Remedios, lo dejé en la calle. Por la mañana, tenía los limpiaparabrisas levantados: alguien lo había lavado. En menos de 15 segundos, un señor mayor apareció de la nada para dar los últimos retoques con un trapo seco: esperaba la propina.

Otra noche, en Santa Clara, el propietario de la casa donde me quedaba me dijo que para que el coche estuviera seguro debía dejarlo aparcado en otra calle. Allí, en medio de la calle, un señor vigilaba coches sentado en un portal: cobraba 2 euros por coche. El señor, de más de 70 años, vivía en una residencia de jubilados y necesitaba esos ingresos extra. Se turnaba con un amigo, dos noches cada uno.

Los empleos que dejan propinas más buscados son maleteros, guías de turismo, taxistas, camareros... Este chiste resume la situación: “José Luis es un gran cirujano, una persona honesta y dedicada a su trabajo. Pero cuando bebe se vuelve insoportable con sus sueños de grandeza: presume de ser maletero o taxista”.

3. Los timbiriches. Los timbiriches son una variante cubana de los tenderetes. Una mesa en la calle con cuatro cosas encima es una 'tienda'. En muchas casas venden o anuncian que venden algo.

El nombre de timbiriche lo vi en esta canción. Las imágenes del vídeo son ejemplos de timbiriches. La canción es políticamente correcta en Cuba. El cantante Tony Avila dice que “hace falta tener dinero, pero cuida que el dinero no se haga dueño de ti”.

El capitalismo por supuesto sigue siendo oficialmente malo. La línea oficial del régimen es que “los cambios en Cuba son para más socialismo”. Pero la progresión de los timbirichis o timbiriches es real. Hay tantos que en Camagüey vi este cartel: “No hay venta. No molesten”: Otro modelo extendido son las 'cafeterías', donde venden algo de comer. Las rejas son para poder dejar 'abierto' sin tener que atenderlo: Cuando no hay escaparates (vitrinas), hay carteles.

En uno decían "Se vende helado en potes". Encima, la imagen de una virgen. El régimen ha dejado de preocuparse por la práctica religiosa. Hay bastante devoción y confesiones por todas partes: estuve en varias iglesias y en la sinagoga de La Habana y todos decían que ya no se metían con ellos. Vi también templos protestantes y uno cuáquero con carteles afuera.

Un negocio privado de coger ponches que lleva 20 años abierto, se ha ampliado y ahora en él trabajan cuatro mecánicos. Un sábado por la mañana en Camagüey vi a gente pasear vendiendo paquetes de espaguetis, escobas plásticas y carreteles de hilo de varios colores. Otro día, mientras comía en Santiago de Cuba, dos niñas con una bolsa grande se acercaron a la puerta, llamaron a la camarera, hablaron con ella y entraron. Al rato salieron, se acercaron a la mesa y con mucha discreción dijeron: “Tenemos ropa para el final del verano, ¿se la enseño?”

Toda esta ropa que se vende en privado en Cuba llega del extranjero, sobre todo de América Latina (Ecuador, Panamá, México) y Estados Unidos. Toda se parece. Pero, como es lógico en un sistema de oferta y demanda, cuando hay una necesidad, alguien la va a cubrir.

En una calle secundaria de la Habana Vieja encontré por casualidad una puerta con un cartelito de moda. Alguien abrió y había una tienda. Era una pequeña boutique, con ropa bien tendida en las paredes, con una tele de plasma que emitía un canal de moda italiano. Toda la ropa era de Bershka y Pull&Bear y costaba entre 20 y 40 euros.

La tienda llevaba un año abierta y la dueña no ponía vidriera porque no quería más publicidad: ya no podía vender más. En Cuba estos incipientes mininegocios privados no pueden comprar containers en el exterior. Toda la mercancía llega por el aeropuerto, con un pasajero y sus maletas (hay 'mulas' que hacen ese servicio). Las marcas de la tienda varían (la sacan de almacenes en España e Italia, ¿cómo? no lo sé). En suma, quien quiere ropa distinta, la encuentra.

Todo esto me recuerda a ciudades de China hace una década o menos. En 2006 estuve en Lanzhou, una ciudad de Gansu, en el interior. Al anochecer, algunas calles del centro se llenaban de docenas de ciudadanos que se ponían en la acera con un tapete a vender de todo. El método es el mismo: inventar un sobresueldo.

4. El mangoneo. Hay un escalón por debajo del timbiriche. Esperaba en una tienda estatal al lado del vigilante de seguridad, que jugaba a las bolas en un Samsung S4 nuevo, con el protector de plástico puesto sobre la pantalla. Le pregunté de dónde lo había sacado: “Yo los vendo”, me dijo. Costaban 125 euros, era un modelo falso y se los traía un amigo de Estados Unidos.

En Cuba no hay 3G, pero hay gente dispuesta a pagar dinero por una copia de smartphone. Por supuesto, hay también alguien dispuesto a venderlos: “He vendido ya ocho; ahora me queda solo este”. El vigilante tenía su estrategia: “Cuando a alguien le interesa, le dejo que lo prueben, que pongan su tarjeta, que vean que va todo bien, no me interesa quedar mal. De momento no me han devuelto ninguno”.

En una esquina de una calle en La Habana, charlaban dos amigos. Uno llevaba unos Nike AirMax nuevos. Me acerqué y le pregunté de dónde los había sacado: “¡Yo las vendo!”, me dijo. Y siguió: “¿Qué número usas? Cuestan 100 dólares, para ti 80. Vamos a casa y te los pruebas”. Si quieres algo en Cuba, por difícil que sea, alguien va a aprovechar esa oportunidad, lo va a traer del extranjero y lo va a vender. Así se hacen los negocios: hay que satisfacer la demanda.

5. El paquete. En Cuba no hay internet. El único modo de conectarse es en salas de telecomunicaciones del estado (4 euros por 1 hora y siempre vi colas) o en algunos hoteles (más caro). Fuera de La Habana pocos hoteles tienen y el sistema depende de unas tarjetas con unos códigos del gobierno que a menudo se habían acabado. La conexión es muy lenta. Los cubanos que se conectan a menudo lo hacen en el trabajo. Sin un trabajo especial, el único modo de tener internet en casa es a través de un extranjero. El extranjero contrata la línea con un número de teléfono de un cubano y allí hay internet. Pero no es tarifa plana: 60 horas cuestan unos 40 euros al mes.

En Cuba no hay internet, pero hay 'el paquete'. El 'paquete' son vídeos que llegan del extranjero cada semana: series, películas, todo tipo de deportes, programas de actualidad. Todos los cubanos a los que pregunté sabían qué era el 'paquete' o una variante de ese nombre. En una casa cada lunes iban con un disco duro a grabar 800 gigas de material. En otra alquilaban un dvd. En otra copiaban un pendrive. Nadie se esconde: en una casa vi el cartel “Se llenan memorias”. Si alguien quiere ver una serie americana entera, es posible encontrarla. Las españolas más citadas eran Aquí no hay quien viva, Aída y Fuga de cerebros. También, por supuesto, los partidos de fútbol de Madrid y Barça.

La pregunta es quién consigue 'el paquete' con todos sus archivos organizados y con puntualidad. Ninguna conexión cubana normal da para eso. Nadie sabía o quería decirme de dónde salía el 'paquete'. Algunos adeptos al régimen -me decían- tienen conexiones rápidas. Tenía que salir de algún lugar así. La tele es un gran entretenimiento en Cuba -montones de cubanos miran en la tele cubana series propias, brasileñas o de otros países. Los videojuegos están también extendidos. Pero internet no. Está claro que para un gobierno, internet es más difícil de controlar que el 'paquete', y además sirve para organizarse.

6. El robo al Estado. Cada vez menos, pero la mayoría de cubanos trabajan aún para el Estado. En muchos trabajos es posible 'meter cuchilla' (robar). En una tienda estatal de ropa en Santiago de Cuba, vi a los empleados comprar compotas de mango y guayaba en botellas de plástico de litro y medio, para preparar después jugos. Un tipo las traía en un saco y costaban menos de un euro. El tipo las compraba a un funcionario que trabajaba en la empresa productora de compotas y las sacaba 'por la izquierda'. Era su negocio.

Otro ejemplo. “Las plazas de conductores de autobús son muy buscadas. El estado solo exige un tanto mínimo, todo lo que supera esa cantidad, es para el chofer”, me dijeron. Algunos conductores de taxis estatales en La Habana tenían también un mínimo razonable de beneficios que darle al Estado, entre 30 y 50 euros diarios. El excedente, al bolsillo. Esto implicaba a menudo jornadas de trabajo de más de 12 horas, aunque en muchos casos trabajaban un día sí y otro no: los taxis se compartían entre dos conductores.

He visto también camareros que ponían en la misma caja registradora, apagada, el cobro de la cuenta y las propinas, todas al mismo bolsillo. Es evidente que el gobierno mira hacia otro lado: dejarse robar es un modo de sobrevivir. El nivel de robo parece espectacular. Quien no hace una cosa, busca otra. Quien no da con nada, procura irse.

Este reportaje es sobre todo acerca de las aparentes reformas económicas del gobierno cubano. Pero siempre que se habla de Cuba hay temas inevitables. Este es quizá el principal, que por tan sabido veo aún que no deja ser obvio. Cuba es una dictadura. Es innegable: hay censura, hay presos políticos, hay tortura, no hay elecciones, hay desaparecidos. En suma, no impera ninguna ley por encima del capricho del gobierno.

Cuba es el típico país donde antes de hablar de asuntos espinosos en un lugar público, mi interlocutor bajaba la voz, esperaba nervioso a que el camarero se alejara, prefería una mesa alejada del resto de clientes o miraba por la ventana para ver si alguien podía escuchar. No oí a nadie criticar a Fidel o Raúl con saña, aunque varios sí lamentaban (en privado) que no tienen ni idea de economía y que el gobierno era inútil y sus decisiones eran incomprensibles.

Tengo además amigos cubanos en el exilio. Sé sus historias de primera mano y que su estancia y salida del país no fueron fáciles. Hay, claro, dictaduras donde matan a mil, a diez mil y a cien mil por no aceptar el régimen de turno. No discutiré a cuál pertenece Cuba, pero los comentarios están abiertos.

También es inevitable que, al hablar de Cuba, surja el bloqueo norteamericano. Si Cuba no va bien, no es por culpa del bloqueo. La decisión americana perjudica en ámbitos determinados -hay patentes americanas punteras en sanidad, por ejemplo, que Cuba no puede importar-, pero no tiene muchas otras cosas del extranjero porque no puede pagarlas.

Antes de viajar hablé con un amigo cubano en Barcelona. La situación económica en Cuba es ligeramente mejor hoy que en 1994, pero hay una diferencia política importante: el régimen ha ganado. Si Fidel hubiera muerto en 1994, con la tensión que había en la calle, todo hubiera podido ocurrir. Pero hoy el mundo es distinto.

Recuerdo en aquellos años cómo otro amigo cubano exiliado me decía que lo primero que iban a hacer los cubanos si moría Fidel era asaltar los hoteles donde hasta entonces no podían entrar (así ocurrió el 31 de diciembre de 1958 cuando salió Batista del país y varios casinos de la mafia americana fueron destrozados).

Pero el régimen resistió agazapado aquellos años de aislamiento económico y político, con todos los recursos -limpios y sucios- que tenían a mano. Hoy Cuba es un país menos peculiar. China es una dictadura próspera nacida de un Partido Comunista; Vietnam, también. En América Latina varios países siguen la estela de Venezuela. Todo régimen tiene la intención de perpetuarse. El régimen cubano por ahora lo ha logrado.

El mayor objetivo de muchos cubanos hoy solo es vivir algo mejor. Saben que si no levantan la voz, la mayoría va a poder hacerlo o al menos ver cómo a su alrededor ocurre. La incertidumbre sobre el futuro es grande, pero nadie cree que Fidel hubiera permitido tanta reforma. “Cuba no cambiará hasta que mueran todos los de la generación de la Sierra (los que hicieron la revolución)”, me dijo un anciano.

Aparte de estas nuevas opciones económicas, los cubanos elogian sobre todo tres ámbitos de su país respecto a sus vecinos caribeños y latinoamericanos: la sanidad, la educación y la seguridad. Hay seguridad en las calles, pero no hay garantías jurídicas. En Cuba apenas hay drogas, las armas son ilegales y quien roba se la juega, más si le roba a un extranjero. Pero el modo en que se consiguen las cosas es dudoso. Varias veces me dijeron que si pillan a alguien con drogas -no solo vendiéndolas- “le caen a palos”. Muchos prefieren no saber más y disfrutar de esa seguridad.

El título de este trabajo es de un cubano. Me dijo 'loco' en sentido de 'incomprensible', 'desorganizado'. Era solo una descripción correcta. Pero 'loca' es una descripción más holgada de la que he oído en otros países, incluso para extranjeros.

Texto: Jordi Pérez Colomé
Obama World, 4 de septiembre de 2013.
Foto de Cristina Redondo. Vendiendo de todo un poco: desde ropa y bisutería hasta guayabas, aguacates y mangos.

lunes, 10 de agosto de 2015

Muralla, la calle de los retazos



La calle Muralla, perteneciente al denominado Casco Histórico de la Ciudad, primero se llamó Calle Real, porque era la principal salida hacia el campo que tenía la entonces Villa de La Habana.

Posteriormente, en 1721, cuando en lo que hoy es la unión de las calles Monserrate y Egido, junto a la plazoleta de Las Ursulinas, se abrió una puerta a la muralla, que se denominó Puerta de Tierra, se le cambió el nombre por el de Muralla.

En 1763 fue nombrada Ricla, en honor del conde que ostentaba dicho título, quien fuera el primer gobernador español, después que abandonaron la ciudad las fuerzas inglesas que la habían tomado en 1762. Tiempo después, se le restituyó el nombre de Muralla, por el cual aún es conocida.

Muralla se extiende desde la calle Oficios hasta la unión de las calles Monserrate y Egido, ambas denominadas oficialmente Avenida de Bélgica, aunque pocos las conocen por este nombre.

En su primer tramo, desde Oficios hasta San Ignacio, se encontraban las principales mansiones y viviendas, entre ellas, la Casa Cuna construida en 1710 por el presbítero Gerónimo Valdés, quien posteriormente fuera Obispo de La Habana y fundara en San Lázaro y Belascoaín la Casa de Beneficiencia y Maternidad, el edificio del Hotel Cueto en la esquina de Mercaderes, en total estado de deterioro, manteniendo sólo sus paredes exteriores en una prolongada recuperación, la casa que perteneciera al regidor e historiador Félix de Arrate, la de Don Pedro Alegre y el denominado Palacio de los condes de Jaruco, el cual, aunque data del primer tercio del siglo XVII, fue reedificado en 1768, agregándole los portales y la planta alta, al recibir don Gabriel Beltrán de Santa Cruz y Aranda el título de conde de San Juan de Jaruco, por servicios prestados a la ciudad durante el sitio y toma de La Habana por los ingleses.

Aquí, como hija del tercer conde de San Juan de Jaruco y primer conde de Mopox, nació María de las Mercedes Santa Cruz y Cárdenas, quien habría de ser la famosa escritora cubana conocida como la Condesa de Merlín, la cual pasó su infancia en el cercano convento de Santa Clara. Hoy, convertido el palacio en la denominada Casona del Fondo de Bienes Culturales, se utiliza para exposiciones y otras muestras culturales.

La calle, en este primer tramo, colinda con la denominada Plaza Vieja, que ocupa el cuadrilátero formado por las calles de San Ignacio a Mercaderes y de Teniente Rey a Muralla. Esta plaza, en su dilatada existencia, ha tenido diversos nombres, desde el primero de Plaza Nueva, pasando por el de Real, Mayor, de Roque Gil, del Mercado, de la Verdura, de Fernando VII, de la Constitución, de Cristina y de la Concordia, hasta el último de Plaza Vieja. Por si fuera poco, en 1908 se pretendió convertirla en un parque con el nombre de General Juan Bruno Zayas, el cual nunca se construyó, y la plaza continuó siendo conocida como la Plaza Vieja.

En la década de los 50, bajo ella se construyó un parqueo, el cual desapareció cuando fue restaurada en su forma original. En el tramo de Muralla, actualmente existen en el local que antiguamente ocupara una fonda, un comercio denominado El Escorial, donde se oferta un café que se tuesta y se muele en el lugar a la vista del público, acompañado de dulces o emparedados, en la casa que fuera de Arrate el Museo de los Naipes, en la de Pedro Alegre, donde estuvo una heladería, la tienda exclusiva Paul and Shark.

A continuación, la Galería de Arte Diago, la Casona y la Factoría Plaza Vieja, en la casa que fuera de Don Laureano Torres de Ayala, local que durante la República ocupara la imprenta y papelería La Comercial, donde hoy se oferta cerveza y malta a granel fabricadas en el lugar, acompañadas de refrigerios o comidas. Este primer tramo se inserta dentro de los recorridos turísticos organizados por la Oficina del Historiador de la Ciudad, debido a lo cual muchas edificaciones han sido reparadas y destinadas a estos fines.

Así, comenzando en la calle Oficios, aparece el edificio de estilo neoclásico edificado a inicios de la República, que ocupara la Cámara de Representantes antes de construirse el Capitolio Nacional, ocupado posteriormente por la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, después Ministerio de Educación, hoy convertido en museo, el Museo Alejandro de Humboldt, una fonda transformada en la Joyería Cuervo y Sobrinos, a pesar de que la original se encontraba en la esquina de San Rafael y Águila, en un local actualmente deteriorado, la barbería y peluquería Ensueño, una guardería donde estuvo la Casa Cuna, el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau con su Casa de la Poesía, la Casa del Historiador, perteneciente a la Unión Nacional de Historiadores, donde se reúnen quienes se dedican a tergiversarla, en correspondencia con los actuales intereses ideológicos y políticos, la Casa Zamora y, enfrente, el edificio que perteneciera a la Machin & Wall Company.

Independientemente de la importancia histórica de este primer tramo, Muralla se hizo famosa más por su segundo tramo, debido a la existencia a lo largo del mismo de numerosos almacenes y tiendas dedicados a la actividad textil, establecidos por los emigrantes judíos (hebreos) provenientes de Europa, principalmente de Polonia, Alemania, Rumania, Lituania, Rusia y Austria, así como por los llamados "moros", que venían del Líbano, Siria y otros países árabes, todos denominados por los cubanos "polacos".

Aquí se ofertaban telas al por mayor y al menudeo a buenos precios. Una característica original de estas tiendas era la venta de retazos, que eran los recortes de las telas que quedaban al final de las piezas, de los cuales era conveniente salir lo antes posible, para colocar las nuevas. Estos retazos podían ser de media, una, dos o tres yardas y más -se utilizaba esta medida-, y se colocaban mezclados sobre grandes mesas o carretillas, donde las clientes -la mayoría eran mujeres- debían hurgar hasta encontrar lo deseado.

La otra característica consistía en el regateo entre el vendedor y el comprador por el precio a pagar. Además de telas, se ofertaban encajes, broches, cremalleras, cintas, botones, alfileres, agujas, hilos y todo lo necesario para las costureras. Era normal copiar los modelos que se exhibían en las vidrieras de las elegantes tiendas El Encanto y Fin de Siglo, y visitar Muralla para comprar las mismas telas a precios módicos y, después, confeccionar el vestido copiado.

En Muralla se ofertaban todo tipo de telas: gabardina, frescolana, muselina, casandra, hilo, lino, terciopelo, pana, corduroy, paño, lana, seda, crash, dril, algodón, casimir, olán, raso, rayón, dacrón y muchas más. También se podían adquirir diferentes encajes: chantillí, bolillo, gallego, de Calais, tirabordada, punta, entredós y otros.

La emigración judía, después de 1898, estaba formada por un pequeño grupo de comerciantes y representantes de empresas extranjeras, los llamados hebreo-americanos, que se vincularon a las clases altas de la sociedad.

En la primera mitad del siglo XX, a partir de 1908, arribaron los sefarditas venidos del Imperio Otomano, principalmente turcos, debido a la Revolución de los Jóvenes Turcos, la Guerra de los Balcanes y la Primera Guerra Mundial, a partir de 1920, los asquenazis, los denominados "polacos", debido a los pogroms de Europa Oriental, y entre 1933-1944 los que huían del nazismo, quienes convirtieron La Habana Vieja en el centro de sus actividades comerciales, tantos de las referidas a la calle Muralla, como a otras calles aledañas, estableciendo talleres para la confección de ropas, carteras, cintos, corbatas, sombreros, elásticos, panaderías, almacenes de importación, tiendas de diferente tipo, quincallas, numerosas sociedades religiosas, culturales y de ayuda mutua, revistas, periódicos y hasta un restaurante en la calle Acosta, entre Damas y Habana, al que jocosamente denominaron Moishe Pipik (El Ombligo de Moisés), inaugurado en 1944 y perteneciente a R. Weinstein.

Fueron conocidos en su tiempo, en Muralla entre Habana y Compostela, el almacén de tejidos Universal; entre Compostela y Aguacate, la fábrica de carteras Zisie Ch. Shaftal; entre Villegas y Cristo la tienda de sedería y quincalla El Tanque de Bigelman y Cía. S.A.; y entre Cristo y Bernaza, el almacén de tejidos de Herman Heisler.

Además, en la aledaña calle de Teniente Rey se encontraban la fábrica de ropa interior y camisas Ben Dizik y Cía. S. en C., la May Trading Co. S.A. de Hugo May, Representante-Comisionista, la fábrica de cinturones y carteras Diva e Industrias Tarzán de Elías Gurian, el taller de confecciones Guris de Isaac Gurwitz, la Universal Textile El Globo de Epstein M. y Cía., la fábrica de cinturones Universal de Jaime Bloch, la tienda de sedería y quincalla La Casa Prashnik y la fábrica de corbatas Reporter y Record de Julio Carity. En la cercana calle Sol estaba la fábrica de elásticos de I. Garazi e Hijos. La mayoría de estos comercios se establecieron entre los años 1920 y 1944, cuando se produjo la mayor emigración de judíos hacia Cuba.

Hoy los almacenes, talleres de confecciones y tiendas de la calle Muralla no existen. Tampoco existen los restantes comercios que se encontraban en otras calles aledañas de La Habana Vieja. Sus locales o se han perdido por derrumbes o están ocupados mayoritariamente por familias, que los han convertido en precarias viviendas. Abundan los locales transformados en basureros malolientes.

De la transitada calle de los "polacos" y los retazos, sólo queda el recuerdo en las generaciones más viejas. Si en el año 1902 había en Cuba 1.500 judíos, y en 1944 habían aumentado a 21.000, después comenzaron a disminuir, existiendo en el año 1952 14.200 y, en 2003, sólo 1.500, cifra que ha continuado reduciéndose.

Fernando Dámaso
Diario de Cuba, 30 de noviembre de 2014.
Foto: Muralla y Bernaza, Habana Vieja. Tomada de Calle Muralla: fosa común, de Ernesto García Díaz.

sábado, 8 de agosto de 2015

Sin hipocresía: respuesta que en 1999 le di a Rosa Miriam Elizalde




Rosa Miriam Elizalde Zorrilla y Elaine Díaz Rodríguez son dos de las periodistas cubanas más preparadas con que cuenta el régimen verde olivo. Las dos han sido profesoras universitarias y han tenido oportunidad de viajar a Estados Unidos, donde por estas fechas, Díaz debe estar finalizando un curso de periodismo en la Universidad de Harvard. Pero en mi opinión, Elaine es mucho más periodista y menos oficialista que Rosa Miriam, quien desde hace años decidió venderle su alma a los Castro y convertirse en una 'talibana', como en su momento lo fue el ex talibán Hassan Pérez, alias Metralleta.

Perfil de Rosa Miriam en Cubadebate: Periodista cubana y editora del sitio Cubadebate. Es Doctora en Ciencias de la Comunicación y autora o coautora de los libros Antes de que se me olvide, Jineteras en La Habana, Clic Internet y Chávez Nuestro, entre otros.

Su perfil en La Jiribilla: Periodista y editora cubana. Columnista del diario Juventud Rebelde, del cual fue subdirectora editorial durante varios años. Tiene dos libros publicados: Jineteras en La Habana y Flores desechables, ensayos periodísticos y reportajes sobre la prostitución. Integró la antología Vivir y pensar en Cuba, una selección de textos de jóvenes ensayistas cubanos. Fue editora del semanario digital La Jiribilla. Actualmente dirige dos conocidos sitios cubanos en internet: Cubadebate y Antiterroristas.cu (dedicado a la campaña de propaganda por la ex carcelación de los cinco espías presos en Estados Unidos, finalmente liberados por conveniencia de la administración del presidente Obama).

Otro perfil, en Ventana Política: Periodista, editora de Cubadebate, doctora en Ciencias de la Comunicación Social y profesora auxiliar de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Su tesis de doctorado, defendida en 2014, fue premiada como la mejor del país en Ciencias Sociales. En cinco ocasiones ha obtenido el premio Juan Gualberto Gómez, el reconocimiento periodístico más importante en Cuba. Fue subdirectora de Juventud Rebelde y fundó varias publicaciones digitales, entre las que se destacan La Jiribilla, Antiterroristas y Cubadebate. Dirigió también el portal Cubasi. Tanto en Cuba como en el exterior, ha publicado análisis especializados sobre internet, ciberguerra y comunidades virtuales, y ha sido ponente principal en eventos nacionales e internacionales. Es colaboradora del diario mexicano La Jornada. Como autora, coautora o compiladora ha publicado nueve libros. Es miembro de la presidencia nacional de la Unión de Periodistas de Cuba.

Llama la atención que en ninguno de esos perfiles mencionan el libro Los disidentes que Rosa Miriam escribió junto a Luis Baéz, alias Luis Baba, fallecido en febrero de 2015. Ese libro fue lanzado en 2003, poco después de la Primavera Negra, la más brutal oleada represiva ordenada por Fidel Castro contra la oposición cubana y fue llevada a cabo por el Departamento de Seguridad del Estado entre los meses de marzo y abril de 2003 en toda la Isla. El periodista argentino José Steinsleger tuvo a su cargo la presentación del libro Los disidentes en La Habana. Lo que dice EcuRed, la Wikipedia isleña, sobre ese libro y sus dos autores.

Como buena fidelista y militante ejemplar del partido comunista, en casi todos sus textos a Rosa Miriam se le sale el antimperialismo y el antinorteamericanismo que lleva dentro. Sin embargo, su animadversión hacia lo yanqui, no le impiden viajar y trabajar en la 'nación de los malos'.

Sin sonrojarse, Rosa Miriam escribe en Cubadebate lo mismo de la reapertura de la embajada cubana en Washington, que de su estancia en Nueva York, entre otras ciudades del 'norte revuelto y brutal' que ha visitado. Con todos los gastos pagados por el mismo gobierno que paga a todos los periodistas oficiales y por ello los tiene comiendo de su mano y no les permite expresarse libremente.

Es una lástima que por estar en el candelero político y mediático nacional, Rosa Miriam no haya seguido investigando y publicando sobre el fenómeno de la prostitución en Cuba. O sobre otra realidad: la Isla se está convirtiendo en un paraíso para el turismo gay.

Rosa Miriam Elizalde nació en Sancti Spiritus en 1966 y yo, veinticuatro años antes, en La Habana de 1942. Por coincidencias del destino, somos las dos únicas periodistas cubanas que el escritor español Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003) menciona en su libro Y Dios entró en La Habana (El País/Aguilar, Madrid, 1998). A continuación, Sin hipocresía 
(Tania Quintero,1 de agosto de 2015).


El domingo 21 de febrero de 1999 el periódico Juventud Rebelde llegó a los estanquillos más temprano que de costumbre. En la página 5 la subdirectora, Rosa Miriam Elizalde, escribió un artículo bajo el título “Mercenarios en apuros”. En esta ocasión, ella dejó a un lado sus denuncias sobre la prostitución en Cuba y en el mundo para atacar al periodismo alternativo cubano.

Como desde el 23 de septiembre de 1995 soy periodista de Cuba Press, agencia fundada por el poeta y periodista Raúl Rivero, me siento aludida. Su trabajo tiene inexactitudes, mas no quiero rebatirlo ni polemizar con ella, porque la respeto y la admiro. Me alegro que Rosa Miriam hoy figure entre las elegidas para integrar comitivas oficiales. Se lo ha ganado por su talento.

Primer expediente de su curso, Rosa Miriam Elizalde fue insertada por la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana en la redacción de los servicios informativos de la televisión cubana donde yo trabajaba como una de las directoras de Puntos de Vista, espacio de opiniones callejeras que una vez por semana se trasmitía en horario estelar.

Yo, periodista autodidacta, a ella y a Grisell Pérez (actualmente reportera en el noticiero nacional de televisión), tenía la misión de trasladarles mis experiencias y asistirlas en la realización de un Puntos de Vista acerca del tema que ellas eligieran, en este caso el de las mujeres dirigentes. De modo que resultó un programa sobre una temática femenina dirigido por tres mujeres. Fue muy agradable trabajar con Rosa Miriam y Grisell, dos jóvenes talentosas e intachables.

Ahora, cuando Rosa Miriam se ha sumado a la campaña de ataques contra nosotros, los periodistas independientes, no es odio lo que viene a mi corazón. Tampoco sería ese sentimiento el que tendría si otros que una vez fueron mis amigos y compañeros, como Frank Agüero Gómez, hoy director del periódico Granma, escribiera horrores de mí y del periodismo al margen del control gubernamental.

Luego de leer el artículo de Rosa Miriam, vino a mi memoria aquellos tres días que en 1988 pasamos en Sancti Spiritus, su provincia natal. Ella, Grisell y yo nos alojamos en una habitación de tres camas, en el hotelito del partido provincial. Una noche las tres fuimos a casa de la tía de Rosa Miriam, quien la crió al quedar huérfana de madre. De aquel viaje a Sancti Spiritus salió el reportaje “Mujeres dirigentes: ponerse en su lugar”, posteriormente premiado en un festival de cine, radio y televisión, cada año celebrado por la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba).

Ojalá que por pertenecer Rosa Miriam a la élite de periodistas “confiables” tenga acceso desde Cuba a internet. Si lo tiene, podrá leer mis trabajos y percatarse de que escribo sin rencor y que, aunque aparentemente somos “enemigas”, al igual que ella, sigo queriendo lo mejor para mi patria, que es de todos los cubanos.

Recuerdo que una de las primeras entrevistas que hace once años hicimos en Sancti Spiritus fue a Alicia, presidenta del Poder Popular espirituano. Fuimos a su casa, en un reparto construído por microbrigadas, y allí vimos la foto de Fidel Castro que presidía la sala, tomada por Liborio Noval, fotógrafo del periódico Granma.

Fue precisamente Liborio quien le hizo a la Seguridad del Estado el “favor” de captar mi llegada -y la de otros periodistas independientes y corresponsales extranjeros- a la residencia de la entonces secretaria de prensa y cultura de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en Cuba, Mary Blocker. Era el 5 de febrero de 1997 y si asistí al convite fue porque presentí que el lugar, en la barriada de Miramar, iba a estar bajo un fuerte operativo policial

Unos días antes, el 21 de enero, habia estado 22 horas detenida por la Seguridad del Estado en un calabozo de la 3ra. unidad de policía, en Zapata y C. Vedado. Y mi inasistencia a la invitación de los americanos podía tener dos interpretaciones: que la policía política había logrado intimidarme o, peor aún, que tras los extensos interrogatorios habría empezado a colaborar con el G-2.

Cinco días después, el 10 de febrero, orquestaron actos de repudio -verdaderos linchamientos verbales- frente a las casas de varios periodistas independientes, la mía incluida. El 2 de junio, también de 1997, cinco agentes de la Contrainteligencia, comandados por un oficial que se identificó como Pepín, hicieron un registro en mi domicilio en busca de una supuesta computadora personal.

De modo que, Rosa Miriam, espero que en cualquier momento -en la televisión cubana, en Granma, en Juventud Rebelde o en los tres medios a la vez- el Departamento de Seguridad del Estado les entregue un dossier con “pruebas irrefutables” de que somos “mercenarios del imperialismo yanqui” y “agentes de la CIA” . Y de que deseamos “la anexión con el Norte”, como en los tiempos de Narciso López.

Cuando ese momento llegue probablemente esté presa. Por ello quiero aprovechar esta “libertad condicional” para decir que como la inmensa mayoría de los cubanos, estoy contra el embargo y contra la torpeza con la cual el gobierno de Estados Unidos ha conducido su política hacia Cuba en estos cuarenta años. Y que si me hice periodista independiente fue por la necesidad que tenía de escribir libremente.

A pesar del hotigamiento contínuo, en todo este tiempo me he sentido inmensamente feliz, porque he escrito lo que siento y veo. En caso de que me toque pudrirme en una cárcel, sé que mis amigos, dentro y fuera de la isla, no dejarán que mi madre, mi hija y mi nieta pasen hambre.

Ante el Armagedón que nos anuncian, repito lo mismo que recientemente dije a Radio Exterior de España: no tengo miedo. Porque cuando en septiembre de 1995 decidí integrarme a Cuba Press (dos meses después se incorporaría mi hijo, Iván García), lo hice consciente de que me podría costar hasta la vida.

Así que, Rosa Miriam, en esta hora final quiero decirte que si alguien hoy está en apuros es el régimen que has decidido defender. Algo que no te critico, pues en este mundo globalizado y neoliberal que se nos viene encima -en contra de tu voluntad y de la mía- cada cual debería, debiera, ser libre para pensar, hablar y escribir sin hipocresía.

Tania Quintero

Publicado en Cubafreepress el 1 de marzo de 1999, el mismo día en que fui arrestada por la Seguridad del Estado cuando me dirigía al juicio a los cuatro integrantes del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna. Durante 29 horas estuve detenida en un calabozo de la unidad de policía de 7ma. y 62, Miramar. Desde el 26 de noviembre de 2003 vivo en Suiza como refugiada política.

Fotos: la primera, Rosa Miriam Elizalde, en la entrevista que en marzo de 2015 concedió a Cubainformación, uno de los tantos sitios online de la autocracia criolla. la segunda, yo en casa de Ricardo González Alfonso, en Miramar. Detrás, Raúl Rivero y mi hijo, Iván García Quintero. Realizada en el año 2000, para un reportaje sobre el periodismo independiente cubano que estaban haciendo en La Habana los periodistas suizos Ruedi Leuthold y Beat Bieri.

Leer también: Entrevista que el colombiano Hernando Calvo Ospina le hizo a Rosa Miriam cuando era subdirectora de Juventud Rebelde, y "Más de 200 millones de dólares dedicó EEUU a la subversión contra Cuba", la 'denuncia' que Elizalde hizo en Ginebra en abril de 2013.