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lunes, 29 de septiembre de 2014

Recordando a Maggie Prior (I)


Por casualidad encontré esta excelente investigación de Rosa Maquetti, que rescata la figura de Maggie Prior, una cantante que tuve la suerte de escuchar en La Habana de los años 60. Una ciudad con una fabulosa vida cultural que la revolución, en vez de  seguir estimulando, lo que hizo fue pasarle una aplanadora e ir desapareciendo todo aquel talento musical, artístico e intelectual que se concentraba entre las barriadas de Cayo Hueso y El Vedado, y en La Rampa tenía el corazón. Hay que agradecer a Rosa Marquetti y Senén Suárez, fallecido en octubre pasado, que hayan puesto sus blogs al servicio de la música y la cultura nacional. No son los únicos, en internet se localizan otros que recuerdan la huella musical y cultural dejada por tantos y tantos cubanos en el último siglo (Tania Quintero).

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La noche llega rotunda a la esquina de las calles 23 y L, en El Vedado, ese día de un año impreciso de la década de los 70. Por alguna razón intrascendente, aún estoy esperando a alguien en el lobby del hotel Habana Libre. Mientras tanto, contemplo el ir y venir de esa peculiar pasarela que era entonces aquel amplio vestíbulo.

Entra ella y supe de inmediato que era diferente: su estatura y elegancia, la hacían notable. Dueña de un peculiar refinamiento, se desplazaba rítmicamente, erguida y cimbreante en dirección al bar El Patio, como si su forma de andar fuera también una manifestación de esa música que la obsesionaba. Allí, en aquel lobby-bar, donde solía descargar por entonces, comenzaron a esparcirse inmisericordes, más allá de ese espacio, lo mismo un blues, un tema de la Fitzgerald, un bolero de Portillo de la Luz o una canción de Edith Piaf.

Así recuerdo mi primer encuentro con Maggie Prior. Pero después de poco más de cuatro decenios, su imagen y su voz van desdibujándose empecinadamente, sin el asidero de un registro sonoro o una imagen, y solo aquéllos que ya casi llegan a las seis o siete décadas, pueden hablar del modo de cantar que la hizo singular y de los demonios que la atormentaron y terminaron venciendo su proverbial tenacidad: la necesidad de expansión de sus cualidades interpretativas tantas veces escamoteada; los extremos antagónicos en que se dividieron siempre las loas y los ataques al ponderarla; la pertenencia inconsciente a una época que no la comprendió, ni podía hacerlo; la incapacidad para asimilar la pendiente en descenso, el paso de los años; el engaño; el trágico final…

Pero esto casi nadie lo sabe. Ni Margarita Prior Kindelán, ni Maggie Prior, su nombre artístico, han existido hasta ahora en los diccionarios y textos analíticos y enciclopédicos sobre música cubana. Tampoco ningún cronista se ha ocupado de ella, salvo las atinadas excepciones de algunos textos referidos al jazz que la mencionan y contextualizan: los escritos por el ensayista y jazzman Leonardo Acosta; el saxofonista y escritor Paquito D’Rivera, y la investigadora colombiana Adriana Orejuela, quienes la sitúan puntualmente en el contexto del jazz.

Nadie puede confirmar las fechas de su nacimiento y muerte. No abundan fotos suyas y las cintas con su voz, transidas de tanto olvido, decidieron desaparecer. Sin embargo, su nombre está irremediablemente ligado a la historia de ese género en Cuba y también de otros no menos importantes.

Leonardo Acosta afirma que fue “Maggie Prior, la única cantante además de Delia Bravo que se mantuvo durante más de treinta años dedicada al jazz”. En el intento de deconstruír su huella en la vida músical de la última mitad del siglo XX cubano, el punto de partida, es sin duda, el jazz, en definitiva, principio y pretexto en su largo y azaroso camino de hallazgos y desalientos. Es el jazz su seña identitaria.

Pero también las muchas Maggies que habitaron en ella son recordadas, para bien o para mal, devolviéndonosla como alguien con un perenne espíritu de búsqueda, apreciada por adeptos y denostada por detractores. Alguien que, al decir de Gilberto Valdés Zequeira, era portadora de una contagiosa y burbujeante alegría y una fuerte personalidad, alguien que, en modo alguno, podía pasar inadvertida y mucho menos, obviada.

Decido comenzar un verdadero peregrinaje, casi arqueológico, tras sus huellas, empecinada en encontrar entre los que la conocieron y aún pueden contarlo con coherencia, su imagen, su temperamento, su obstinación por cantar, siempre cantar; apresar la rebeldía de su espíritu y la ternura que intuyo en su gesto, y sobre todo, constatar las claves conflictuales que marcaron, en ciertas etapas, su cuestionable capacidad de inserción y aceptación de una realidad político-social con la que tuvo que interactuar, irremediablemente.

Alguien que la conoció en sus primeros años habaneros afirma -sin que hayamos podido comprobarlo- que Maggie tuvo ancestros paternos en la caribeña isla de Barbados, pero ella rechazaba referirse a ese vínculo filial y ocultaba tras el silencio el trauma perceptible asociado a la figura del padre.

Habría nacido en Santiago de Cuba, un acuariano 25 de enero de 1942, desde donde viajó muy temprano a La Habana. A finales de la década de los 50, ya Maggie formaba parte de ese grupo de jóvenes que peregrinaban hasta las zonas más increíbles de la ciudad, para escuchar un nuevo disco, leer la última revista sobre música norteamericana o bailar y cantar hasta la extenuación, siempre jazz, todo el tiempo blues, jazz, mezclado también con un estilo composicional e interpretativo que ya se iba identificando como feeling.

En Prado y Neptuno, en el espacio que antes acogiera a una afamada “academia de baile”, en el Bodegón de Goyo, el Bodegón de Celso, también en las descargas dominicales de Tropicana y cuanto sitio fuera propicio para escuchar y bailar, incluso algunas casas en las que sus dueños se transmutaban en diligentes anfitriones, que propiciaban el acceso a las últimas grabaciones llegadas del Norte, y el disfrute de voces y guitarras, a veces piano, y donde convergían los adeptos del feeling y los cultores del jazz, que podían ser los mismos o diferentes.

Pablo Marquetti la conoció en el Bodegón de Celso, una bodega de barrio situada en Gervasio y San José, en la zona del actual Centro Habana. La aparición de Maggie en el singular establecimiento era rutinaria, pero esperada por algunos asiduos, prestos a escuchar a “la princesa” que, al parecer, aún no rebasaba las dos décadas. Tras revisar los últimos discos que Goyo había hecho traer desde Nueva York o Miami, Maggie comenzaba su espontáneo performance. Eran tiempos en que aprendía, escuchaba, desplegaba cada vez con más insistencia sus deseos de cantar.

Así la recuerda Gilberto Valdés Zequeira, quien la conoció entre 1957-1958, en el barrio de Buenavista, poco tiempo después que la Prior abandonara su ciudad natal y se instalara en La Habana. Maggie intentaba febrilmente crear su primera formación musical, con la que se empeñaba en apresar la voz y el temperamento de Ella Fitzgerald, de Sara Vaughan, -sus grandes referentes-, para proyectarlos como lo que ella pretendía ser en ese momento: la voz líder de un cuarteto en ciernes que no lograba despegar. Desde entonces, Maggie se aferró al jazz y lo hizo parte y pasión de su vida.

A sugerencia del guitarrista y bajista Alberto Menéndez -vinculado al movimiento del feeling- Gilberto refiere haberle montado las primeras voces para aquel endeble cuarteto, cuyo nombre se perdió en el olvido. Con Valdés emprendería, muy a inicios de la década de los 60, su primera aventura musical de cierta envergadura: ocurrió que Alberto Menéndez y su esposa Mercy Hernández, -conocida cantante en el ambiente del feeling- integraban entonces el grupo instrumental Los Modernistas de Gilberto Valdés, pero llegado un momento, deciden abandonarlo. Será Maggie quien sustituya a Mercy Hernández, en lo que sería su debut dentro de una formación musical.

Con el cuarteto Los Modernistas de Gilberto Valdés y en el Casino del Hotel Deauville, en Galiano entre San Lázaro y Malecón, se inició el camino de Maggie sobre los escenarios. José Eugenio Yllareta, uno de sus integrantes, rememora esos inicios:

“Tuve la oportunidad de comprobar, sin siquiera pensar que lo estaba haciendo, las facultades vocales de Maggie. Estando Gilberto Valdés y yo a la caza de algún trabajo, nos acercamos al administrador del Deauville y le planteamos que teníamos un grupo que sería la propuesta ideal para 'amenizar' en el entonces existente Casino de Deauville. Nos aceptaron y nos plantearon que debíamos estar a las 2 de la tarde en el Casino. Eran las 10 de la mañana y nosotros no teníamos grupo alguno. A correr, con algunas monedas rumbo al teléfono más cercano. Y armamos el grupo con los que habían aceptado: Columbié, Juan Bringues Ochoa, Gilberto Valdés, José Eugenio Yllareta y Maggie Prior. Ella fue la última en entrar, pero pudo demostrar de manera fehaciente sus cualidades, ya que, prácticamente sin ensayo, logró interpretar un repertorio de standards en un momento en el que de esa actuación dependía el contrato, y ella lo hizo. Fue una prueba de su alto nivel de profesionalismo”.

Entre los temas interpretados por Maggie con Los Modernistas de Gilberto Valdés, se recuerdan Tenderly, My Funny Valentine, That All Black Magic, Sofisticated Lady, Summer Time, Autumn Leaves y otros que ella dominaba a la perfección tanto desde el punto de vista musical, como idiomático.

En ese tiempo, una versátil Maggie Prior frecuentaría también las descargas y conciertos organizados por el recién fundado Club Cubano de Jazz. Otros cantantes que actuaban en sus conciertos y jam sessions, además de Maggie, fueron el veterano de mil batallas filineras y jazzísticas Dandy Crawford, y también la cantante de jazz y feeling Doris de la Torre, entonces con el grupo de Felipe Dulzaides. Una de las características más sobresalientes de Maggie era su capacidad para intuír dónde se estaba gestando una idea interesante, avanzada, y su ductilidad para insertarse en el grupo que la sostenía.

A inicios de los 60 se siente atraída musicalmente por lo que hoy se reconoce como “la segunda generación de feeling”: Marta Valdés, Frank Domínguez, Ela O’Farrill, Giraldo Piloto y Alberto Vera, el memorable dúo autoral Piloto y Vera, y otros. Se acerca a ese grupo de compositores y cantantes, y se le recuerda con aportes interesantes en sus descargas y presentaciones en night clubs como el Sky Club del Hotel St. John, el Scherezada o el Club 21, todos en el entorno de la entonces mágica Rampa, en El Vedado.

En 1960, la vieja casona de la calle O entre 17 y 19, recibe a Felito Ayón y algunos amigos, cuya iniciativa la convierte en un espacio signado por el buen gusto en su decoración y en su ambiente. El Gato Tuerto comenzó a ser sitio obligado de artistas, estudiantes, escritores, músicos, intelectuales. El dúo Las Capellas, de Marta y Daisy, cantan en su inauguración, pero estrenando las noches de cada día se podía escuchar a cantantes y músicos de filiación filinera, como Elena Burke, Frank Domínguez, Miguel D’Gonzalo, Doris de la Torre, el Cuarteto de Meme Solís y otros que, llegado el momento, descargaban también.

Maggie Prior comenzaría a ser presencia y voz frecuentes en El Gato Tuerto, al igual que en otros espacios donde convergía lo que Adriana Orejuela denominó “esa bohemia alternativa”, variopinta y diversa, que seguía el feeling. Su personalidad, extrovertida y dramática, si no se imponía, al menos llamaba la atención en los círculos que solía frecuentar. Se relacionaba también con figuras del mundo intelectual: pintores, actores y dramaturgos como Martínez Pedro, Felito Ayón, Virgilio Piñera y Carlos Piñeiro, entre otros.

Maggie continuaba manejando un repertorio de standards y canciones norteamericanas más o menos conocidas como The Man I love, Hojas Muertas (Autumm Leaves) y September Song. Se proyectaba con elegancia, demostraba intensos deseos de superación y pese a ser autodidacta, no despreció posibilidades para cultivarse. Si algo no soportaba era la vulgaridad, al decir de su gran amiga de esos años, la socióloga Aries Morales. Había en ella un refinamiento adquirido, pero expresado de modo natural y orgánico.

Su ansia de parecer y estar enterada, y en posesión de lo más reciente en cuanto a información cultural y esencialmente musical, la hacían explorar otros caminos y permearse de todo aquello que consideraba de vanguardia. Comenzó a admirar a Edith Piaf e hizo suyas muchas de sus canciones inmortales. Descubre a Myriam Acevedo, un portento que ya entonces se revelaba, desde su soberbio desempeño como actriz, con un modo muy personal de cantar o de decir y un repertorio de canciones y textos que la singularizaba.

En la primera mitad de los 60 conoce y se involucra con el escritor e intelectual José Hernández Artigas, conocido entre sus amigos y compañeros como Pepe el Loco y quien en esos años, además de poeta y narrador, era jefe de despacho de Antonio Ortega, director de la importante revista Carteles, y también amigo del escritor Oscar Hurtado y del ya descollante crítico de cine Guillermo Cabrera Infante.

Hernández Artigas se vinculaba a los jóvenes intelectuales que escribían en el semanario Lunes del periódico Revolución, quienes le reconocían como un escritor de prometedor talento con aportes interesantes y próximos a un género con escasos exponentes entonces y dentro de lo que hoy llamaríamos ciencia ficción. Maggie frecuentaba con Pepe estos círculos, y sus integrantes también acudían con frecuencia a escucharla. La Prior y Hernández Artigas vivieron juntos en el mismo apartamento de la calle San Lázaro entre Oquendo y Soledad, que continuó siendo el hogar de la cantante tras poner punto final a su relación amorosa, la cual ya se tornaba problemática, a juzgar por ciertas características de la personalidad del poeta y periodista.

Sin embargo, al menos dos hechos pueden considerarse como saldo a favor de Maggie en esta relación: la influencia que ejerció sobre ella el propio Hernández Artigas y el entorno intelectual en el que se movía, acercándola y ganándole la simpatía y aceptación de muchos de los que lo integraban, y el nacimiento de su hijo Flavio. El apartamento de San Lázaro acogió sus momentos de mayor esplendor, por su excelente ubicación. Allí la recuerda el mimo y actor Ramón Díaz, en un barrio con fuerte presencia de músicos y artistas: Aida Diestro, la directora del famoso Cuarteto, Omara Portuondo, Antonio Arcaño, Olga Flora y Ramón, Néstor Milí, el creador de Los Zafiros. Actrices, actores, modelos, bailarines que vivían en las proximidades de la céntrica Rampa, que comenzaba a ser el epicentro de la noche habanera de los 60.

En 1961, las descargas de jazz de Tropicana se trasladan al Habana 1900, en O y 25, concentrándose en la zona de El Vedado la mayoría de los sitios donde se podía disfrutar de este género. Maggie, lo frecuenta a la vez que, en enero y febrero de ese año, continúa presentándose en El Gato Tuerto junto a Marta y Daisy (Las Capellas) y Luis García. Otras jam sessions continuaban proliferando por la ciudad. El INIT (Instituto Nacional de la Industria Turística) regentaba de manera centralizada los cabarets y clubes habaneros y decide promover estas sesiones de jazz a los días de descanso de los shows en los diferentes centros nocturnos. De este modo, durante el mes de marzo de 1961, a Maggie podía vérsele en la llamada Descarga del Capri, junto a Bobby Jiménez, Víctor Franco, René Ferrer y Ela Calvo, Leonel Bravet y el grupo de Frank Emilio, entre otros. A juzgar por estos nombres, no era sólo jazz, sino tambien feeling lo que podía disfrutarse en ellas.

De abril a junio de 1962, Maggie se presentaba en el Descarga Club, compartiendo escenario con Armandito Sequeira y su grupo y Leonel Bravet. Debió ser ya muy interesante su trabajo en esos días, para que Orlando Quiroga, en su sección De viernes a viernes en la revista Bohemia, comentara: “Somos muchos los que deseamos ver en 17 pulgadas a Maggie Prior cantando Hojas Muertas”. A sus referentes afroamericanas, había sumado también a Edith Piaf y se inclinaba ya por una entrega honesta y desprejuiciada, con una clara proyección performática.

Maggie vuelve al Capri en octubre de 1962, esta vez para asumir uno de los roles principales del famoso show La Caperucita se divierte, con dirección de Joaquín Riviera y coreografía de Tomás Morales, y un elenco que integraban también Juana Bacallao, Dandy Crawford y el Cuarteto de Meme Solís, entre otros. En su sección De viernes a viernes, en la Revista Bohemia, el crítico Orlando Quiroga reseñaba sus impresiones: “Lo mejor es la música, la gente del feeling: Moraima –su Alivio es antológico- Los Meme, Maggie Prior, Dandy Crawford y la gran dama de todo esto, Juana Bacallao. En este show Joaquín Riviera y Tomás Morales han logrado la mejor producción de cabaret presentada al público cubano durante todo el año”.

El éxito fue rotundo, al punto que provocó que este show se mantuviera en cartelera durante diez meses. Maggie interpretaba, como siempre, canciones norteamericanas en inglés, integradas a la historia que en el cabaret recreaba el famoso cuento de Perrault. Al finalizar 1962, el diario Revolución seleccionó los artistas más destacados durante el año. En la categoría de cantante de jazz fueron elegidos Leonel Bravet y Maggie Prior. Aparecía también Maggie dentro de la selección del mejor show de cabaret, al premiarse a La Caperucita se divierte.

A pocos metros del Capri se encontraba el club La Gruta, en el sótano del cine La Rampa, en 23 entre O y P, una verdadera cueva que acogía a uno de los fenómenos más interesantes del jazz en Cuba por entonces, al decir de Leonardo Acosta: las descargas del grupo Free American Jazz, formado por los músicos norteamericanos Mario Lagarde y Erick de la Torriente, que habían recalado en Cuba. La Gruta se convertiría en uno de los refugios nocturnos de Maggie desde 1962, cuando toma parte en las descargas del grupo, junto a Esther Montalván y más tarde con Elsa Balmaseda y César Portillo de la Luz.

Cuenta el guitarrista Rey Montesinos que fue allí donde la vio por primera vez. En 1963, Montesinos tocaba ocasionalmente con el Free American Jazz “y una noche se apareció y descargó con nosotros. Era la primera vez que yo veía ante mí lo que había escuchado en grabaciones: a una cantante hacer scat (improvisación vocal que se hace en el jazz) y era una cantante cubana! Ella era seguidora de Sarah Vaughan y Ella Fitzgerald, se notaba que conocía parte de los repertorios de estas dos cantantes jazzistas que eran las mejores del mundo en ese estilo. Eso se repitió muchas veces, pues Maggie frecuentaba los lugares donde se hacía el jazz. Descargó también en las jam sessions que se hacían en un local del ICAIC, en la esquina que forman las calles 23 y 10, donde asistíamos todos los músicos de jazz de la época. Eso hizo que nuestras relaciones se hicieran más sólidas.

"Un día me preguntó si estaba dispuesto a acompañarla como guitarrista en un concierto en la sala teatro El Sótano y por supuesto le dije que sí, y eso se hizo reiterativo en diferentes teatros y sitios culturales, como la sala teatro de la Casa de las Américas. Para mí fue muy importante acompañarla, pues así yo me obligaba a superar tanto mi técnica como un estilo de acompañamiento. Su repertorio iba desde lo más movido hasta el slow, basado principalmente en los standards del jazz y algunos temas del feeling. Creo que fue una buena cantante. Siempre la recuerdo como una jazzwoman.”

Con el maestro Montesinos, coincide la poetisa y ensayista Nancy Morejón, amiga entrañable de la Prior, a quien reconoce le unía una hermandad muy especial: “Ambas adorábamos el jazz y el cancionero norteamericano. Cuando la conocí, ya Maggie manejaba a la perfección un repertorio de standards del jazz y canciones norteamericanas, principalmente de figuras negras: Someone to Watch Over Me y el irrenunciable My Funny Valentine. A veces le ayudaba con las letras". Y afirma algo sumamente curioso:

“Estas canciones formaban parte, de un modo muy natural y orgánico, del ambiente sonoro de algunos barrios de La Habana, principalmente la zona del hoy Centro Habana, hecho que aporta una característica muy especial al modo de acercarse a esa música y asumirla, y que se remonta a una época donde todo esto -cantar en inglés- era algo totalmente natural e incorporado en el modo de vida y comportamiento de los jóvenes”.

Ya en 1962 se dejaban sentir las escaramuzas en contra de la presencia del jazz como género en la radio y la televisión, así como en espacios nocturnos, a juzgar por lo que, en su sección De viernes a viernes de la revista Bohemia, publicaba Orlando Quiroga el 14 de diciembre:

“El redactor quisiera conocer a los extremistas por cuya culpa el jazz, música de nuestro siglo, ha desaparecido de los programas de televisión. Los que amamos el jazz, que es una manifestación anti-imperialista desde el momento que proviene de los ritmos negros del Sur y representa, como los lamentos negros cubanos, una protesta contra la discriminación racial no podemos escucharlo.”

Algunas voces empoderadas incriminaban a quienes cantaban en inglés o asumían cualquier actitud no convencional, que podía ser tildada de “extranjerizante”. Pero otras voces, simplemente desde la música, resistían el embate, arropadas por el brillo de la noche habanera.

Maggie Prior comienza a explorar otras posibilidades de expresión. En uno de sus primeros acercamientos al teatro, de que se tienen noticias, resulta memorable su versión de la canción tema de Yago tiene feeling, pieza teatral del malogrado dramaturgo, músico y actor Tomás González Pérez y que fuera estrenada por Pablo Milanés especialmente para la puesta en escena en 1962. Este tema, con letra del propio González y música de César Portillo de la Luz, fue retomado por la Prior, haciendo una interesante recreación, según recuerda Zenaida González.

En abril de 1963 está en las descargas del Capri, con un repertorio que también la identifica con el feeling. Esto, a juzgar por varios de mis entrevistados, era lo natural, pues entre músicos y adeptos no era muy posible establecer diferencias rampantes entre jazz y feeling. En esa misma sección, Orlando Quiroga recomendaba: “Si quiere encontrarse, en La Habana p.m. con algunos ejemplares de cabeza del movimiento triunfante en el público y en el fórum de la UNEAC, busque a Elena y a Colacho en el Scheherazada; baje hasta el Capri y busque a Los Meme, con Moraima, y a Maggie Prior”.

Además del Capri, en 1963 Maggie figuró entre los músicos habituales que se presentaban en el Descarga Club, en Neptuno entre Hospital y Aramburu, en el barrio de Cayo Hueso, sitio que se convirtiera durante tres años en la meca de los amantes del jazz en La Habana, sustituyendo al Havana 1900 y por donde pasaron músicos como Armandito Sequeira, Carlos Emilio Morales, Jorge Varona, Rembert Egües, Ahmed Barroso y muchos otros.

También en 1963, justo en mayo, tiene lugar, al decir de Leonardo Acosta, el mayor suceso jazzístico después de la desaparición del Club Cubano de Jazz: el Festival de Jazz del teatro Payret, primero en su género, organizado a iniciativa de Miguel de la Uz, quien fuera integrante del cuarteto vocal Los Modernistas. Por el escenario del habanero teatro del Paseo del Prado desfilaron agrupaciones que serían las más destacadas de esa década: el Quinteto Instrumental de Música Moderna, el Free American Jazz, un quinteto dirigido por Leonardo Acosta, los cuartetos vocales Los Modernistas y del Rey; Omara Portuondo y otros músicos, y por supuesto, Maggie Prior, quien acompañada por la banda de Leonardo Timor, interpretó My Funny Valentine y Embraceable You. Con la orquesta de Timor, Maggie se presentaría en otros espectáculos y lugares, a partir de su inserción ocasional en el formato de jazz band.

La revista Cuba publicaba en su edición de junio del 63, un amplio artículo firmado por Jorge Timossi, dedicado a este evento, pero lamentablemente, la presencia femenina fue ignorada por completo. En marzo de 1964, volvía Maggie al Salón Capri, esta vez en las Descargas de Lunes, compartiendo escenario con Los Armónicos de Felipe Dulzaides, Ela Calvo y Free American Jazz, entre otros. También descargaba, en algunos de los calurosos días de junio, en el club Atelier, de 17 y 4 en El Vedado -hoy curiosamente renombrado como Submarino Amarillo- junto a Free American Jazz , y muy de moda entonces, cuando los noctámbulos estaban de vuelta de todo y la noche se resistía a la llegada del amanecer.

Bobby Carcassés la recuerda por esos años, en que la conoció, justo cuando el polifacético showman abandona el Teatro Musical, que dirigía Alfonso Arau, y comenzaba a trabajar en cabarets en la capital y ciudades del interior. Según Carcassés, el cabaret y el night club eran, de momento, el medio que la Prior tenía a su alcance, pero esto no la hacía totalmente feliz. Prefería otros escenarios, siempre estaba a la espera de oportunidades de mayor impacto cultural, por lo que luchaba denodadamente.

En su opinión, es a mediados de los 60 que se evidencia en Maggie la influencia del llamado “happening”, que ella decodifica de modo consciente y con un sello personal. En la pista, su proyección escénica se refuerza, con un desbordado dramatismo; interactúa con músicos y público, desde la esencia misma de lo que cantaba, e implica a quienes presencia su actuación, de acuerdo al modo con que asumían su entrega.

Juan Formell, en conversación con la autora, aseguró que también la conoció en estos años, rememoró las características de su singular personalidad y valoró positivamente sus facultades interpretativas y su especial entrega. Su información musical crecía, al tiempo que asimilaba la influencia de su entorno inmediato, y de las relaciones adquiridas en aquellos convulsos años de los 60.

Rosa Marquetti
Publicado el 16 de junio de 2014 con el título Bewitched. Buscando a Maggie Prior, en el blog Desmemoriados. Historia de la música cubana.
Foto: Rolo Martínez, Maggie Prior y Bobby Carcassés en Cienfuegos. Del archivo personal de Bobby Carcassés.

viernes, 26 de septiembre de 2014

La Paloma es vasca y es una habanera (VI)


Entre los textos sobre La Paloma y sobre su autor Sebastián Iradier (o Yradier) Salaberri que se localizan en internet, en ninguno pude confirmar lo que el musicólogo cubano Helio Orovio (La Habana 1938-2008) dijo al periodista Hernando Olivares, de The Sun Sentinel (ver el post publicado el miércoles 17 de septiembre), de que "Iradier habría compuesto esta habanera por encargo del prócer José Martí, como un regalo para su esposa Carmen Zayas-Bazán".

En ese mismo escrito, el periodista dice que en la película Hable con ella, de Pedro Almodóvar, la canción que interpreta Caetano Veloso es La Paloma. No, no es La Paloma, si no Cucurrucucú paloma, del mexicano Tomás Méndez (1926-1995).

En otras publicaciones, se menciona a Joan Manuel Serrat como uno de los cantantes que ha incluido La Paloma de Iradier en su repertorio. No es cierto. La canción que tanto Serrat como Ana Belén y Mercedes Sosa, entre otros intérpretes hispanos, han popularizado se titula Se equivocó la paloma y tiene su propia historia.

La canción Se equivocó la paloma fue creada en 1941, por el músico argentino Carlos Guastavino (1912-2000) al musicalizar el poema titulado La paloma del poeta español Rafael Alberti (Cádiz, 1902-1999). Ese mismo año, Guastavino integró la canción en el ballet Suite Argentina, orquestándola para coro femenino, conjunto de cuerdas y timbales.

La Suite Argentina fue estrenada en Londres entre 1947 y 1949, por el Ballet Español de Isabel López, acompañado de un conjunto de cuerdas, timbales y coro femenino, dirigidos por el propio Carlos Guastavino. En 1969, Joan Manuel Serrat grabó por primera vez la canción, incluyéndola en su álbum La paloma, con arreglos de Sergio Endrigo.

Se llega a afirmar que La Paloma fue la primera canción del género musical conocido como habanera y se dice que Sebastián Iradier habría sido el creador de ese género, algo que queda desmentido en el trabajo del periodista Rafael Lam (ver post publicado el miércoles 24 de septiembre), basado en estudios de la musicóloga Zoila Lapique (La Habana, 1930), organizadora del certamen Habaneras, anualmente celebrado en la capital cubana.

Por su fama de seductor, es de suponer que durante su estancia en La Habana del siglo XIX, Iradier se hubiera enamorado de una criolla, de la capital o de provincia. Pero lo que me confunde de la canción es que él usó la palabra 'guachinanga' para referirse a una cubana. En busca de información, decidí rastrear por internet y esto es lo que encontré.

-Que 'huachinango', con h, le llaman en Puerto Rico y en el sur y centro de México, a un pez marino comestible, de color rojizo y de unos 50-60 cm de longitud que habita en aguas profundas. En Cuba ese especie es conocida por pargo, para mí el más sabroso de todos los pescados.

-Que como nombre o adjetivo, masculino o femenino, en Cuba, México, Puerto Rico, Argentina y Perú, entre otros países de la región, se le dice 'guachinango' o 'guachinanga' a una persona astuta y zalamera.

-Que ya en 2005, la canción La Paloma y el uso por su autor de las palabras 'guachinanga' y 'chinita', motivaron un foro en inglés y español en la red, de donde extraigo este párrafo:

"La inclusión en el texto de La Paloma de la palabra 'guachinanga' hizo pensar en la paternidad de un compositor mejicano hasta que se conoció la partitura escrita por Iradier. Esta palabra probablemente la conoció el compositor vasco en su paso por Méjico, previo a su llegada a La Habana. De todas formas en Cuba, en aquellos tiempos, se denominaban "guachinangos" a los nacidos en Méjico".

Pero lo más novedoso, al menos para mí, es haber descubierto que en la provincia cubana de Pinar del Río existe un poblado denominado La Guachinanga y que en Cumanayagua, en la provincia de Cienfuegos, hay un río llamado Guachinanga.

En You Tube se localizan videos de distintos países, con artistas profesionales o aficionados cantando o tocando La Paloma de Iradier, pero no encontré ninguno de Cuba o hecho por un cubano. Quienes sí han hecho suya esta Paloma son los mexicanos. La han hecho tan suya que han creado varias versiones, como la 'juarista', interpretada por Eugenia León.

Termino esta serie con la habanera Saludo a Cuba, de obligada interpretación por los participantes en el Certamen Internacional de Habaneras y Polifonía que cada año tiene lugar en Torrevieja, Alicante, Valencia, y está considerado el más importante de su especialidad en España y el mundo. El video seleccionado es de la edición 58, celebrada en 2012 en esa ciudad valenciana. El coro ganador de 2014 fue el Ateneo Chamber Singers de Filipinas.

Respeto y honor para Sebastián Iradier Salaberri. Sin proponérselo, universalizó la canción La Paloma y también la habanera como género musical.

Tania Quintero

miércoles, 24 de septiembre de 2014

La Paloma es vasca y es una habanera (V)


Habanera ven

La habanera tiene una larga historia. Proviene de la contradanza inglesa y francesa, de ahí deriva en la contradanza y la danza habanera, llamada de ese modo después de su acriollamiento por negros, blancos y mestizos.

Bailes de figuras desde finales del siglo XVIII nos llegaron por distintas vías, una de ellas, a través de las tonadillas escénicas españolas. En Cuba se le insertó una célula rítmica africana, la conga. Se dice que también tuvo sus canales a través de Nueva Orleans, Nueva Inglaterra y por los inmigrantes llegados a Cuba después de la Revolución de Haití con sus ritmos de tango o tango congo.

La musicóloga Zoila Lapique tiene la tesis de que los bailes de las clases pudientes se bailaban al estilo francés tal como se hacía en España, especialmente en Madrid, desde que la Casa de los Borbones entrara a reinar en la Península en 1701. Esas costumbres afrancesadas en la música bailable provenían directamente de la metropoli, antes de la llegada de los haitianos y fugitivos franceses de Saint-Dominique. “La contradanza fue un antiguo baile de origen inglés que se introdujo y expandió por toda Francia en los inicios del siglo XVIII, después de derrocado el régimen monárquico", escribe Lapique.

Más adelante, la música de salón, reservada hasta entonces a los miembros de la aristocracia, se extendió a otras capas sociales: del salón cortesano, al salón burgués, del salón burgués a las clases populares, hasta invadir a las colonias en tierras americanas.

En las colonias, no faltaban las “madamitas de nuevo cuño”, furiosos bailadores de contradanzas y fanáticos seguidores de las modas impuestas por Francia luego del ascenso de la nueva clase burguesa. El modo de bailar la contradanza francesa era grácil y pleno de donaire, lo que contrastaba notablemente con la rigidez y severidad del minué, dueño del gusto cortesano europeo aristocrático.

También en Cuba se distinguían músicas de origen francés, como el minué, el vals y, por otro lado, los rigodones y la galop. Como contrapartida a ese público esnobista, siempre aparecía un público más irreverente y atrevido, jóvenes amulatados o acriollados por un lento proceso de sedimentación, que irán formando un nuevo gusto hacia la identidad nacional.

En el Diario Libera el 6 de enero de 1821, con motivo de la puesta en escena de la ópera de Mozart “La clemencia de Tito”, el crítico remitente opinaba que ésa no era obra para nuestro teatro, dados los escasos conocimientos musicales que había en La Habana de entonces, y después de decir que sabía música, terminaba exclamando “me gusta más una contradanza acongada que la mejor aria italiana”.

La habanera se ejecutaba con violines, clarinetes, trompas, bajo y bombo (tambora). Esos bailes cortesanos rápidamente comenzaron a fundirse -ahora que tanto se habla de fusión-, con el peculiar baile llamado tumba, en el que se entremezclaban con tambores y sonajas de origen africano los bailes cortesanos y burgueses de los franceses.

En Cuba, siempre la música llegada del exterior se pasaba por el ánimo popular y se convertía en “sistema propio”, al decir del especialista cubano, Orlando Taxonera. Lo que Cuba hace con las músicas llegadas a sus tierras supera lo que también hicieron los griegos de la antigüedad con los instrumentos y músicas del Oriente.

El estreno de la primera habanera se señala en 1841, en el café habanero La Lonja, a la entrada de la calle O´Reilly, junto a la Plaza de Armas. El 13 de noviembre de 1842, La Prensa publicó: “El amor en el baile, nueva canción habanera puesta en música con acompañamiento de piano: Yo soy una niña muy bonita, y el pesar no conocí; yo soy niña, soy bonita, y el pesar no conocí".

Esta canción es importante en la historia de la música cubana, pues se considera una de las primeras habaneras y en ella se emplea el llamado tango. El ritmo de la habanera se fue imponiendo sobre los demás géneros, incluido el vals y la contradanza con versos adaptados a la música. Muchas señoritas, vestidas con gusto y elegancia, bailaban danza cubana y el arrebatador vals.

La habanera tiene aires de la danza, plenos de frescor y de originalidad, enriquecidas con síncopas y contratiempos de otra dificultad. Una música que comienza a ser indescifrable por los extranjeros, como lo sería después el danzón, considerado una “cacofonía musical”.

Cuando el negro pone su mano en la música, comienza a complicarla con la riqueza africana, sobre todo a partir de 1852: los aires del rumboso cocoyé (cocuyé o cucuyé) inyectará nueva vida a la contradanza cubana, revitalizándola con sus cinquillos. Estas músicas van constituyendo la resistencia de la cultura musical cubana.

Poco a poco, los naturales españoles fueron olvidando todas las danzas y bayles (bailes) para admitir la contradanza y todos sus derivados acubanados. Esas variantes llegan desde aquellos tiempos, pasando por Miguel Matamoros (Mariposita de primavera) hasta nuestros días, en las voces de Silvio Rodríguez (En el claro de la luna), Xiomara Laugart (Hoy mi Habana), Liuba María Hevia y muchos más.

Después de 1860, el músico español Sebastián Yradier compone La Paloma, una habanera de La Habana, probablemente inspirada en la capital cubana, en su etapa de estancia en la que impartió clases. En 1892, Eduardo Sánchez de Fuentes compuso la habanera , considerada por Alejo Carpentier el primer 'best seller' (hit) de la música cubana. Una obra que con su letra constituyó un himno mambí durante la Guerra de Independencia.

En Álbum de Habaneras, Néstor Luján dice que rara era la zarzuela española de fines de siglo XIX que no tuviera habanera, lo más pegajoso y atractivo de la obra. La ópera francesa Carmen (1875) de Bizet, pone en boca de la cigarrera Carmen una habanera que recorrió el mundo. La ópera francesa La Habanera (1908), de Raoul Laparra, lleva en el título el nombre del género. Renombrados músicos franceses como Saint-Sáenz, Chabrier, Lalo Aubert, Faure, Debussy y Ravel, junto a los españoles Sarasate, Albéniz, Falla, asumieron la moderna habanera, afirma Zoila Lapique.

El musicólogo argentino Carlos Vega encontró en el Cancionero Musical de los Siglos XV y XVI, un ejemplo que tenía ritmo básico de la habanera. Hay influencia de la habanera en la milonga y en el tango. Y la hay también en las danzas mexicanas, la samba, el merengue y en el mundo del jazz, en el ragtime. La habanera alimentó los ritmos iniciales de casi toda América.

En Cuba la habanera dejó de cantarse, se consideró pasada de moda y fue sustituida por el bolero, más moderno y bailable, fundida con ritmos como el son.

Con los años, la habanera se arraigaría más en España, un fenómeno conocido como “enraizamiento” y que sucede en todos los países donde hay emigrantes o colonizadores que regresaron a la Península Ibérica. En 1985, Omar Vázquez, periodista de Granma, escribió que desde 1954 en Torrevieja, Alicante, todos los años se celebra un certamen de habaneras y polifonía. Es Torrevieja un espejo/ donde Cuba se mira/ y al verse suspira/ y se siente feliz/. Es donde se habla de amores/ entre bellas canciones/ que traen de Cuba/.

También hay interés por la habanera en las tierras del norte de España: Galicia, Santander, Cataluña, País Vasco, Asturias... Yo quisiera vivir en La Habana/ A pesar del calor que hace allí/ A pesar del calor que hace allí /Y allí salir, al caer de la tarde/ De paseo en un triguilín.

Rafael Lam
Cubarte, 10 de noviembre de 2007.
Leer también: El vuelo de la habanera.
Nota.- No dejen de leer las aclaraciones en el post titulado A propósito de La Paloma, su autor y las habaneras, el viernes 26 de septiembre de 2014 (TQ).

lunes, 22 de septiembre de 2014

La Paloma es vasca y es una habanera (IV)


Sebastián Iradier

El 20 de enero de 2009 se celebró el 200 aniversario del nacimiento del compositor Sebastián Iradier y Salaberri, creador sin saberlo de las habaneras y autor de su pieza más famosa, La Paloma, traducida a todos los idiomas.

Nació este ilustre alavés en la localidad riojano-alavesa de Lanciego el 20 de enero de 1809, según consta en el libro de bautismos de la parroquia.

La primera referencia de Sebastián en Vitoria la encontramos en 1818, cuando aparece como tiple del coro de la Colegiata de Santa María. Tenía 9 años. Estudió solfeo y órgano, y a los 17 obtuvo la plaza de organista de la iglesia de San Miguel Arcángel, puesto que ocupó durante dos años. De Vitoria, se trasladó después a Salvatierra, donde ejerció como organista de la parroquia de San Juan Bautista.

Allí, gracias a su carácter jovial y a su apuesta presencia, se convirtió en conquistador y se relacionó fácilmente, sobre todo con el público femenino. De hecho, según una biografía de Pío Baroja, Iradier tuvo que abandonar Salvatierra huyendo de la ira de un marido engañado. Oficialmente, solicitó una licencia para ir a mejorar sus conocimientos de composición a Madrid, donde cosechó grandes éxitos profesionales.

En su currículo aparece como maestro en el Real Conservatorio de Música María Cristina, vicedirector de la Academia Filarmónica Matritense, maestro compositor y consiliario del Liceo Artístico de Madrid, catedrático de armonía y composición del Instituto Español, profesor del Colegio Universitario de Madrid, y algunos cargos más. Tenía 31 años.

Establecido definitivamente en Madrid, frecuentó las reuniones de las clases aristocráticas, como las promovidas por la Condesa de Montijo. También asistía a reuniones con artistas e intelectuales de la época. Empujado por sus compromisos, en 1840 escribió por inspiración propia el Álbum filarmónico, del que se conserva un ejemplar en el Archivo Provincial de Álava.

En 1850, Iradier abandona Madrid y se instala en París. Allí recaló también la Condesa de Montijo y sus hijas, Francisca y Eugenia. Pronto se adaptó a su nueva situación y se introdujo en los círculos artísticos importantes. Se interpretaban sus canciones en las Tullerías, Compiegne, Fontenebleau y Saint Clud, lugares frecuentados por lo más florido de aquella corte. También daba clases de canto a las hijas de la Condesa, una de las cuales, Eugenia, fue emperatriz de Francia. En París publicó dos colecciones de canciones típicas españolas: Ecos de España y Flores de España.

Cuatro años después de su llegada a la capital francesa, Iradier conoció a la célebre soprano Marietta Alboni, quien le invitó a acompañarle a América. Comenzaron su gira en Nueva York, en la sala Flipper-Hall. Iradier tocaba en la orquesta, pero al enterarse la sociedad neoyorquina de su status de profesor de la alta sociedad en España y en París, pronto requirió sus servicios. Así, conquistó a la alta sociedad neoyorquina antes de recorrer Boston, Filadelfia, Nueva Orleans y México. De ahí, partió a La Habana.

Fue en Cuba donde Iradier descubrió una peculiar danza de ritmo lento, cantada, que recompuso y convirtió en la habanera. Después, compuso La Paloma, con la que nacía un nuevo tipo de canción que se apartaba definitivamente de la contradanza cubana. Bizet tituló Avanera la canción que incorporó a su ópera Carmen y que tomó de una composición de Iradier titulada El Arreglito. Hay una tercera habanera de Iradier, La Neguita, que forma parte de Sinfonía Española, una obra sinfónica del francés Édouard Victor Antoine Lalo.

Tras su estancia en Cuba, Iradier volvió a Europa, estuvo en Londres y en París y regresó a Vitoria donde murió el 6 de diciembre de 1865, sin ser consciente de la trascendencia de sus trabajos.

Sociedad Landázuri
El Correo, 14 de enero de 2009.
Video: Nana Mouskouri (Grecia, 1934) y Mireille Mathieu (Francia, 1946), cantan a dúo una versión de La Paloma en francés.
Nota.- No dejen de leer las aclaraciones en el post titulado A propósito de La Paloma, su autor y las habaneras, el viernes 26 de septiembre de 2014 (TQ).

viernes, 19 de septiembre de 2014

La Paloma es vasca y es una habanera (III)




Dicen que los suspiros de una hermosa criolla cubana produjeron la primera habanera. ¿Por qué una canción que comienza con 'Cuando salí de la Habana...' y habla de una paloma, del adiós a un amor imposible y de la añoranza, ha seducido a millones de personas de todo el mundo desde hace 150 años?

"Porque todo lo que sucede en la vida está contenido en La Paloma", dice el alemán Peter Fläschner, uno de los enamorados de la canción escrita por Sebastián Iradier hace 150 años.

La Paloma es la canción ligera de la cual más versiones se han hecho. Más incluso que de Noche de Paz, como certifica Primitivo Langarica, vitoriano y notario de la habanera con sus mil versiones coleccionadas. Otro alemán, Kalle Laar ha reunido 2 mil interpretaciones, aunque él considera que hay otro tanto que no se conoce.

Una página web hecha en Alemania, informa de algunas iniciativas con motivo del 150 aniversario de la canción y del 200 aniversario del nacimiento del autor. Una película en DVD, un libro, y seis CDs con versiones recogidas de todas las partes del mundo y de todos los idiomas imaginables.

Ningún gran cantante se ha negado a hacer su propia versión. Elvis Presley la canta en inglés y la titula No More. María Callas, Bing Crosby, Duke Ellington, Dean Martin, Mireille Mathieu, Joan Manuel Serrat, Julio Iglesias y una lista infinita de artistas se han emocionado con la dulce cadencia de la melodía.

Es terrible, pero el sonido de La Paloma acompañó a los niños judíos cuando caminaban hacia las cámaras de gas de Auschwitz. El testimonio es de Coco Schumann, un berlinés maestro del swing que la tocó en aquellas circunstancias horrorosas. "Qué culpa tiene la canción de que se abusara de ella", se pregunta Schumann en la película. En México, como en muchos sitios, la consideran parte de su tradición popular y se canta en Cuba, las islas Hawaii, en cualquier sitio de Europa y hasta en China y Japón.

En Álava tuvo lugar lo que el compositor Sabin Salaberri denomina 'la obertura del año Iradier'. Una charla de este músico emparentado por parte de madre con el de Lanciego y una interpretación musical en la iglesia de la localidad riojano-alavesa, organizadas por la Sociedad Landázuri, tratan de rescatar del olvido la figura de este gran músico. "Es el autor más plagiado de todos los tiempos", recalca Salaberri.

Y menciona tres ejemplos de músicos que se aprovecharon del talento de Iradier. "Todos saben que la habanera de la ópera Carmen de Bizet está copiada de El arreglito de Iradier, pues el francés conoció al vasco en París. Y que Edouard Lalo incluyó La Neguita en su Sinfonía Española. Un tercer plagio es el intermezzo de la zarzuela Las bodas de Luis Alonso, de Jerónimo Jiménez, que están tomadas de Café Caliente", dice Salaberri.

Nacido el 20 de enero de 1809 en Lanciego, Iradier es reivindicado también por Músicos sin Fronteras, la peculiar ONG de Jesús María Alegría, Pintu. "Para nosotros es santo y seña. La Paloma se llamó al avión que llevaba ayuda desde Vitoria a Cuba y le haremos un homenaje este año", apunta un entusiasta del compositor riojano alavés que no tiene calle en Vitoria (su canción sí), aunque su música suena cada día a las 12 en el carrillón del reloj del Ayuntamiento. "La gente desconoce que murió en una casa de Los Arquillos y que está enterrado en Santa Isabel".

Iradier, que firmaba con Y el inicio de su apellido, fue organista en San Miguel y en Salvatierra, profesor y cortesano en Madrid, maestro de canto de la emperatriz Eugenia de Montijo, viajó a Paris, Nueva York, Cuba, Londres, Rusia y Alemania y se codeó con la aristocracia europea. Juerguista y mujeriego, falleció en 1865.

"Su legado está por explotar", comenta el editor Ernesto Santolaya, otro gran coleccionista de Palomas. "He ahí un motivo para estar orgullosos. Un alavés universal creó las habaneras y aquí todavía sin enterarnos. Vienen los alemanes y compran nuestros discos. ¿Te imaginas si hubiera sido norteamericano? La de películas que habrían hecho".

Francisco Góngora
El Correo, 18 de enero de 2009.
Video: Versión de La Paloma por Rosita Serrano, el ruiseñor chileno (1914-1997).
Nota.- No dejen de leer las aclaraciones en el post titulado A propósito de La Paloma, su autor y las habaneras, el viernes 26 de septiembre de 2014 (TQ).

miércoles, 17 de septiembre de 2014

La Paloma es vasca y es una habanera (II)


La Paloma vuelta alto en un documental televisivo

Nadie discute que la música es un lenguaje universal que traspasa idiomas, culturas y fronteras. Sin embargo, existe una canción que ha volado más alto que todas. Su lírica dice: "Si a tu ventana llega una paloma, trátala con cariño que es mi persona".

Grabada en casi 140 idiomas, La Paloma se ha convertido en la pieza más popular en la historia de la música. Y para celebrar los 150 años de su nacimiento, un grupo de cineastas alemanes ha realizado un documental que ha sido estrenado en la televisión norteamericana.

"Encontré un CD con cuatro versiones de La paloma y me intrigó la historia que se escondía detrás de la canción", explica a través de internet el Dr. Sigrid Faltin, director del documental. "Empecé a averiguar sobre la melodía y mientras más descubría, más me sorprendía".

De la pieza musical se conocen más de 2 mil grabaciones que han sido ejecutadas en todo tipo de ritmos por vocalistas y grupos de distintos géneros. La canción ha sido entonada por cantantes pop como Connie Francis, Joan Baez y Julio Iglesias, pero también por figuras del bell canto como Maria Callas, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti.

"Poseo muchas versiones de La Paloma porque desde niño la he estado escuchando', comenta Jaime Jaramillo, coleccionista colombiano residente en el suroeste de Miami. "Es una de las canciones más bellas en la historia de la música", dice a través del hilo telefónico.

Según cuenta en el documental el crítico musical cubano Helio Orovio, La Paloma fue escrita por Sebastián Iradier, compositor vasco residente en La Habana, alrededor de 1860. Iradier habría compuesto esta habanera por encargo del prócer José Martí, como un regalo para su esposa Carmen Zayas-Bazán.

"Mi madre nunca me cantó canciones de cuna porque no entonaba muy bien, pero mi padre que era tenor aficionado, me arrullaba siempre con los compases de La Paloma", confiesa Cristóbal Díaz Ayala, coleccionista y crítico musical cubano. "Aunque nació en Cuba, la canción se ha convertido en un himno universal", comenta vía telefónica desde San Juan, Puerto Rico.

Alzando vuelo, La Paloma voló de Cuba a México, donde el emperador de origen austríaco Maximiliano I la dedicó a su esposa, la emperatriz Carlota. Según cuenta la leyenda, cuando Maximiliano I fue derrocado en 1867 y poco antes de ser fusilado, su último deseo fue escuchar esa canción que le movía el alma.

Por esta razón, muchos mexicanos piensan que la popular pieza nació en su país. La canción está tan ligada a la historia de la nación azteca que cuando en las elecciones de 2006 el candidato oficial Felipe Calderón aventajó por escaso margen al oposicionista Andrés Manuel López Obrador, miles de mexicanos entonaron La Paloma como himno de protesta.

De acuerdo con Coco Schumman, guitarrista judío de origen alemán que sobrevivió al holocausto, La Paloma se convirtió en la melodía que muchos judíos entonaban antes de entrar a la cámara de gas. La internacionalización de la canción también ha servido para que los rumanos la adopten como el himno mortuorio que entonan antes de enterrar a sus muertos y los africanos como canción oficial en las bodas.

La Paloma ha sido parte de la banda sonora de importantes películas como Hable con ella, de Pedro Almodóvar, en la voz del brasileño Caetano Veloso. Elvis Presley la interpretó en el filme Blue Hawaii, rodado en 1961.

"Crecí escuchando La Paloma como una canción de los pescadores de mi país", recuerda el cineasta Faltin. "Mientras rodaba el documental en tres continentes, descubrí que es el himno de amor más universal y humano que se ha podido crear".

Hernando Olivares
Sun Sentinel, 8 de abril de 2010.

Video: Elvis Presley en el filme Blue Hawai canta No More, versión en inglés de La Paloma.
Nota.- No dejen de leer las aclaraciones en el post titulado A propósito de La Paloma, su autor y las habaneras, el viernes 26 de septiembre de 2014 (TQ).

lunes, 15 de septiembre de 2014

La Paloma es vasca y es una habanera (I)


El documental dedicado a la canción La Paloma se estrenó en 2008, pero yo lo descubrí en un canal de la TV alemana en julio de 2014. Me gustó tanto la historia, que decidí dedicarle seis posts en el blog. A la canción, al autor y al género musical, la habanera. A continuación, el primero de los muchos textos que se pueden encontrar en internet (TQ).

Una canción hace historia

Es la canción más interpretada del mundo. Existen miles de grabaciones y se canta desde hace 150 años en todo tipo de acontecimiento en todo el mundo.

En Tanzania, La Paloma alegra los casamientos, en Rumania acompaña el lamento en los entierros y en Alemania es la canción de las fiestas. Los lectores del diario Bild la eligieron en 2003 como el "hit del siglo".

Un documental alemán estrenado el 26 de junio de 2008, en tres idiomas (alemán, inglés y español), sigue las huellas que la melodía ha ido dejando por todo el planeta. De hora y media de duración, muestra interpretaciones de La Paloma con distintos ritmos, desde la clásica habanera, pasando por el tango hasta una versión pop de Elvis Presley.

Antes de su estreno, en Alemania se publicaba un libro con cuatro CDs y se preparaba una nueva colección de grabaciones. Hoy, más que nunca, La Paloma está en la boca y en los oídos de todos.

Es una canción que se adelantó a la globalización, en una era en la que todavía faltaba más de un siglo para la irrupción de internet. Según los estudiosos, fue compuesta y escrita alrededor de 1860 -aunque no existe unanimidad con respecto a la fecha exacta-, por el músico español Sebastián Iradier y Salaberri, nacido el 20 de enero de 1809 en Lanciego, Álava y muerto en 1865 en Vitoria, en el actual País Vasco.

Iradier comenzó su carrera musical en Madrid, donde colaboró con diferentes zarzuelas. La vida lo llevaría más tarde a París, donde fue profesor de canto de la emperatriz Eugenia de Montijo, condesa de Teba, esposa de Napoléon III. Luego de una visita a La Habana compuso la canción que lo inmortalizaría: La Paloma. Su música corrió como reguero de pólvora.

En muchos países, desde México y España, hasta Hawai, pasando por Alemania, Rumania y Tanzania, la canción tiene estatus de melodía tradicional.

¿Por qué mueve a tantos seres humanos de las más diferentes culturas a derramar lágrimas? Seguramente una de las claves es la combinación de su melodía sencilla y pegadiza, pero sumamente original, con temas universales como la separación, la soledad, el amor y la muerte.

El documental alemán La Paloma intenta desvelar el secreto de la canción. Y se llega a la conclusión que otra de las claves de su irresistible éxito es su capacidad de adaptación. En Hamburgo se cree que es una canción marinera y se la toca en bodas. En esa ciudad portuaria, La Paloma marcó un récord mundial que le valió una entrada en el Libro Guinness de los Récords: el coro más grande del mundo, compuesto por 88,600 personas, la cantó allí el 9 de mayo de 2004.

Entre los cantantes famosos que han interpretado La Paloma se encuentran Joan Baez, Maria Callas, Bing Crosby, Julio Iglesias, James Last, Dean Martin, Mireille Mathieu, Nana Mouskouri, Charlie Parker, Luciano Pavarotti, Pérez Prado y su orquesta, Elvis Presley (con el nombre No More), Caterina Valente, Billy Vaughn y Harry Belafonte.

La editorial Marebuchverlag editó en Hamburgo un libro titulado La Paloma, con textos de diversos músicos alemanes, 120 fotos en colores y una discografía comentada de la canción en versiones clásicas, de jazz, pop, rock y música popular.

Pablo Kummetz
Deutsche Welle, 28 de mayo de 2008.

Nota.- No dejen de leer las aclaraciones en el post titulado A propósito de La Paloma, su autor y las habaneras, el viernes 26 de septiembre de 2014 (TQ).

viernes, 12 de septiembre de 2014

Sobre exclusivas y "palos periodísticos"



Cuando en noviembre de 1996 los periodistas independientes Iván García y Juan Antonio Sánchez, quien le acompañaba como 'fotógrafo', cogieron un "camello" rumbo al domicilio de Orlando El Duque Hernández, cercano al aeropuerto de Rancho Boyeros, dieron un 'palo periodístico'.

Iván le puso un título que resultaría profético: "La única puerta que el gobierno me ha dejado abierta es la del destierro". En diciembre de 1997, El Duque abandonaba ilegalmente la isla. Doce años después de aquel primer 'palo periodístico', Iván volvería a dar otro con Dieciséis minutos con Leire Pajín.

En los 18 años que lleva escribiendo, Iván ha realizado entrevistas exclusivas a cubanos famosos residentes en el exterior, como Zoé Valdés, Jorge Luis Piloto y Arturo Sandoval, entrevistas que tienen más mérito porque no las hizo conversando con ellos personalmente ni por teléfono o vía Skype. Las tres las realizó a través del correo electrónico y, por lo tanto, resultaron muy económicas.

Menos complicadas fueron las conversaciones con Timothy P. Roche, cónsul general de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba; con los disidentes y ex presos políticos Vladimiro Roca, Arnaldo Ramos y Jorge Olivera. O con Humberto, pequeño empresario habanero que por primera vez hablaba para un periodista.

Iván también ha publicado otros trabajos novedosos de corte histórico-musical: Cuando Billy Joel levantó tres días el embargo a Cuba, La sangre cubana de Rubén Blades y Eusebio Delfín, el aristócrata cubano que hacía canciones. O la cobertura que hizo para El Mundo de la rueda de prensa que el equipo realizador de Siete días en La Habana, encabezado por Benicio del Toro, diera en el hotel Meliá Cohiba en marzo de 2011.

El verdadero periodista no vive pensando en exclusivas ni 'palos periodísticos'. Lo inédito aparece cuando menos te lo esperas y mientras estás trabajando. Es lo que me pasó en octubre de 1988, cuando estaba realizando un programa Puntos de Vista sobre la pelota, tema que me había sugerido Iván, fan al béisbol desde que tenía 2 años.

Para hacer algo distinto, en el guión de grabación había incluido puntos de vista que sobre la pelota tuvieran figuras de otros deportes y del mundo artístico. Por eso nos fuimos a Marianao, al Pedro Marrero, en busca de opiniones de futbolistas que se entrenan en ese estadio. Pero cual no sería nuestra sorpresa al encontrar sentado en las gradas a Javier Sotomayor, quien unos días antes en Salamanca, España, había saltado 2,42 metros, implantando un nuevo récord mundial. Por supuesto, lo entrevistamos.

Durante los 20 años que fui colaboradora de Bohemia y los 14 que trabajé como periodista de los servicios informativos de la televisión cubana, se me presentaron muchas oportunidades como la de aquella tarde en el Pedro Marrero. Entre otras que ahora recuerdo, las veces que corriendo pude entrar en el NTV de las 8 de la noche, considerado el 'estelar' en Cuba, con declaraciones de Pablo Milanés tras el lanzamiento de su disco Querido Pablo, o de los brasileños Jorge Amado, Nelson Pereira dos Santos o Daniel Filho, director del serial Malú Mulher.

Mi labor más exclusiva y perecedera ha quedado impresa en las páginas de la revista Bohemia, desde la investigación sobre la piel del tiburón hasta la existencia de un comité de alemanes antifascistas que funcionó en La Habana durante los años de la Segunda Guerra Mundial. O los dos años que entre 1991 y 1993 dediqué a investigar sobre las estancias habaneras del director austríaco Erich Kleiber, su familia y la Orquesta Filarmónica de La Habana. Como de una pesquisa sale otra, de la dedicada a los Kleiber salió la de Gilbert Chase.

De los publicados en los ocho años que escribí como periodista independiente desde La Habana (1995-2003), destacaría uno 'folclórico': El boom de la Y, publicado en enero de 2002.


Cuando en 1996 Iván creó la sección Minideportivas de Cuba Press, que se mantuvo hasta 1999, no imaginó que estaba haciendo un aporte al periodismo independiente cubano. Además de notas e informaciones semanales, escribió comentarios deportivos, como Rueda la cabeza del 'príncipe de las alturas'; El regreso del 'mago' Mesa y El fútbol disipa las penas. En otros casos, no faltaron denuncias políticas como en El reverso de las medallas; Béisbol, intolerancia y otros demonios y Los Orioles y la tozudez castrista.

Más que exclusivas y 'palos', lo que importa es la dedicación cotidiana y silenciosa al periodismo, un oficio que debe ser ejercido con vocación, humildad y desinterés.

Tania Quintero

Foto: Orlando El Duque Hernández, protagonista del primer 'palo periodístico' que dio Iván García en noviembre de 1996. Tomada de Homestand Blog by Yankees Magazine.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Un tweet, Oswaldo Payá, Iván García y la verdad



Tweet que el 7 de agosto de 2014 envió Orlando Luis Pardo Lazo, más conocido por OLPL:

Era de esperar. Lo único que como se trata de un personaje estrambótico, utilizó el verbo lapidar.

En realidad, quienes en 2009 lapidaron a Payá fueron ellos, los entonces 'alumnos de la academia blogger', empezando por su 'directora', continuando con OLPL y terminando con un tipo que en un email me dijo que se alegraba de que Iván en El Cristo del Cerro, le hubiera contestado a ese "comepingas". Porque en esos términos algunos entonces se referían a Oswaldo Payá Sardiñas.

A diferencia de aquéllos que insultaban y no tenían el valor de dar la cara, Iván tuvo la honestidad de decirlo públicamente. Cuando hace dos años asesinaron a Payá, alguna de esta gente tuvo la desvergüenza de ponerse pulóvers blancos con el rostro del líder del Movimiento Cristiano Liberación, hacer la señal de la L y como buenos hipócritas que son, fueron a su velorio y entierro. Y ahí lo dejo.

En Censurar al periodismo incómodo, Iván no lapida a Yoani Sánchez. No le hace falta. Ella se está lapidando sola, por su ego y su sed de fama, dinero y poder.

Una aclaración. Cuando Iván asistió a varias clases de la 'academia blogger' (al no asistir a todas, no le dieron diploma), cursillo que en el verano de 2009 tuvo lugar en el apartamento de la bloguera, acumulaba más de trece años de experiencia como periodista independiente: comenzó a escribir a fines de 1995 en Cuba Press, la más profesional de las agencias de periodismo independiente creadas en la isla hasta la fecha.

Otra aclaración. Por los mismos días en que Yoani Sánchez realizaba su 'academia blogger' en el piso 14 de su edificio en el Nuevo Vedado, sin que la policía política impidiera que semanalmente una veintena de amigos y conocidos se reunieran para aprender a hacer un blog, donde se supone escribirían contra el gobierno, no muy lejos de allí, en la vivienda de mis primos Vladimiro Roca Antúnez y Lázaro Yuri Valle Roca, a un grupo de integrantes de la Red Cubana de Comunicadores Comunitarios, entre éstos la disidente Martha Beatriz Roque Cabello, durante 40 días la Seguridad del Estado no les permitió salir y a diario tuvieron que soportar bestiales actos de repudio.

En ese momento, no solo no recibieron apoyo moral de la bloguera ni sus 'alumnos', si no que dos años después, hubo quien se burló de los opositores. Por eso el 2 de septiembre de 2011 en mi blog publiqué ¿Por qué en esa foto Martha Beatriz y Vladimiro Roca aparecen así, desmadejados?.

Como 'papelito habla', a continuación reproduzco la pregunta que hace dos años Zoé le hiciera a Iván y la respuesta que él le dio, en una entrevista publicada el 31 de agosto de 2012 en Zoé en el Metro:

Zoé: En 2009, cuando ocurre la eclosión de los blogs cubanos en la isla, los nuevos comunicadores que en aquel momento no se llamaban opositores ni disidentes, polemizaron con Payá, ¿cómo fue eso? Porque a algunos nos llegaron ecos, pero el único que asumió y escribió un artículo titulado El Cristo del Cerro fuiste tú. Hoy pareciera que ninguno de ellos tuvo un dilema con Payá.

Iván: En lo personal, respeto la ética y sólidas convicciones de Oswaldo Payá Sardiñas. También reconozco su meritoria labor al frente del Proyecto Varela. Discrepaba con Payá por sus métodos al enfrentar la autocracia. Soy de los que piensa que usando las mismas armas del gobierno poco se podrá alcanzar. En 2009, Payá emitió un documento en los que enjuiciaba -a mí me pareció que incluso daba órdenes- a los blogueros alternativos.


En ese momento yo pertenecía a la plataforma Voces Cubanas y me sentí aludido. Le respondí con ese artículo de opinión. Era mi criterio. No soy hipócrita. Sucede que en Cuba la gente se toma las críticas como una ofensa. Es una rara manera de interpretar el concepto de democracia. La frase con la cual terminé el texto se la repito a veces a ciertos disidentes que me miran con cara de perro: “Yo no soy el enemigo”.

Pese a la fama de loquibambio de OLPL y su manía de retratarse encuero u orinando la bandera cubana, Iván fue el único 'bloguero' que le dedicó un post. También fue el único 'bloguero' que escribió sobre sus colegas en la bloguería, con más destaque, claro, para la bloguera en jefa y su marido, sin olvidar a otros, en particular a las mujeres: Miriam Celaya, Lía Villares, Laritza Diversent y Claudia Cadelo, desaparecida luego de haber sido una de las más activas y, según decían, era uña y carne de YS.

El post dedicado al estrafalario se titula La intifada de OLP y fue publicado el 20 de enero de 2010 en el blog Desde La Habana, que en esa fecha, la bloguera y su marido aún no habían censurado y sin dar explicaciones a Iván, lo sacaron de Voces Cubanas, una plataforma a la cual el blog pertenecía desde su creación, el 28 de enero de 2009.

Por cierto, en la foto de La intifada de OLP, el que parece se está lapidando, metido en un tanque vacío, de ésos que en Cuba usan en las casas para guardar agua, es Orlando Luis Pardo Lazo.

Tania Quintero

Foto: 17 de diciembre de 2002. Oswaldo Payá Sardiñas (1952-2012), a la izquierda, estrecha la mano del presidente del Parlamento Europeo, el irlandés Pat Cox, luego de recibir en Estrasburgo, Francia, el Premio Sajarov de Derechos Humanos.

Leer también: El futuro desde un calabozo.

lunes, 8 de septiembre de 2014

No estoy contra los viajes de disidentes y periodistas independientes...



Estoy contra la gastadera de dinero por gusto. Y porque no sean más cuidadosos y 'democráticos' a la hora de invitar a disidentes y periodistas independientes. Y no pase lo que ya está pasando: que un mismo grupito, una misma piñita (o piñata) se está apropiando de los viajes, igualitico que ha hecho y hace el 'sociolismo' instaurado por los Castro.

Veo en Cubanet que Carlos A. Montaner escribió España sigue siendo siendo un modelo válido de transición para Cuba. Concuerdo con él. Con lo que no estoy de acuerdo es que con la tremenda crisis económica que hay en España y Cuba, se gaste un dineral para que un selecto grupo de españoles y cubanos se siente tres días a leer ponencias y 'muelear' acerca de la transición española.

Porque como digo en Tumbar a los Castro con viajes y charlas y Cuba y los demócratas inútiles (ver en este blog los posts del 1 y 3 de septiembre) , quien se considere un disidente político y un periodista independiente bien informado, se supone que conozca lo suficiente sobre la transición española y otras transiciones y procesos que en distintos países han posibilitado cambios pacíficos y no tenga que ir a Madrid para enterarse. Y si tienen tanto interés en el tema, a través de la embajada española en la isla si no quieren gastar en un ciclo de conferencias, con entrada libre, a los interesados les pueden facilitar libros y fotocopias de textos.

Estoy también contra los disidentes y periodistas independientes (o supuestos), que no tienen suficiente preparación ni experiencia o no dominan determinados temas y aceptan convites. Con tal de viajar, 'coger un diez' y comprar pacotilla, no les importa hacer el ridículo.

Si los organizadores y patrocinadores de tales convites invitan a aquellos disidentes y periodistas independientes (o supuestos) que fulanito o menganita les sugieren por email o teléfono, porque son cúmbila de ellos y forman parte de su cofradía, ése es su problema. Pero, coño, si tu eres una persona honesta y estás consciente de que no dominas un tema, no aceptes y no vayas.

O si acabas de regresar a La Habana, luego de pasarte seis meses en un curso de la Universidad Internacional de la Florida, sé una persona sincera y di no. Y no te vayas de nuevo a Miami, a participar en una reunión de la ASCE.

De los participantes en esa reunión, me ha parecido bien que hayan invitado a Orlando Freire Santana. Orlando fue compañero de estudios de Marco, el administrador de mi blog que es ingeniero de profesión, y por eso sabía que es un tipo preparado. No me enteré por lo que sobre él escribió Jorge Ignacio Pérez.

En el año y pico que lleva en vigor la reforma migratoria de Raúl Castro, decenas de disidentes y periodistas independientes (o supuestos), con total libertad han recorrido miles de kilómetros alrededor del mundo; algunos acumulan más horas de vuelo que cualquier canciller latinoamericano y, en boletos de avión, estancias en hoteles y dinero de bolsillo, entre otros gastos, calculo que la suma supera ya el millón de dólares y/o euros, un dinero que todavía no se sabe de dónde sale.

A falta de un análisis acerca de si toda esta viajadera disidente ha resultado positiva para la lucha por la libertad y democracia en Cuba y va a ayudar a tumbar a los Castro (que lo dudo, más bien creo lo contrario: los está ayudando a perpetuarse más en el poder, porque cada vez que un disidente viaja y habla en un foro en el extranjero, está mandando una señal: de que el régimen cubano no es tan malo ni tan cerrado como el de Pyongyang), a falta de una análisis, repito, por lo que leo en la red, me parece que los viajes más positivos han sido los realizados por los 'prietos': Juan A. Madrazo, Leonardo Calvo y Manuel Cuesta Morúa (aunque en estos momentos le han prohibido salir del país) y por Antonio G. Rodiles, quien hace poco a Ban Kin Moon le entregó los documentos de la campaña Por otra Cuba.

A Rodiles públicamente le he criticado, él lo sabe. Pero debo reconocer que desde que Estado de Sats dejó de contar con la presencia de la pareja del piso 14, Estados de Sats dejó atrás el circo y el famoseo y volvió a recobrar sus objetivos iniciales. Hoy es una de las organizaciones opositoras más serias y Rodiles es uno de los disidentes mejor preparados y con más perspectivas. Un hombre de buenos modales, que sabe idiomas, habla pausado y en voz baja y sabe escuchar a sus interlocutores, sea un académico sueco o un bicitaxista de Marianao.

No menos importante para Estado de Sats ha sido el aporte de Ailer González, mujer de Rodiles y realizadora del documental Gusano, con más de 354 mil visitas en You Tube.

En el caso de los periodistas independientes, los verdaderos, ésos que llevan casi veinte años al pie del cañón (aunque siempre hay sus 'colados'), se debiera ser más justo y no invitar por amiguismo.

Que para eso existe internet y se puede saber quiénes escriben más y mejor. Y no solo los que residen en la capital: en el interior viven cubanos que escriben bien y tienen el mismo derecho a participar en eventos en Madrid o Miami y tirarse fotos en aeropuertos internacionales con su maleta de ruedas.

También allá afuera, medios y exiliados, deberían espabilarse y no darle crédito a historias, fotos y denuncias de supuestas 'palizas', 'detenciones' y 'desapariciones'.

No hay que darle 'bola' a nadie ni nada que previamente no se haya verificado. Hay que hacer lo contrario: cortarle las alas, no darle repercusión a los pícaros y chivatos que han hecho de la disidencia y el periodismo independiente un cuban way of life. Y como buenos pícaros, con la viajadera se están poniendo las botas... ¡y de qué manera!

Tania Quintero
Foto: Orlando Freire Santana en Miami, tomada de Cubanet.